A finales del pasado mes de octubre, el rector de La Sapienza de Roma, la universidad más grande de Italia, invitó a Benedicto XVI a impartir la lectio magistralis de inauguración del año académico, prevista para el 17 de enero. Los primeros en protestar fueron los profesores de la Facultad de Física. La lectio magistralis es el discurso de apertura que marca las pautas programáticas de la enseñanza universitaria, y los docentes consideraron un exceso inaceptable que lo pronunciara un líder religioso.
Los profesores de Física tenían muy presente un discurso pronunciado en 1990 en Parma por el entonces cardenal Ratzinger en el que decía que “en la época de Galileo, la Iglesia permaneció mucho más fiel a la razón que el mismo Galileo” y que el juicio contra Galileo había sido “razonable y justo”.
67 profesores firmaron una carta dirigida al rector contra la presencia de Ratzinger; los colectivos estudiantiles, junto a grupos No Vat (contra el Vaticano) y centros sociales prepararon protestas alrededor de la Estatua de Minerva, símbolo de La Sapienza y diosa del conocimiento, para “protegerla del Papa inquisidor”. Al final, el Papa renunció a su propósito. Inmediatamente, los medios de comunicación le convirtieron en “víctima de la intolerancia” de unos movimientos sociales que no le permitían hablar “en su misma ciudad”.
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