La primera mesa del Congreso describe el escenario de la trata de personas en los países del Mercosur, intentando reflejar las similitudes entre los países, las diferentes políticas que se llevan adelante desde el estado, y proponiendo estrategias para seguir trabajando articuladamente. Por La Retaguardia
Mónica Rivero, de Acción Educativa de Santa Fé, comienza indicando cuáles son las características comunes en los diferentes países: las desigualdades de género aparecen en primer lugar.
Mónica describe cuáles han sido las diferentes políticas que se han dado los Estados con respecto al tema: algunos países tienen leyes de trata, como Argentina, Chile, Bolivia, Perú. Muy diferente es el caso de Uruguay, en el que la prostitución está reglamentada. Brasil tiene planes de lucha.
Paraguay intentó dar algunos pasos en lo jurídico pero a partir del golpe de estado, los sectores que desde el Estado trabajaban el tema no han podido continuar en esa dirección.
En la región hay asimetrías o disparidades normativas, si una mujer es rescatada en un país puede volver a su país de origen y perder las garantías que tiene como víctima.
Hacia el interior de los países también hay políticas públicas fragmentadas.
Contrario a lo que se piensa, el fraude y engaño como la forma más habitual de captación, no el secuestro, a partir del caso paradigmático de Marita Verón, capturada en la vía pública en Tucumán.
Rivero indica que se dan desplazamientos en los países de la región, y lo que se replica al interior de los países son los procesos migratorios de las provincias más empobrecidas a las de mayor desarrollo económico en busca de posibles clientes.
Todos los países reconocen como sus zonas más vulnerables las de frontera “y no solamente aquellos puntos que no tienen control aduanero -puntos ciegos-, muchos hacen ingreso por aduana con documentos falsos, son puntos vulnerables” asegura, destacando la elevada movilidad humana en la triple frontera, por ejemplo y la muy escasa articulación entre las fuerzas de seguridad que actúan en las zonas de frontera (Migraciones, Gendarmería).
“El perfil de las victimas cruza los géneros y todas las edades, y las violaciones a las leyes son un tema común en todos los países”, asegura, y subraya el caso de Argentina en que están prohibidos los prostíbulos.
“A causa de que Argentina es un país que tiene un sistema migratorio muy abierto, las redes las tienen a las mujeres el tiempo que quieren. Las estructuras de la mafia manejan mucho dinero, eso facilita la penetración en estructuras del estado” acentúa Rivero.
Como desafíos plantea la necesidad de articulación, la cooperación entre los países, la necesidad de articular la sociedad civil y el estado, que son dos actores que se tienen que complementar, como así también la formación de redes nacionales y regionales y la necesidad de más capacitación.
Elsy Vera Ozuna, del Centro de Documentación y Estudios de Paraguay, explica que Paraguay es un país de origen de tránsito y de destino. “como país de Origen son llevadas a Argentina Brasil Bolivia, Chile, España, Suiza, Corea del Sur. Las zonas fronterizas identificadas como los lugares donde más, las fronteras con Argentina y Brasil, y la triple frontera. Como destino provienen mayoritariamente de Brasil, son explotadas en la zona de la triple frontera, Alto Paraná, Hernandarias y Ciudad del Este. La trata interna en Paraguay es invisibilizada, porque Paraguay no tiene ley, sólo está tipificada la trata externa”.
Elsy destaca el trabajo de la organización Luna Nueva, que “ha investigado el tema y verificó que hay mucha trata interna. Está muy ligada a la figura del criadagzo, por la que las niñas del interior son llevadas a las ciudades con la promesa de que van a poder estudiar y progresar, y son explotadas para el trabajo doméstico. Los padres dan permiso creyendo estar ayudando a sus hijas. Hay redes de trata familiar. Operan a través de parientes que viven en el exterior, que contactan con familiares en el país de origen, piden vecinas o parientes para viajar al exterior, que finalmente son endeudadas y quedan a merced de ellos”.
Elsy hace un recorrido por las herramientas con las que cuentan desde el Estado, y el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil Luna nueva, Tatarendy, Kuña Roga, la Pastoral social del migrante y BECA.
Como los elementos que permiten que este flagelo continúe y se acreciente, indica la corrupción, la impunidad, la pobreza, el escaso control fronterizo y los factores culturales que llevan a la discriminación violencia domestica y abuso sexual.




