En el marco de los debates sobre una nueva Ley de Radiodifusión, se realizó un encuentro en el salón Belgrano del Senado Nacional que fue convocado por la senadora Teresita Quintela, miembro de la Comisión de Comunicaciones y Libertad de Expresión.

 

(Gustavo Mac Lennan ** para Red Eco) Ciudad de Buenos Aires- Era una convocatoria inusual. Los que llegamos temprano tuvimos que esperar en la calle: el Salón Belgrano del Honorable Senado abre a las 4 en punto de la tarde (ni un minuto antes). Me asombró la puntualidad poco argentina.
Entramos unas 20 personas y debimos esperar una hora más para que el encuentro comience. Los participantes llegaban de a poco hasta totalizar unos 150 (en el único ascensor sólo caben 5 pasajeros flacos). Uno de los asesores pidió que escribiéramos en una sola planilla a qué medio representábamos, el nombre, el teléfono fijo y el celular, la firma y un mail, cada uno.
En ese solo trámite, si fuésemos ordenados, disciplinados, obedientes y alemanes, invertiríamos 150 minutos, siempre y cuando nadie leyera a ver quiénes vinieron, tuvieran lapiceras propias disponibles, ni dudara o viera con dificultad (más del 75% de los asistentes superábamos los 55 años).
Mientras llenaban la planilla, algunos de ellos hablaban entre sí y otros se la pasaban no al de al lado, sino a algún amigo o conocido. El ágape iba para largo. De anfitrión operó Martín García (no el de la isla homónima sino el de la Nac&Pop). Martín tiene como seis celulares último modelo y habla por todos ellos a la vez. Además saludó a más de la mitad de los asistentes (unos 80). Con cada uno se abrazó, besó y departió como todo buen anfitrión.
En la mesa panel había cinco sillones y luego nos desayunamos que los participantes eran once. Hubo que salir a buscar seis sillas más. Además, los que creímos que era sólo una jornada sobre Ley de Radiodifusión, estábamos errados. Había un homenaje a un viejo radiodifusor del interior, ya fallecido, con la presencia emocionada de uno de sus hijos.
Como a la hora apareció la senadora de Fuerza Republicana (de La Rioja), Teresita Quintela, y dijo unas palabras de bienvenida desparramando gracia, perfumes y la buena ropa riojana (no sólo de aceitunas y aeropuertos personales viven en la enriquecida provincia de Menem y Gioja).
Dijo que esta convocatoria era "para incluir a los excluidos; y que el que no vive para servir, no sirve para vivir". Aplausos. Después empezaron de derecha a izquierda a exponer los radiodifusores. Solo escuché a cinco de ellos. De Santa Fe, de Neuquén, de Corrientes, empresarios de la provincia de Buenos Aires, todos exponían puntos de vista divergentes. Y un denominador común: cuestionaban los 21 Puntos de la Coalición por no haberlos convocado.
Uno de ellos dijo, azuzando controversias, que sólo los dueños de las radios tenían derecho a opinar sobre la Ley de Radiodifusión y no, por ejemplo, un piquetero. Esos, ¿qué saben? Además los piqueteros son porteños. Y los porteños, como Damián Loreti, creen que pueden hablar por los demás. Ahí comenzó a pudrirse todo. Como en todo acto peronista. O republicano. O riojano. O donde se reúnan gente que tiene viajar desde el interior y pagarse el pasaje. Y el hotel y el sandwich para escuchar lo que sin consulta propone algún universitario porteño. Me llamó la atención que FARCO no saliera a defender su tan cacareado federalismo. Pero no vi a Néstor Buzzo (¿lo habrían invitado?). Los 21 puntos quedaron mal parados: eran la fea del baile. Todos la dejaban plantada. Pobres 21 Puntos y aquellos que los firmaron. A las seis en punto de la tarde (ya era casi de noche) me fui en el único ascensor que funcionaba.

Como el otro día en Atlanta, antes en San Vicente o en Santa Cruz, las facciones disidentes y poco disciplinadas del justicialismo, hacían justicia por sus propias manos. Sólo Perón, Evita y Jauretche dijeron algo que los unía. La tropa tira cada uno para su lado. Y a veces, tiran de verdad.
Nos esperan tiempos difíciles, pero sin la lucidez y el humor de Chaplín.
La próxima Ley de Radiodifusión va a nacer, como dijo César Vallejo un día que Dios estaba enfermo. Grave.

(**) periodista del Fodema- perrilete@yahoo.com