El autor, miembro de Ecologistas en Acción, analiza las graves consecuencias del llamado pacto de libre comercio e inversiones que se está negociando entre la UE y EE UU cuyo nombre es Asociación Transatlántica de Comercio e Inverisiones (TTIP) y uno de sus máximos valedores el socialista Javier Solana.

(Tom Kucharz – Diagonal) EEUU/EU – El mensaje desde las fuerzas políticas y económicas hegemónicas parece evidente: “Europa ya está saliendo de la crisis”. Sin embargo, las cifras muestran cómo la realidad es otra: la UE ha registrado dos recesiones en menos de cinco años y tres de las cinco mayores economías de la UE siguen en recesión y registran crecientes cifras de desempleo y un aumento de los precios.
De hecho, según la OCDE de aquí a 2015 el 90% del crecimiento mundial se generará fuera de Europa, y un tercio sólo en China. En esta línea el Consejo Nacional de Inteligencia norteamericano, Asia está desplazando al gigante EEUU y la UE como mayores economías, exportadores y proveedores de inversión extranjera directa.
Con una balanza comercial claramente desequilibrada los poderes políticos, económicos y financieros, a ambos lados del Atlántico, preparan la contraofensiva geopolítica ya que aún representan el 40% del PIB mundial y un tercio del comercio internacional. Según Javier Solana, ex alto representante de la política exterior de la UE: “Europa y EE UU se necesitan mutuamente y la cooperación entre ambos lados del Atlántico es clave”. André Sapir, del think thank neoliberal Bruegel, afirma que “se trata de enviarle el mensaje a China de que todavía somos muy importantes”.
La respuesta llega en forma de un polémico tratado comercial transatlántico denominado “Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones” (TTIP, por sus siglas en inglés) o el “sueño europeo-americano”, tal y como lo ha calificado el también exsecretario general de la OTAN Solana. La nueva ronda de negociaciones, iniciadas en julio, tenía previsto reanudarse hoy 7 de octubre en Bruselas a puerta cerrada y con documentos secretos, únicamente accesibles para los grupos de presión empresariales, pero a última hora ha sido desconvocada. Entre los supuestos beneficios de este acuerdo está, según la Comisión Europea, la creación de 400.000 nuevos empleos, una línea en la que también incidió Barack Obama que habló de millones de puestos cualificados.
Sin controles laborales, ni ambientales
Frente a las mentiras de la creación de empleo, la realidad es otra: el TTIP se usará para eliminar regulaciones sociales, laborales y ambientales que hasta la fecha han protegido –de forma desigual– ciertos derechos de las personas. El beneficio será para las grandes empresas transnacionales. Así se deduce de las explicaciones de la Comisión Europea: “la barrera comercial más importante no son los aranceles que se pagan en la aduana, sino los obstáculos detrás de las fronteras, tales como las diferentes normas ambientales y de seguridad […] El objetivo de este pacto comerciales reducir los costes y retrasos innecesarios para las corporaciones…”
Aprovechándose de la violenta crisis el argumento de “crear empleo” neutralizará cualquier preocupación por la salud, los derechos laborales y la crisis ecológica. EE UU se niega a ratificar normas y convenciones de la Organización Internacional del Trabajo sobre derecho a la sindicalización. Mientras tanto, la Comisión Europea acelera los ataques a las políticas salariales exigiendo normas más “flexibles”. Los programas de ajuste estructural y recortes sociales de la troika resultantes de la crisis del euro y la liberalización comercial son dos caras de la misma moneda.
Bruselas está controlada por los lobbies
Según el colectivo Corporate Europe Observatory la Comisión Europea efectuó 130 “reuniones con partes interesadas” en relación a las conversaciones para un acuerdo de libre comercio entre la UE y EE UU. Al menos 119 de estas reuniones –más del 93%– fueron con grandes empresas y sus grupos de presión, entre ellos destacan el Consejo Empresarial Transatlántico y Business Europe. Así, este pacto transatlántico plantea numerosos y graves amenazas para la población, el medioambiente y las economías. Asimismo concentrará todavía más poder económico y político en las manos de las elites en ambos lados del Atlántico.
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