En todos los estados mexicanos han brotado protestas. Aunque en unos casos son masivas y en otros no son aún mayoría, no hay una sola entidad federativa en la que los docentes no hayan realizado marchas y plantones, suspendido labores, y ocupado edificios públicos, puentes fronterizos y vialidades. La cartografía de este malestar desborda, por mucho, lo que los medios de comunicación quieren o alcanzan a registrar.
(Luis Hernández Navarro – La Jornada) México – Los maestros mexicanos saben por qué luchan. Afirmar que desconocen los alcances de la reforma que rechazan o que están en las calles porque fueron engañados es una canallada y una bajeza. Muchos mentores están convencidos de que se encuentran frente una situación límite que los obliga a protestar. Una maestra de la ciudad de México lo explica a sus compañeros, que aún temen suspender labores ante el temor de que no les paguen completa sus quincenas, diciéndoles: Es cierto, nos van a descontar porque tenemos un empleo, pero más nos vale hacerlo porque mañana no vamos a tener un empleo del que nos descuenten.
Según otro profesor, éste de Veracruz, la reforma es inadmisible por la situación de incertidumbre en que los pone. “No podemos estar con una amenaza permanente de perder el empleo, de ser vigilados, de ser puestos a prueba, de ser castigados –asegura–; es una ofensa que pongan en duda lo que hemos hecho. No podemos permitir perder nuestro sentido profesional. El gobierno tiene que entenderlo: no estamos dispuestos a dejarnos sojuzgar.”
Sujetos a una infamante campaña de desprestigio desde hace años, a los maestros les ofende lo que se dice de ellos en la prensa, la televisión y la radio, pero no consideran que deban cancelar sus protestas. Si algún caso les hace el gobierno, es debido a ellas. Además, están convencidos de que, si antes de que se movilizaran ya eran denigrados, la mayoría de los medios no va a dejar de calumniarlos porque dejen de hacerlo.
Las protestas han hecho evidente la enorme incapacidad de políticos y comunicadores para comprender la naturaleza, la composición y el comportamiento del magisterial nacional. Cada dos días se anuncia el inminente fin del problema y el retorno de los mentores a sus estados. Incluso, la prensa muestra imágenes de profesores haciendo sus maletas. A pesar de ello, cada día llegan más docentes a la ciudad de México y se incrementan sus protestas en otros lugares del país.
Como estrategia de solución del conflicto, el gobierno federal optó por administrarlo y desgastarlo. Fracasó. En lugar de apagar el descontento, lo extendió y radicalizó. Finalmente, optó por la represión. Aunque de inmediato cosechó los aplausos de quienes piden mano dura, hizo evidente el fracaso de su política previa, y revivió el fantasma de Atenco. Pero tampoco le resultó. Con el uso de la fuerza pública para desalojar el Zócalo, en lugar de acabar con el movimiento, precipitó su crecimiento. Los maestros fueron cobijados por una espontánea, masiva y conmovedora oleada de solidaridad popular. El malestar amenaza ahora con extenderse a las universidades públicas, como lo muestran los paros estudiantiles contra la represión, en la UNAM y la ENAH.
La CNTE dio el grito de la rebeldía y la resistencia
La convocatoria de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) lo que fue la marcha del repudio al desalojo del Zócalo conjuntó a miles de jóvenes y militantes de diversas organizaciones, quienes dieron el grito de la rebeldía y la resistencia bajo una sola voz: ¡Que viva la CNTE! ¡Que viva México!
Antes, el secretario general de la sección 22 de Oaxaca, Rubén Núñez Ginés, advirtió que con la llegada de miles de profesores a la capital del país, en este inicio de semana, “tomaremos no sólo el Zócalo, sino toda la ciudad de México” para decir al gobierno de Peña que la reforma educativa no pasará ni en aquella entidad, como tampoco en el resto de los estados donde tiene presencia la coordinadora.
Los manifestantes se concentraron por la tarde en la Estela de Luz para partir hacia el Monumento a la Revolución, donde a las 11 de la noche del pasado domingo dieron el verdadero Grito de la Independencia.
En el Zócalo –de donde los profesores fueron expulsados el pasado viernes por la Policía Federal se dio el grito de la dependencia, porque Peña Nieto ha vendido el país, advirtieron.



