Las entradas a la ciudad india de Nueva Delhi están sitiadas desde noviembre por millones de campesinos que ven su medio de vida amenazado por las nuevas leyes agrícolas del primer ministro Narendra Modi, al que acusan de legislar en beneficio de sus multimillonarios amigos.
(Sonali Kolhatkar – El Salto) India – La democracia más grande del mundo está siendo testigo de una oleada colectiva de protestas en la que cientos de miles de granjeros, principalmente de los Estados de Punjab y Haryana, han puesto bajo asedio las afueras de la capital Nueva Delhi, determinados a ocupar los márgenes de la ciudad hasta que Modi dé marcha atrás a nuevas leyes impopulares que ellos dicen que son anti-granjeros.
Cerca de la mitad de los trabajadores de India dependen de la agricultura industrial, y el Gobierno ha mantenido durante mucho tiempo regulaciones para proteger a los trabajadores agrícolas, actuando como intermediario entre los campesinos y los compradores de su producción. Ahora esas protecciones han sido revertidas. En septiembre de 2020, Modi y su Bharatiya Janata Party (BJP) impulsaron tres leyes desregulatorias en el Parlamento entre el caos e incluso encontrando cierta oposición desde su propio partido.
Amandeep Sandhu, autor de Panjab: Journeys Through Fault Lines, ha estado siguiendo de cerca las protestas de los granjeros. En una entrevista, explicó que la primera de las tres leyes desechaba la Ley de Mercancías Esenciales, una norma de 1955 que estabilizaba los precios alimentarios al impedir que los comerciantes acapararan suministros. Según Sandhu, “ahora los comerciantes pueden acumular tanta comida como quieran y pueden jugar con los mercados como deseen”. Dos tercios de la población de 1.300 millones de personas de India dependen de las raciones subsidiadas de comida, que están ahora en peligro, dice Sandhu.
Otra de las leyes desregulatorias dejaría que los campesinos negociaran directamente con los compradores sin intervención gubernamental para establecer precios básicos mínimos. Aunque esto podría teóricamente dar como resultado que los granjeros pudieran demandar precios más altos, durante los años en los que hay un excedente de cosechas y en consecuencia, precios que se hunden, los granjeros podrían ser destruidos económicamente. En resumen, las nuevas leyes están diseñadas para someter a cientos de millones de campesinos pobres a los caprichos y demandas del mercado.
La polémica tercera ley de Modi se centra en la agricultura por contrato y posibilita que los compradores corporativos contraten directamente a pequeños agricultores para producir cosechas específicas. Pero Sandhu explica que también protege a las grandes empresas de sus responsabilidades. “Si un pequeño granjero ha entrado en un contrato con una corporación y la corporación reniega del contrato, el granjero no puede ir a los tribunales”.
Según Sandhu, “durante muchas décadas los granjeros han estado protestando contra el modelo de agricultura de la ‘revolución verde’, que pone énfasis en un aumento de la productividad por encima de todo lo demás, incluidos los modos de vida de los granjeros. Simran Jeet Singh y Gunisha Kaur explicaban en CNN.com: “Igual que algunos medicamentos se prueban en humanos de países en vías de desarrollo antes de ser aceptados en países desarrollados, la Revolución Verde fue un experimento agrícola probado en los campos de Punjab”.
Ofreciendo un claro contraste con los granjeros con dificultades están las acomodadas élites indias que han visto multiplicar sus riquezas cada año. Un informe de 2018 descubrió que la riqueza de los 831 indios más ricos suponía un cuarto del PIB de India. El más destacado es Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia, que sólo en los últimos meses ha lanzado decenas de nuevos negocios en el sector agrícola. La segunda persona más rica de India es Gautam Adani, y ambos hombres son considerados aliados políticos de Modi. Los granjeros que se manifiestan dicen que las polémicas leyes agrarias de Modi fueron redactadas en beneficio de personas como Ambani y Adani. Al principio de las protestas, los granjeros quemaron efigies del primer ministro y sus billonarios colegas.
La solidaridad con los granjeros indios es alta en todo el país. A finales de noviembre, casi una decena de sindicatos lanzaron una enorme huelga general, parando el país durante un día. Se estima que más de 250 millones de personas participaron, convirtiéndola en la mayor protesta de la historia. Los granjeros llamaron a una segunda huelga una semana más tarde y permanecen en las afueras de Nueva Delhi, bloqueando cinco grandes autopistas y diciendo que no van a marcharse pronto. Sandhu comparte que “los granjeros de Punjab y Haryana vinieron con raciones para seis meses a un año y quieren aguantar. Los granjeros que están llegando desde distancias más grandes serán alimentados por los que ya están ahí”.
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