Extracto del Trabajo de Investigación realizado por Red Eco acerca del papel jugado por los grandes medios, antes, durante y después de la Masacre de Avellaneda que fue presentado en el "Seminario contra la criminalización de la protesta social en América Latina" – San Pablo, Brasil- Junio de 2008

26 DE JUNIO DE 2002 –  MASACRE ESTACIÓN AVELLANEDA


TRATAMIENTO de los MEDIOS MASIVOS – Introducción

No es novedad que los medios de comunicación masiva son hoy centrales en la constitución de las sociedades actuales. Ocupan un lugar destacado en la vida cotidiana de todos y todas y detentan el poder de “informar” a la sociedad sobre los hechos políticos y sociales que ocurren en el país y a nivel mundial.

Tampoco es novedad que los grandes grupos multimedia comparten los intereses políticos y económicos de los poderosos de turno.

Está claro que la “información” que los conglomerados mediáticos deciden difundir o silenciar es un instrumento fundamental para el control social de poblaciones enteras.

Esta “información” difundida por los medios masivos es generalmente percibida como “la verdad” o “la realidad” indiscutibles.

Los medios masivos utilizan diversos recursos lingüísticos para configurar una matriz de consenso social que asocia la protesta con la delincuencia, con el crimen.

Presentan a los actores como un otro, a través de figuras estereotipadas como “piqueteros”, “activistas de izquierda”, “sindicalistas”, y sus acciones como ilícitos: “cortes de ruta”, “toma de edificios”, o “actos de violencia”.

MEDIOS MASIVOS – Desarrollo

Un caso paradigmático sobre cómo los medios masivos tergiversan los hechos es el de la masacre en la Estación Avellaneda, hoy Estación Darío y Maxi. 

Basándonos en lo publicado por los dos diarios de tirada más importante a nivel nacional, Clarín y La Nación, podemos ver cómo ya en semanas previas al 26 de Junio, varias notas periodísticas giraban en torno al crecimiento en la cantidad de movilizaciones sociales, y a las respuestas y medidas que se tomaban por parte del gobierno para detenerlas.

Por ejemplo, el 18 de junio de 2002, Clarín informa: “Este año ya hubo más de 11 mil actos de protesta”, varios de ellos con un “inconfundible sello argentino, como el corte de rutas y de calles, los escraches y las carpas”.

Al día siguiente, el mismo diario titula: “Buscan frenar cortes de puentes”, y anuncia que el “gobierno nacional dio señales de que no va a permanecer inactivo si las organizaciones de desocupados y piqueteros intentan volver a cortar en forma simultánea todos los accesos a la Capital Federal”.

Clarín da cuenta de una reunión del gobierno nacional y sus ministros para “coordinar las acciones en caso de tener que ordenar desalojos por la fuerza”.

Para ello citan las palabras del entonces Secretario de Seguridad, Juan José Álvarez, quien dice que "no va a permitir" los cortes de los puentes y que si se cortan todos los accesos al mismo tiempo será tomado por el Gobierno como "una acción bélica".

En este sentido, Clarín refiere un incremento de fuerzas represivas en el espacio público: “2 mil uniformados más en las calles”, “Gendarmería y Prefectura se están dedicando a controlar los ferrocarriles y los puentes de acceso a la ciudad”.

Siempre la respuesta por parte del Estado a las movilizaciones sociales es el incremento de medidas de seguridad…

Por el lado de La Nación, pueden encontrarse menciones indirectas sobre cómo preservar la paz social. En su editorial del 9 de junio, el diario afirma que “lo primero es reconstruir los valores” ante la “devastadora destrucción” que “no reconoce precedente en nuestra historia”. Dice que es primordial recuperar "el compromiso de cumplir y hacer cumplir la ley” y el “respeto a las normas vigentes”, desde “las más pequeñas, esas que presiden la vida cotidiana y que resultan, a veces, las más importantes”.

Unos días después, el 17 de junio, La Nación incluye en una nota un comentario del abogado penalista, ex secretario de Justicia durante la última dictadura militar y presidente Colegio Público de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, Roberto Durrieu.

Allí Durrieu señala la existencia de impunidad ante ciertos delitos. Por ejemplo, utiliza como subtítulo la enumeración: “Asesinatos, hurtos y piquetes”, y dice: “… el daño, la violación de domicilio, la acción piquetera. Todos estos delitos, si son cometidos por un menor de 18 años, quedan sin castigo”.

Y agrega que “no hay nada peor para una sociedad que se crea que se pueden atacar sus valores esenciales con impunidad. Eso es la destrucción del sistema social”.

Ambos medios se han caracterizado por difundir y reproducir sólo las declaraciones de funcionarios y “especialistas”. Son escasos los casos en que se incluye también la palabra de los movimientos sociales.

Ante el anuncio por parte de la Asamblea Nacional Piquetero de la jornada de cortes de ruta y puentes para el 26 de junio, como parte de un plan de lucha contra “el modelo económico y el FMI”, La Nación transcribe la advertencia del entonces jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof: "No vamos a impedir manifestaciones, pero no podemos seguir tolerando esta suerte de guerra de unos contra otros".

También se vuelve a dar espacio al especialista Roberto Durrieu, quien critica a los piqueteros por cometer "las acciones delictivas con las que ocupan ilegalmente espacios públicos e impiden la libre circulación por calles y rutas del país".

Es que desde el anuncio de la jornada de protesta, los medios enfrentan dos posiciones: por un lado los grupos piqueteros que volvían a cortar puentes, y por el otro el gobierno nacional que buscaba evitarlos, a través de las fuerzas de seguridad. Y es desde ese antagonismo y enfrentamiento que plantean sus coberturas.

27 de junio de 2002 – Diario Clarín / Edición Impresa
 No se sabe aún quienes dispararon contra los piqueteros. La crisis causó dos nuevas muertes (volanta y título de tapa) 
 Una escalada de violencia que vuelve más frágil a la democracia.
 Otra vez la violencia: las fuerzas de seguridad esperaban un incidente. La violencia no sorprendió a la SIDE ni a la policía.
 El Pueyrredón, escenario de los enfrentamientos.
 Editorial. La crisis, la violencia y las políticas públicas.

26 de Junio de 2002 – Diario La Nación – Edición On Line
 Según Álvarez, la protesta fue "violenta e irracional".
 Dos piqueteros muertos en un día violento.

27 de junio de 2002 – Diario La Nación / Edición Impresa
 Matzkin: "No hay lugar en nuestra Argentina para los violentos"
 Ocho heridos y un detenido tras los incidentes en el Puente Pueyrredón
 Dos muertos al enfrentarse piqueteros con la policía
 Crónica de una violencia anunciada
 El Puente Pueyrredón fue un amasijo de palos, piedras y balas
 "Se sabía que los piqueteros tenían armas"
 El Presidente, golpeado, sospecha de una escalada de violencia organizada
 “Avisamos que iba a haber represión”
 Las diferentes caras que muestran los piqueteros
 Del piquete a la tragedia (nota editorial)
 Golpearon a un jefe policial en un hospital
 El Gobierno cree que hubo infiltrados entre los piqueteros

Ahora bien, yendo específicamente a la cobertura online que realizan ambos medios el 26 de junio, y a las respectivas ediciones impresas del 27, puede verse que de los 15 artículos de La Nación que refieren a los acontecimientos en el Puente Pueyrredón, en solo uno de ellos se reproduce la palabra de los piqueteros.

En tanto, Clarín utiliza nueve notas para referirse a la represión a los piqueteros en Puente Pueyrredón. Sólo en una de ellas (Cuatro Historias de un día Trágico) reproduce algunos testimonios de piqueteros que relatan los hechos de aquel 26 de junio.

En la gran mayoría de los artículos de ambas coberturas, las voces citadas por los medios corresponden a declaraciones de funcionarios del gobierno que analizan y caracterizan a los protagonistas, las acciones y el reclamo, declaraciones de representantes de las fuerzas represivas que participaron de la represión, fuentes policiales y del gobierno. Además de la caracterización y análisis que el propio medio hace.

¿Cómo caracterizan La Nación y Clarín a quienes se movilizaron en el Puente Pueyrredón?

En su cobertura del 27 de junio, Clarín incluye un recuadro en el que se describe a la Coordinadora Aníbal Verón a la que “pertenecían los muertos”, como el sector duro, el más radicalizado de los piqueteros. Agregaba además que está conformada por “activistas, desocupados y trabajadores”.

También hablan sobre diferencias existentes entre la Coordinadora y otros movimientos sociales. No es casual, ni inocente esta mención ya que la primera versión que dan de los hechos refiere a un enfrentamiento entre grupos piqueteros.

En su edición del 27 de junio, Clarín califica a los piqueteros como “organizaciones que necesitan esta represión y estas muertes para legitimar un discurso y una acción política”, “agrupaciones piqueteras más belicosas”, “la Aníbal Verón, el sector de los piqueteros duros”, “formaban parte de sus filas de activistas, trabajadores y desocupados”, “sector piquetero más radicalizado”, “últimamente alineado con Quebracho”, “los piqueteros más radicalizados, reclutados en general en la izquierda política”, “otros decididos a chocar, con caras tapadas, palos y gomeras”, “algunas columnas estaban encabezadas por personas provistas de palos, lo cual mostraba una disposición al enfrentamiento”.

El editor jefe del diario Clarín, Julio Blanck, publica una nota en la que señala que “la amenaza que vuelve a ensombrecer a los argentinos, como en diciembre pasado, es la de una espiral de violencia sin control” donde “hay ganadores y perdedores”: “los que pierden son quienes, en la sociedad y en la política, apuestan a una resolución incruenta del conflicto social”.

En tanto, entre los ganadores Blank apunta en tercer lugar a “las organizaciones que necesitan esta represión y estas muertes para legitimar un discurso y una acción política donde los valores aún deteriorados de la democracia funcionan como obstáculos hacia un objetivo supuestamente revolucionario”.

La Nación, en tanto, a lo largo de sus crónicas describe a los piqueteros como personas “con los rostros tapados y munidos de piedras y palos”, o “armados con garrotes y con los rostros cubiertos con bufandas”. Los califica como un “grupo no identificado que habría subido al ómnibus con un arma larga”, “el grupo incendiario se retiró hacia el sur”, “grupo de activistas que poseía una Itaka y una ‘tumbera’ – manifestantes armados con palos con punta, especialmente diseñados para perforar los chalecos antibalas de los efectivos policiales”, o “grupos radicalizados de izquierda (que) destrozaron negocios y quemaron autos y colectivos”.

Una vez que se confirma que quienes mataron a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron policías se buscó, por un lado, marcar que se trató de un número limitado de efectivos que se “salieron de sus cabales”, aclarando que no debe generalizarse esta actitud con el resto de la policía; y por el otro, se remarcó los potenciales “humanos” de los piqueteros asesinados. Según Clarín, uno era “Artista” o “artista del dibujo”, y el otro “viejo luchador” y “líder barrial”.

En su columna de La Nación, titulada “Crónica de una violencia anunciada”, el periodista Fernando Laborda califica a los piqueteros como “radicalizados” y con un “llamativo nivel de organización”.

Bajo el subtítulo “El fenómeno piquetero” se pregunta “¿Cómo caracterizar a sus integrantes?” y responde “en el movimiento piquetero hay de todo como en una botica”.

Según Laborda: “Están en primer lugar los desempleados y los que tienen hambre, los dirigentes que buscan sacar su propia tajada, recibiendo y distribuyendo planes sociales que fueron una suerte de subsidios encubiertos disfrazados de puestos de trabajo, utilizados políticamente y los pescadores en río revuelto que aspiran a conducir el conflicto social con una dosis de violencia mayor”.

La editorial de La Nación del 27 de Junio lleva por título “Del piquete a la tragedia”. En su primer párrafo se afirma: “Era de suponer que las tensiones que desatan habitualmente actos ilícitos como los cortes de caminos por organizaciones de piqueteros iban a provocar algún día un trágico saldo como el producido ayer en Avellaneda”.

Para finalizar, sentencia que la responsabilidad recae en “las autoridades, que han dejado llegar demasiado lejos a las organizaciones piqueteras”. 

¿Cómo caracterizan La Nación y Clarín las acciones que se desarrollaron en el Puente Pueyrredón?
Apenas se conocieron las muertes y los heridos en Puente Pueyrredón, tanto los medios como las autoridades nacionales y provinciales acusaron a las propias organizaciones piqueteras de ser las responsables de los hechos.

Sin dejar de mencionar la posibilidad de que haya sido la policía quien mató a los piqueteros, la hipótesis que cobra más fuerza en un primer momento es la que indica que los asesinatos de Santillán y Kosteki fueron producto de un enfrentamiento entre los movimientos piqueteros.

Luego, la teoría más difundida por ambos medios fue que todo empezó con un enfrentamiento entre la policía y los piqueteros.

En la propia redacción de Clarín estaban todas las fotos que mostraban cómo habían ocurrido realmente los hechos en la Estación Avellaneda.

La secuencia fotográfica completa se publica recién 48 horas después (publicación que incluye una nota del editor fotográfico del diario explicando y justificando la demora en la publicación). Estas fotos muestran cómo la policía disparó contra Santillán y Kosteki.

Al darle tan sólo un vistazo a los títulos, volantas, epígrafes e infografías de la edición de Clarín del 27 de Junio, las palabras que llaman la atención y se repiten son: enfrentamiento y violencia.

Además, el matutino incluye una nota bajo el título “Las fuerzas de seguridad esperaban un incidente. La violencia no sorprendió a la SIDE ni a la Policía”. Allí, el periodista Fernando González afirma: “Todo el mundo sabía que algo iba a pasar. El Gobierno, los servicios de inteligencia estatales y las agrupaciones piqueteras se habían preparado para que la jornada de ayer pudiera desbordar en hechos de violencia. Así lo admitieron informalmente cada uno de los funcionarios y los manifestantes consultados”.

A su vez, González cierra su texto diciendo: “Las únicas certidumbres son la decisión del Gobierno de endurecer su política de seguridad y la de los piqueteros de radicalizar la protesta. Entre estas dos posturas divergentes, postales del país en crisis, ayer estalló la violencia”.

Asimismo, la editorial del 27 de La Nación, que lleva como título “Del piquete a la tragedia”, afirma en su primer párrafo: “Era de suponer que las tensiones que desatan habitualmente actos ilícitos como los cortes de caminos por organizaciones de piqueteros iban a provocar algún día un trágico saldo como el producido ayer en Avellaneda  (…) pero nadie que defienda las instituciones de la República y la vigencia de las leyes podrá estar de acuerdo con su metodología” y “no hace falta abundar en más precisiones para concebir a estas manifestaciones como auténticos hechos de violencia”.

Para finalizar, La Nación responsabiliza a “las autoridades, que han dejado llegar demasiado lejos a las organizaciones piqueteras”.

En cuanto al accionar policial, La Nación afirma: “Las fuerzas policiales necesitan contar, en estos tiempos, con grupos y comandos especializados en la prevención y en la eventual negociación con los agitadores y promotores de desórdenes sociales  – la ira entre los policías que participaban del operativo se desató cuando una bala rozó el rostro del comisario inspector Luis Alfredo Fanchiotti”.

¿Cómo informan La Nación y Clarín sobre los reclamos que los movimientos sociales llevaban al Puente Pueyrredón?

En las ediciones del 26 de junio de ambos diarios, que anuncian la realización de marchas, se enumeran los reclamos de las agrupaciones: regularización de planes sociales, alimentos a comedores escolares y rechazo de las exigencias del FMI.

Pero estos reclamos desaparecen o son fuertemente desdibujados por los medios o por las voces que estos reproducen, cuando las organizaciones sociales definen acciones que comprometen el espacio público y/o privado.

Bajo el repetido discurso de legitimidad del reclamo pero no de la metodología, los medios construyen el imaginario social de choque de derechos (entre, por ejemplo cortar, una ruta y el libre tránsito) y las consecuencias sociales de la protesta (violencia y caos).

El día posterior a la “masacre del Puente Pueyrredón” Fernando Laborda escribe en La Nación: “Que un grupo de personas, por atendibles y legítimas que sean sus demandas, se arrogue la facultad de privar a otras personas de un derecho que la Constitución les reconoce expresamente, como la libertad de trabajar y de circular por el territorio nacional, resulta un atropello que puede desatar consecuencias imprevisibles”.

El mismo diario repite esta idea en su editorial del 29 de junio: “El plan de lucha lanzado por el llamado Bloque Piquetero (…) llevaba ya en sus entrañas el potencial de violencia que condujo al terrible desenlace” (…) “La sola lectura de este inquietante repertorio de objetivos pone al descubierto cuánto había ya de provocativo y de riesgoso en el programa de acción que el grupo se había trazado”, y debe “insistirse en la responsabilidad subyacente del grupo extremista que condujo la protesta”.

Trabajo completo "DISCURSO MEDIATICO Y CRIMINALIZACION DE LA PROTESTA"