Bajo la mirada

Dejen de vigilarnos fue la consigna de miles de estadunidenses que se manifestaron el sábado en Washington, así como el mensaje de los últimos días desde Alemania, Brasil, Francia y México. Desde que Edward Snowden se atrevió a divulgar y comprobar la existencia de un aparato masivo de espionaje estadunidense sobre los pueblos y gobernantes del mundo, a través de la ejemplar valentía de los periodistas Glenn Greenwald y Laura Poitras (entre otros) y del diario The Guardian (y después, unos cuantos medios más), parte del disfraz democrático de Washington se ha deshilado y deja ver detrás de la máscara.
(David Brooks – La Jornada/ teleSUR-) Mundo – El gobierno de Obama, y políticos de ambos partidos que justifican y defienden el espionaje masivo, no se cansan de repetir que estos programas son vitales para la lucha antiterrorista. Por ejemplo, en las últimas semanas el gobierno ha repetido que estos programas han descarrilado o anulado 54 complots terroristas. Sin embargo, un reportaje de ProPublica, agrupación de periodistas de investigación, concluye que no se ha presentado evidencia para comprobar la afirmación y, de hecho, los mismos funcionarios han admitido que no es precisa, a pesar de difundirla de manera constante.
Cuando se le pidió comprobar su afirmación de que todos los programas son legales por autorización judicial y supervisados por el Congreso, el gobierno argumentó inicialmente que no podía ofrecer pruebas de la autorización judicial porque los fallos también son secretos.
Más recientemente, el gobierno ha insistido en que sus programas de inteligencia no son nada diferentes de lo que hacen todos los países. Sin embargo, aún no se sabe de programas de vigilancia masiva de la población estadunidense, ni de su cúpula política, por países como Alemania, Brasil, Francia o México.
A la vez, en estos días ha sido muy difícil para el gobierno justificar su espionaje a las cúpulas políticas de países aliados como parte de un esfuerzo antiterrorista.
Como afirma Greenwald en su columna en The Guardian, ¿hay alguna duda de que el gobierno estadunidense repetidamente intentó engañar al mundo al insistir en que este sistema de vigilancia sin sospecha fue motivado por un intento de proteger a los estadunidenses de Los Terroristas? Nuestros reportajes han revelado espionaje sobre conferencias para negociar acuerdos económicos, sobre la Organización de Estados Americanos, empresas petroleras, secretarías que supervisan minas y recursos energéticos, los líderes democráticamente electos de estados aliados y poblaciones enteras en esos estados.
Mientras tanto, este gobierno ha criminalizado la difusión de información a través de los medios, e insiste en que hacerlo será considerado algo equivalente a la traición. Las autoridades han perseguido a por lo menos siete filtradores de información oficial clasificada a la prensa según la viejísima Ley de Espionaje, de 1917, el doble del número de casos que el total de todos los gobiernos anteriores.
Pero además ha espiado y perseguido a periodistas. Hace una semana el Comité de Protección de Periodistas emitió su primer informe sobre la libertad de prensa en EEUU y condenó las políticas de control de información de Obama. El autor del informe, Leonard Downie Jr, ex editor ejecutivo del Washington Post, afirmó: “la guerra de la administración Obama contra las filtraciones y otras iniciativas para controlar la información son las más agresivas que he verificado desde la administración del presidente Richard Nixon, cuando yo era uno de los editores involucrados en las investigaciones del Washington Post sobre el caso Watergate”.
WikiLeaks publica mapamundi del espionaje secreto de EEUU
El portal australiano WikiLeaks publicó este lunes un enlace al mapamundi original de los puntos de espionaje activos de los servicios secretos de EEUU.
El gráfico detalla la actividad del Servicio de Recogida Especial (SCS), que es una colaboración entre las estadounidenses Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) para obtener información secreta, hasta agosto de 2010.
Las naciones que aparecen señalizadas con rojo están bajo “vigilancia activa” y las que están en blanco refieren una “locación con personal”.
El mapa desvela la presencia del SCS en diversas ciudades europeas, aunque principalmente en Moscú, París, Berlín, Roma y Madrid, las cuales aparecen marcadas como puntos en los que están presentes agentes del servicio. En tanto, Belgrado (capital de Serbia) aparece como una “zona de vigilancia activa"
De acuerdo con el documento, entre los puntos de vigilancia en América Latina más activos se encuentran Quito, Brasilia, La Paz, Caracas, Bogotá y La Habana; además de capitales de Centroamérica y México.
La lista de países signados con los colores amarillo y verde dan cuenta de los puntos de soporte técnico y remoto. En este referente aparecen varias ciudades de China, entre ellas Pekín y Shanghái.