Con esa inversión, los estados se han convertido en el primer banquero del mundo, a gran distancia del mayor banco por valor en bolsa, el HSBC, valorado en 65.665 millones de euros.

Los gobiernos de todo el mundo se han esforzado duramente por mantener en pie el sistema financiero mundial. Han inyectado 412.000 millones de euros en cientos de entidades para intentar que no se repita lo de Lehman Brothers, cuya caída estuvo a punto de desembocar en la quiebra de todo el sistema.
Con tanto dinero, que en la mayoría de los casos no ha servido para reflotar definitivamente a las entidades, podrían haber comprado a los catorce bancos más grandes del mundo.
Pero ese esfuerzo podría ser sólo un aperitivo de lo que viene ahora. El pasado viernes, ya se vio en las cotizaciones de dos de los bancos que hasta hace pocos meses estaban en el top-ten mundial: Citigroup y Bank of America. Sus acciones se desplomaron al tiempo que reapareció el fantasma de la nacionalización, aunque el posterior desmentido de la Casa Blanca frenó su caída.
El presidente de una gran empresa del Ibex aseguraba esta semana que quizá la solución sea "nacionalizar para luego privatizar" como una manera de recuperar la estabilidad.