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Todo el mundo en manos de Qatar

Omnipresente en los mercados y multimillonaria por el gas, la dinastía Al Thani celebra una Copa del Mundo para su mayor gloria y acepta cambios cosméticos para sortear las críticas por la homofobia de sus leyes, su sistema patriarcal y las prácticas laborales de semiesclavitud que sirvieron para construir las infraestructuras del Mundial.

(Pablo Elorduy – El Salto) Qatar - Ningún impuesto: cero. Una tasa de desempleo del 0,3%. La mejor sanidad de Oriente Medio —una de las 20 mejores del mundo—, el gasto público per cápita en educación más alto de su entorno, 400 euros por encima del de España. Amplios subsidios para el acceso a la vivienda. La renta por cabeza más alta de todo el mundo. Qatar es una marca, un país sin democracia “que funciona mejor que España”, en palabras de Xavi Hernández, actual entrenador del Fútbol Club Barcelona. Una perla en el Golfo Pérsico del tamaño de la Comunidad Foral de Navarra que tiene siete veces más población extranjera que nativa, quizá por la razón de que solo están permitidas 50 nacionalizaciones al año. Qatar es uno de los reinos con mayor poder financiero global. Su fondo soberano es el noveno del mundo. Mueve 335.000 millones de dólares, el equivalente del PIB de Bangladesh, uno de los países que más mano de obra aporta a Qatar.

El 20 de noviembre, este domingo, comienza la Copa del Mundo en Jor, ciudad costera del norte del país. Hasta el 18 de diciembre, cuando se dispute la final en la ciudad-isla de Lusail, Qatar, el país más pequeño que nunca ha organizado un mundial, el principal organizador desde los años 30 del siglo pasado que nunca ha disputado una fase final, aspira a convertirse en el foco de la atención de una audiencia potencial de 5.000 millones de personas. Para ello ha gastado 200.000 millones de dólares, más que el PIB anual de Grecia.

Se trata también del primer mundial desde 1978 que se disputa en un país sin un sistema de democracia formal y bajo el imperio de la ley patriarcal de la sharia, que establece, entre otros castigos, que las mujeres violadas sean juzgadas y condenadas por adulterio. 

Financiado por la compañía alemana Bertelsmann, el índice de transformación BTI muestra la perfecta asimetría que caracteriza al país. Qatar es el número 15 de los 137 países analizados en cuanto a su desarrollo económico, el 22 en cuanto a su gobernanza y el 95 en grado de transformación política. Todo el poder está concentrado en el emir, no hay “otros actores serios —ni en la esfera militar ni política que puedan desafiar legítimamente su poder”, dice el informe BTI sobre Qatar.

En Qatar están prohibidos los partidos políticos. El poder judicial también está en manos de la dinastía reinante y el único sindicato autorizado excluye al 99% de la población del país, formada en más de un 80% por trabajadores migrantes, procedentes de países asiáticos. Parte del milagro lo sostienen sus trabajadores extranjeros —que no gozan de los beneficios en sanidad, vivienda o educación que disfruta la población autóctona— que son el 80% de la población del país. Los cataríes “de raza”, es decir, procedentes de algunas de las tribus originarias del emirato, son 360.000 individuos y forman el cuarto grupo demográfico de Qatar, donde hindúes y pakistaníes son mayoría.

La autocracia gobernada por Tamim bin Hamad Al Thani, de la saga de los Al Thani, única familia que ha dirigido los designios de Qatar, ha conseguido en dos décadas un lugar en el mundo gracias a un ingrediente principal: el dinero. Más específicamente las rentas percibidas por el petróleo y especialmente el gas natural, del que es el primer reservista mundial.

Estrellas del presente

Los profesores Ignacio Álvarez-Ossorio e Ignacio Gutiérrez de Terán han publicado Qatar. La perla del Golfo (Península, 2022), el primer libro en castellano que aborda el ascenso a los cielos de la globalización del pequeño país del golfo. El ensayo aporta una mirada ecuánime respecto a un país que ha aprovechado las reglas del juego de la globalización. Ambos sostienen que el viento sopla de cola para el emirato, incluso en un periodo como el actual, en el que han reventado los principios de la globalización y se ha pasado a una pugna explícita entre dos imperios: Estados Unidos y China. Para Álvarez-Ossorio, Qatar ha preparado el terreno para la entrada en un mundo multipolar: “De alguna manera se está anticipando a los riesgos que puede tener la nueva situación y planteando posibles alternativas a las alianzas tradicionales”.

Los hidrocarburos han hecho omnipresente a Qatar en el sistema internacional de finanzas y, a través de la cadena de televisión Al Jazeera, ha contribuido a difundir el “soft power” qatarí, primero aportando una de las fuentes más fidedignas de información sobre un terreno ajeno a la mayoría de medios occidentales y, en segundo lugar, a través de la creación del conglomerado BeIN Media Group, fundada por Nasser Al-Khelaïfi, el empresario que controla el club de fútbol París Saint Germain. El objetivo de la Copa del Mundo es seguir convirtiendo a Doha, la capital del país, en un hub mundial. Una estrategia para la que la dinastía Al Thani ha priorizado las inversiones en la industria aeroespacial y en la hostelería. Qatar posee mayorías accionariales en la cadena minorista británica Harrods, en los supermercados Sainsbury's y el hotel Ritz de Londres. Posee una quinta parte del aeropuerto de Heathrow y el 10% del grupo Volkswagen.

La influencia del emirato en España ha crecido de forma vertiginosa en los últimos años. Fundada en 2005, la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA) posee un 25% de las acciones de IAG, la décima compañía aeroespacial del mundo de la que forma parte Iberia desde 2010. QIA posee también la mayoría accionarial —un 8,7%— de Iberdrola y el 19% de Colonial, la socimi del Ibex35 que en agosto de este año anunció que había recibido 2.557 millones de euros para adquisiciones en el mercado inmobiliario. El emirato posee también la marina para superyates Port Tarraco y los hoteles Intercontinental de Madrid y W de Barcelona.

Además, dos compañías tradicionales como El Corte Inglés y el Grupo Prisa abrieron en 2015 la puerta a las inversiones qataríes para tratar de solucionar sus crisis. QIA controla el 10% del grupo minorista y los Al Thani adquirieron el 8% de las acciones a través de Media Group International, en el consejo administración del editor de El País, la Cadena Ser, Cinco Días o el diario deportivo As, si bien en el primer semestre de 2022 el emirato ha disminuido su participación en Prisa, como consecuencia de la salida de Juan Luis Cebrián de la dirección del grupo.

En mayo de 2022, la Compañía Española de Financiación del Desarrollo (Cofides) adscrita al Ministerio de Industria y la Autoridad de Inversiones de Qatar oficializaron un acuerdo que había trascendido unas horas antes durante una cena de autoridades presidida por Felipe VI para agasajar al emir Tamim. Qatar se comprometió durante ese viaje a invertir 4.700 millones de euros en España. De regalo, se llevó la medalla de oro de la ciudad de Madrid, otorgada por el siempre solícito con las grandes fortunas José Luis Martínez Almeida.

“Qatar quiere hacerse necesaria para los países que aceptan su financiación”, indica Gutiérrez de Terán, “muchas veces son los países receptores los que piden a gritos estas inversiones”, de forma que el emirato aplica una diplomacia financiera con importancia creciente. El emirato, que durante los siglos XIX y XX vivió bajo el ala del imperio británico, hoy es la llave del mix energético de Reino Unido al que aporta el 40% del gas natural licuado que utilizan las islas. La UE, por su parte importó 16.600 millones de metros cúbicos de GNL del país de Oriente Medio en 2021, lo que le convierte en el primer suministrador por delante de Estados Unidos. Pero es que, además, Qatar tiene comprometido el 70% de su producción con el sur global —China e India—, lo que va en consonancia con el objetivo del emirato de establecer alianzas en un mundo multipolar. 

Tercer productor mundial de gas natural, Qatar comparte su principal yacimiento gasístico Haql al-Shamali —descubierto en 1971 y conocido como yacimiento North Field— con Irán, el principal enemigo de Riad y uno de los países señalados por Estados Unidos en su búsqueda inacabable de control sobre Oriente Medio. Pese a la alianza con Washington, la dinastía Al Thani mantiene buenas relaciones con Teherán así como con Rusia. La Autoridad de Inversiones de Qatar, cabeza de puente del emirato en las finanzas globales, posee el 18% de la propiedad del gigante petrolero Rosneft, a través de QH Oil Investments. 

Esos acercamientos a enemigos del imperio no han trastornado las buenas relaciones del emirato con Estados Unidos, quien sí ha amonestado a Arabia Saudí por la ayuda prestada en el marco de la OPEP al régimen de Vladimir Putin. Por eso, las advertencias de su ministro de Energía, Saad al-Kaabi, sobre el suministro a medio plazo no forman parte de la cháchara habitual, sino que son un aviso para navegantes.

“El año que viene y el siguiente, incluso hasta 2025, van a ser el problema”, ha dicho Kaabi, quien ha defendido que el gas ruso debe volver al mix energético europeo, sino se quiere volver al carbón, a la quema de fuel y a lo nuclear. La declaración se corresponde con otra ronda de datos: Qatar, que organizó la COP18 sobre cambio climático en 2012 es el país con más emisiones de CO2 per cápita del mundo, y a la vez el país que menos riesgo tiene de sufrir un desastre climático.

Represión, derechos humanos y tolerancia al alcohol

Con motivo de la celebración del Mundial, Qatar ha vuelto a sacar la chequera. En septiembre, la compañía Fortem Technologies anunciaba que estaba proveyendo al emirato de una cantidad indefinida de drones para la caza y eliminación de otros drones. La cobertura militar y policial ha involucrado a más de una decena de países, entre ellos Estados Unidos, Francia, Marruecos, Arabia Saudí o Pakistán. Unos días antes, Reuters informaba del acuerdo al que los Al Thani han llegado con el Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan para que 3.000 policías turcos —un cuerpo con un historial notable en la represión del “enemigo interno”— se encarguen de la seguridad durante la disputa de la Copa del Mundo. Como especificó el ministro de Interior turco Süleyman Soylu, la policía turca solo obedecerá a sus propios mandos durante las operaciones para sofocar posibles problemas en suelo Qatarí. La oferta también estuvo en la mesa del Ministerio de Interior español, que renunció finalmente a la posibilidad de que 115 mandos policiales se integraran en el dispositivo de orden del mundial.

Sin un enemigo interno reseñable, y partiendo de la base de que la asistencia de mujeres al mundial será minoritaria, la celebración del Mundial acarrea dos riesgos principales para un país muy tradicional “el único del mundo, además de Arabia Saudí, donde impera el wahabismo”, recuerda Álvarez Ossorio. El primero tiene que ver con la ingesta de alcohol, tradicionalmente asociado al espectáculo futbolístico. El país ha levantado la mano y establecerá zonas fuera de los estadios para que los aficionados se pongan finos. Como en el caso de viajes y alojamiento, el precio será la principal barrera para las aficiones: el litro de cerveza en los abrevaderos rondará los 28 euros.

El segundo riesgo tiene que ver con las muestras de afecto entre parejas LGTBIQ y el miedo ante posibles reivindicaciones políticas no simbólicas. El presidente del PSG, Nasser Al-Khelaïfi, organizador del Mundial, ha tratado de suavizar la polémica y llegar a un acuerdo tácito: se permitirá que determinadas selecciones porten un brazalete con la bandera arcoíris. No ha sido suficiente. A medida que se ha acercado el Mundial, las contradicciones de querer ser un escaparate para el mundo y las tradiciones homófobas han tenido consecuencias. El 8 de noviembre, Khalid Salman, embajador de la Copa del Mundo, calificó la homosexualidad como un “daño mental”, lo que generó controversia en todo el planeta. La artista británica Dua Lipa anunció el día 14 que no participará en la ceremonia inaugural del Mundial. También se han negado en las últimas horas otros artistas como Rod Stewart y Shakira.

Pero los principales problemas pueden llegar —señala Gutiérrez de Terán— si se produce una manifestación en la calle de Doha y la autoridad del emirato se vea obligada a mostrar mano dura para satisfacer a su población. El 24 de octubre, Human Rights Watch (HRW) denunciaba las detenciones injustificadas —basadas simplemente en su expresión de género— de personas LGTBIQ por parte de las fuerzas del Departamento de Seguridad Preventiva de Qatar. La ONG ha documentado seis casos de palizas graves y repetidas y cinco casos de acoso sexual bajo custodia policial entre 2019 y 2022.

El artículo 285 del Código Penal de Qatar castiga las relaciones sexuales extramatrimoniales, también las relaciones entre personas del mismo sexo, con hasta siete años de prisión pero, según indica HRW, el modo de operar del Departamento de Seguridad Preventiva se basa más en la violencia física y sexual, además del acoso, contra las personas detenidas que en la persecución judicial. La ONG ha pedido, sin éxito, la liberación de las personas que actualmente se encuentran detenidas por su orientación sexual, el cese de cualquier programa patrocinado por el Gobierno dirigido a las prácticas de conversión y la eliminación del artículo 285.

Copa de sangre y sudor

La Copa del Mundo nació con controversia por la forma en que Qatar fue elegida sede por parte de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) y seguirá instalado en ella durante todo el mes. En las antípodas de la defensa que han hecho de Qatar Xavi Hernández, el entrenador del Manchester City, Pep Guardiola, y “embajadores” como Zinedine Zidane o David Beckham, que el emirato han contratado para la promoción del evento, otros jugadores y exjugadores han denunciado las condiciones de semiesclavitud bajo las que miles de obreros han construido los estadios y las infraestructuras asociadas al evento. 

El más elocuente ha sido el exjugador Eric Cantona, estilista del balón y uno de los pocos referentes para la izquierda en un deporte consumido hace tiempo por el negocio, quien en enero dictó sentencia desde Sportsmail: “[el Mundial] solo se trata de dinero y la forma en que trataron a la gente que construyó los estadios, es horrible. Miles de personas murieron. Y, sin embargo, celebraremos este Mundial”. El excapitán de la selección alemana Philip Lahm ha anunciado que no acudirá a Qatar y ha reclamado que “los derechos humanos deberían desempeñar un papel importante en la adjudicación de torneos”.

Aunque la idea del boicot no ha tomado fuerza, los Gobiernos de algunas ciudades ya han anunciado que no emitirán los partidos en pantallas gigantes como protesta. Una ellas es Barcelona, cuya alcaldesa, Ada Colau ha dicho que su administración “no será cómplice” de la dictadura.  El alcalde de Marsella, una de las seis ciudades francesas —entre las que está París— que ha tomado esa decisión, ha calificado como un desastre “ambiental y humano” un mundial que se jugará bajo temperaturas extremas y que, aunque se presenta como el primer evento “emisiones cero” de estas características, emitirá 3,6 millones de megatoneladas de CO2, según un estudio de Carbon Market Watch.

El documental La cara oculta del mundial (Adam Sobel, 2017) mostró las condiciones y los cuerpos que sostenían el milagro de la construcción exprés de estadios de alta tecnología. Enseñó también al mundo lo que era la Kafala, un sistema de patrocinio común en varios países de oriente medio, por el que  los derechos de los trabajadores pasan a ser gestionados por una empresa, que no tiene que ser necesariamente la que lleve a cabo la actividad por las que se los contrata.

Cuatro años después de aquel documental, una investigación de The Guardian en los países de origen de esos trabajadores migrantes lanzó una cifra que ha quedado fijada como referencia para evaluar el coste en vidas humanas del sueño que tuvo Qatar de celebrar el mundial en el desierto: más de 6.500 personas originarias de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka murieron, según los datos recabados en las embajadas de esos países en el emirato. La cifra no incluye los muertos de después de 2020, y tampoco los fallecidos de otras nacionalidades, como Kenya o Filipinas.

La prevalencia de las muertes por accidentes cardiovasculares y su mayor frecuencia en los meses de verano, ha permitido a los autores de un estudio citado en reciente artículo de la revista Time sugerir que la principal causa de muerte fue el calor extremo en el que se desarrolló el trabajo para levantar esas infraestructuras. Las temperaturas en la estación de verano hoy son de media 1,4º centígrados más altas de las que había cuando se adjudicó la Copa del Mundo. Un clima que dificulta la actividad en torno al Mundial, incluso aunque este se haya trasladado al otoño para favorecer la práctica del fútbol. La máxima prevista para hoy, 18 de noviembre, es de 32º, la mínima de 24º. 

Como recuerda el profesor de Estudios Árabes e Islámicos Ignacio Gutiérrez de Terán, la focalización sobre los abusos laborales llevó al emirato a mover ficha. En octubre de 2019, el emir anunciaba una reforma del sistema de Kafala que suponía de facto su supresión; desde entonces, Qatar ha aprobado un sueldo mínimo, ha establecido las bajas médicas remuneradas y ha obligado a las empresas a dar un día de descanso semanal a los trabajadores. Terán reconoce sin embargo que sigue funcionando un sistema que permite al Estado “lavarse las manos” en casos de abuso, algo que sucede por un motivo fundamental: en Qatar están prohibidos los sindicatos.

Amnistía Internacional ha hecho seguimiento de las condiciones de trabajo en torno al mundial y ha constatado los avances, fruto de la presión de organizaciones y medios de comunicación, que han forzado al emirato a suavizar su imagen internacional. Carlos de las Heras, portavoz en España de esta organización, reconoce los avances pero cree que ha llegado el momento de compensar económicamente a los trabajadores mediante un fondo que repare e indemnice a los trabajadores por los abusos cometidos en la construcción de las infraestructuras, “como por ejemplo las muertes, las lesiones o los salarios que no se han pagado”. 

La campaña Pay Up Fifa se lanzó a mediados del mes de mayo para que la organización que dirige Gianni Infantino destine 440 millones de dólares a reparar e indemnizar a los artífices “que han hecho posible” este evento, en palabras de De Las Heras. La cifra de 440 millones es la misma cantidad que la FIFA va a destinar a premios a las 32 selecciones que participarán en la cita. “FIFA todavía está estudiando la propuesta”, señala el portavoz de Amnistía Internacional, Bélgica, Francia, Inglaterra, Alemania y Países Bajos, además de exjugadores como Gary Lineker o Alan Shearer ya han apoyado la campaña de compensación.  

Pese a que la presión internacional motivó un cambio en el mercado laboral qatarí, con el establecimiento de una misión permanente de la Organización Internacional del Trabajo como principal hito, la nula capacidad de acceso a la justicia por parte de ciudadanos extranjeros —el 80% de la población— impide el final efectivo del sistema de semiesclavitud implantado en un país que mantuvo la esclavitud legalizada hasta mediados del siglo XX. La propia OIT reconoce que sigue habiendo quejas relacionadas con el impago de salarios y de prestaciones. Además, las escasas multas e inspecciones no han limitado otras prácticas que van desde la confiscación de pasaportes por parte del empleador hasta los castigos físicos. 

“Ha habido mejoras, pero las reformas han tenido efectos limitados porque han llegado tarde y han tenido poco alcance”, señala de las Heras, que pone como ejemplo que los trabajadores que han salido de Qatar no pueden reclamar por los salarios robados por sus empleadores, o el acceso segregado a la sanidad y otros servicios de aquellas personas que no tienen la nacionalidad.

Un informe publicado este mismo año por la ONG Equidem, basado en 60 entrevistas confidenciales a trabajadores de los estadios cataríes ha hecho un dictamen sobre las condiciones actuales: “Si te quejas estás despedido”, es el nombre del documento. Las taras detectadas son la contratación ilegal, la discriminación basada en la nacionalidad, los salarios impagados, el citado trabajo en condiciones de calor y otros riesgos para la salud y la seguridad, el exceso de horas y la violencia en el lugar de trabajo.

Lavados de cara

Gutiérrez de Terán señala cierta hipocresía por parte de la FIFA, que históricamente no ha tenido problema en llevar a cabo “pufos” y aceptar la designación de sedes en una subasta al mejor postor, sin reparar en el respeto a los derechos humanos, sociales o ambientales del entorno en el que se levanta el Mundial —u otros megaeventos deportivos como los Juegos Olímpicos. En la misma línea, el portavoz de Amnistía Internacional critica que los Juegos o el Mundial “son utilizados por países donde no se respetan los derechos humanos para ofrecer al mundo una cara amable, abierta, reformista, moderna... cuando la realidad es muy diferente”.  

Pese a las controversias respecto a la violencia contra los trabajadores, las personas LGTBIQ o las mujeres, el inicio de la Copa del Mundo es la culminación de un largo proceso de expansión financiera y cultural mediante el “soft power”. Las protestas de las ONG e incluso el pinwashing de determinadas marcas comerciales parecen un peaje pequeño a pagar por la celebración de un evento que va a situar durante unas semanas a Qatar en el centro del mapa, allí donde le corresponde estar por el poder que este pequeño emirato ha ganado en un mundo globalizado que se rompe. Algo para lo que la dinastía Al Thani está también preparada.

 
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