Por Norma Flores Allende- El auge de la ultraderecha y de la violencia de género facilitada por la tecnología (VGFT) ha convertido Internet en un territorio cada vez más hostil para las mujeres. Nuestros hábitos, presencia y visibilidad en línea están cambiando en un panorama marcado por la autocensura, la censura y la modificación de hábitos en Internet por parte de las mujeres, comenzando por aquellas que se encuentran en la primera línea digital: comunicadoras, activistas y políticas.
Las que están en la primera línea de la trinchera digital
Yamila Morais es periodista independiente en Argentina; la asunción de un gobierno de ultraderecha, como el de Javier Milei, y un ecosistema de redes sociales cada vez más radicalizado han modificado sus hábitos en línea.
«Yo antes era como más contestataria. A mí me gusta mucho difundir información en videos. Eso antes lo hacía mucho y últimamente no lo estoy haciendo. Lo tomé como una especie de resguardo. Creo que las periodistas estamos bajando nuestros perfiles por los ataques. El primer ataque proviene de quien nos representa a nivel internacional y nacional como presidente de la nación».
Por otro lado, Carmen Valeria Escobar, periodista defensora de derechos humanos en El Salvador, atraviesa una situación muy hostil en un régimen de excepción que ya dura cuatro años.
«El trabajo de las periodistas transcurre en las redes sociales», dice Carmen Valeria Escobar, periodista defensora de derechos humanos en El Salvador.
Pero esos espacios, advierte, están cambiando radicalmente en poco tiempo.
«Twitter (X), antes de la compra de Elon Musk, era la plataforma que más usaba y me gustaba, pero a raíz de diferentes amenazas he reducido considerablemente el uso. Ahora puedo pasar semanas sin abrirlo y me he pasado a plataformas como Tiktok o Instagram, pero el problema es que esos espacios no están diseñados para conversaciones».
Carmen agrega que el formato de video suele demandar más tiempo de producción, además de un mayor riesgo en un régimen como el de Bukele: la exposición del rostro, lo cual la expone a más VGFT —puesto que este muchas veces se centra en la degradación del cuerpo de las mujeres— y a ser identificada cuando debe salir a las calles.
A la autocensura se suma la censura de las propias plataformas. Yamila agrega que ciertas plataformas, como Meta, según su experiencia, responden a la línea del gobierno de Milei, dando de baja publicaciones críticas u opositoras. Noelia Díaz, de Paraguay, señala que el algoritmo también condiciona la cantidad de visualizaciones y de seguidores de los perfiles. «Es también una forma de violencia y de silenciamiento».
En estos contextos de gobiernos ultraderechistas en América Latina y el Caribe y de plataformas que también responden a la ultraderecha, las respuestas de muchas mujeres periodistas, políticas y/o activistas —más expuestas a este tipo de ataques por su perfil, según las Naciones Unidas— son modificar sus hábitos en línea, reducir su visibilidad y presencia en Internet o hasta abandonarla.
- En el caso de las periodistas, según un informe de la UNESCO y el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ), como consecuencia del alto porcentaje de VGFT (73 %), el 20 % afirmó que había dejado de interactuar en línea, el 38 % optó por mantener un perfil más bajo, el 4% dejó su trabajo y el 2 % optó por abandonar del todo el periodismo.
- Un estudio de 2025 en EE.UU. apunta que el 39 % de las mujeres activas políticamente reduce su presencia en línea y el 29 % abandona la web.
- En un estudio realizado por la National Democratic Institute (NDI) sobre mujeres políticas de tres países del sur global (Colombia, Kenia e Indonesia), la VGFT conduce, en gran medida, a una disminución del uso de las redes sociales.

Autocensura, abandono de plataformas y pérdida de visibilidad: cómo la violencia de género está reconfigurando la presencia de todas nosotras en Internet
Si bien la violencia digital cobra mayor fuerza contra aquellas mujeres que se encuentran en «la primera línea digital» —es decir, aquellas con presencia en medios de comunicación, en la política o en el activismo—, la violencia digital de género está forzando la modificación de los hábitos de gran parte de las mujeres en línea.
Un 48 % de las mujeres usuarias de Internet en EE.UU. ha decidido abandonar al menos una red social en 2024-2025 ante el incremento de la VGFT, según una encuesta de Uplevyl. En el Reino Unido, el 70 % de las usuarias jóvenes de Internet percibe que la VGFT ha aumentado en los últimos años y un porcentaje creciente decide abandonar las redes sociales, según documenta Amnistía Internacional. En lo que respecta al uso de los videojuegos, las mujeres han dejado de jugar en línea en un 52 % en los EE.UU. en 2025.
Cabe recordar, en este sentido, que la violencia digital no se limita a las plataformas, sino que se extiende más allá, amenazando la integridad y la vida de las mujeres, tal como señala la campaña “La Violencia Digital es Real”, de la organización paraguaya TEDIC. El informe de 2025, «Prevenir la violencia digital contra las mujeres en Iberoamérica», indica que la violencia digital suele ser la antesala de hechos de violencia física y sexual. En casos como el de Ema Bondaruk en Argentina, la consecuencia es el suicidio.
Ana —nombre cambiado por motivos de seguridad— es una profesional paraguaya de derecho, de perfil bajo. «Para mí, Internet nunca fue un lugar seguro para las mujeres, pero nunca estuvimos tan expuestas como ahora. La realidad es que las redes le dan a la gente mayor acceso a nuestro cuerpo y a nuestra vida, y ahora que estamos en medio de un resurgimiento fascista, eso me da miedo. Disminuí bastante el nivel de interacción en redes».
Ana señala que la red social que más usa es Instagram, donde prefiere interactuar solo con personas que conoce fuera de Internet y no subir fotos de sí misma.
Juliana Quintana Pavlicich, investigadora del informe La palabra en disputa: Diagnóstico y acciones frente a la violencia de género digital en Paraguay, de la Red de Mujeres Periodistas y Comunicadoras del Paraguay (RMPCPy) señala que, si bien es necesario primero realizar un estudio cuantitativo para contar con datos y mayor información a nivel regional sobre la modificación de hábitos, presencia y visibilidad de las mujeres en Internet, así como el grado de abandono de las mismas en diferentes plataformas virtuales —redes sociales, videojuegos, etc.—, las feminidades y las identidades diversas ciertamente estamos autocensurando nuestro contenido o auditándolo mucho más que antes.
Esto se debe a un clima de hostilidad digital («manósfera») y a espacios saturados de contenido de odio.
«En este momento, el emisor es más importante que el mensaje y, al ser así, la estructura del diálogo en redes sociales queda absolutamente embarrada. Creo que estamos más tendientes a autocensurarnos que a abandonar necesariamente espacios», aporta Quintana.
Algunas estrategias para resistir la expulsión digital de las mujeres
Las Naciones Unidas concluyen que el incremento de la VGFT está teniendo como consecuencia el silenciamiento de las mujeres en los espacios virtuales, así como una disminución de sus roles en la vida pública, en los procesos democráticos y en el liderazgo.
Ante esta realidad, cabe preguntarnos qué podemos hacer en estos momentos de resiliencia:
- Establecimiento de redes de cuidado mutuo entre mujeres y diversidades:
Carmen Escobar, de El Salvador, apunta que la única clave en este momento tan complejo de la historia de nuestros países es tejer redes, porque no existe distinción entre la vida virtual y la presencial: ambas se unen y se mezclan.
«Si no nos cuidamos entre nosotras, no podemos esperar que nadie más lo haga. Esto implica crear un frente unido entre las mujeres. Hemos aprendido a vivir de manera muy individual. Podemos estar en desacuerdo o caernos mal mutuamente, pero eso no quiere decir que debamos dejar de cuidarnos cuando nos ataquen. Se nos ha olvidado algo que pareciera cliché y cursi, pero que es real: juntas somos más fuertes».
Noelia Díaz, de Paraguay , recomienda no quedarse únicamente en una sola red, sino seguir conversando con otras y haciendo alianzas todo el tiempo para que, juntas, como siempre organizadas, podamos pelear. «Creo que así las voces de las mujeres se multiplican y se es capaz de llegar a diferentes nichos». Es una forma de resistir».
Yamila Morais, de Argentina, reflexiona sobre la necesidad de construir redes en varios países para intercambiar inquietudes, herramientas y estrategias en esta coyuntura. «Como si fuera una charla entre amigas, que nos permita charlar y decir: ¿Qué hacemos frente a eso y cómo nos paramos para construir?».
- Formas de sortear la censura de plataformas de ultraderecha: Noelia Díaz, de la RMPCPy, sugiere estrategias para sortear la censura de los algoritmos. «Nosotras tenemos que ver las formas de ser creativas y seguir incidiendo. Por la censura de los algoritmos, tenemos menos likes y se ve menos nuestro contenido; entonces nos toca repensar toda una ingeniería para ser visibles, como establecer alianzas con organizaciones y otras comunicadoras para impulsar nuestros temas». La comunicadora y activista política también sugiere adaptar las narrativas con creatividad para evitar el uso de términos que suelen desencadenar ataques de odio en redes sociales.
- Medidas de autocuidado. En un clima de recrudecimiento del odio, muchas mujeres no queremos renunciar al espacio público en Internet, por lo que caben ciertas medidas básicas de seguridad.
«Si te sentís vulnerable y tu perfil está abierto, es hasta sano y de autocuidado que no todo el mundo lo vea. También es importante salir de lugares que no construyen. Hay lugares donde aún se puede construir, con mucha creatividad y superresistencia, como Tiktok o Instagram, pero ya no en Twitter (X), donde abundan los bots y odiadores, a mi parecer», indica Noelia.
Carmen tiene un parecer similar a dicha red social: «Hace varios años que tengo las respuestas bloqueadas en Twitter. Ahí no hay diálogo. Me expongo a que me insulten, amenacen y me violenten. Ya ni me estoy informando».
Asimismo, la periodista salvadoreña sugiere una distinción entre redes sociales públicas y privadas, a modo de cuidar con quiénes compartimos nuestra información más sensible. «Así como las redes pueden ser maravillosas, también pueden ser la propia podredumbre de la humanidad. No me voy a exponer a que esta gente sepa algo realmente importante sobre mí».
Es nuestro derecho permanecer en Internet y construir otra mejor
Ana comenta que seguirá usando Internet como herramienta para aprender, como Wikipedia; leer libros y artículos; buscar recetas en Pinterest; y comprar, escuchar música o ver películas.
El uso de Ana de la Internet quizá sea muy parecido a una tendencia, denominada por los medios como Grid Zero, asociada a la generación Z y marcada por el agotamiento y la sobreexposición que estas plataformas provocan. Consiste en compartir poco o nada en el feed a la vez que se tiene actividad, particularmente en Instagram.
Lo cierto es que es necesario generar más conversación y estudio sobre cómo podemos seguir resistiendo las mujeres en Internet, a sabiendas de que si la ultraderecha logra expulsarnos de la vida online, ello repercutiría en nuestro desplazamiento en todas las demás esferas de la vida pública offline.
Un gran comienzo sería reemplazar las actuales redes sociales, que funcionan como plataformas de promoción de la violencia misógina, por otras que verdaderamente lo sean desde los feminismos. Es el momento de tejer redes.




