El Plan Colombia se diseñó como una estrategia, por un lado, para fortalecer militarmente y mediáticamente las Fuerzas Armadas del país, y continuar, por otro lado, la política antinarcóticos de los Estados Unidos que ha sido un fracaso.
El plan también fue un fracaso ya que causó una gran tragedia humanitaria durante los 15 años de su ejecución (2000-2015). Las cifras sobre las víctimas del conflicto armado de diferentes organizaciones e instituciones, como la del Centro Nacional de la Memoria Histórica, que elaboró el informe Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad; lo comprueban. Entre 1958 y 2012 fueron asesinadas 220.000 personas, de las cuales 180.000 eran civiles. Se cometieron 1.982 masacres, hubo 25.000 desaparecidos, más de 5.000 falsos positivos y más de 6 millones de desplazados.
Las consecuencias ambientales tras 15 años de guerra antinarcóticos, a partir de la fumigación con glifosato sobre millones de hectáreas de bosques, animales, ríos y comunidades campesinas, aun no se conocen, salvo estudios y denuncias puntuales sobre el contenido cancerígeno del glifosato y la afectación a la salud de las personas.
El Plan tuvo además un enfoque geopolítico, creando uno de los ejércitos más bien armados y poderosos en la región andina, para disuadir las naciones que se rigen bajo un modelo político y económico diferente al colombiano.
El Plan Colombia también tuvo un importante componente ideológico. Estuvo acompañado de una incisiva campaña de publicidad en donde la construcción de un relato unilateral sobre la guerra, sus orígenes y responsables, fue determinante para justificarla ante el país y la llamada opinión pública. Esta dura matriz de opinión diseñada por especialistas en propaganda, justificó la estrategia paramilitar, en ese entonces en un proceso de consolidación y expansión, sin que hubiese ningún impedimento real del Estado, por la responsabilidad del paramilitarismo en el asesinato de miles de civiles.
Fuente: Adelaida Nikolayeya – TeleSur




