En la madrugada del 3 de enero el gobierno de Estados Unidos lanzó una operación militar directa sobre territorio venezolano, con ataques aéreos que impactaron instalaciones estratégicas como el palacio de Miraflores, Fuerte Tiuna y otros puntos cercanos a Caracas, así como en los estados de Miranda, La Guaira y Aragua. Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron capturados y trasladados fuera de Venezuela en avión, en lo que Donald Trump describió como una operación “éxito estratégico contra una dictadura narco-terrorista”. Este lunes, Maduro fue llevado ante el Tribunal de Nueva York donde se declaró “no culpable” de cargos relacionados con drogas y armas, además de considerarse “prisionero de guerra”.
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¿Qué ocurrió en Caracas?
Durante la madrugada se escucharon explosiones en distintos puntos de la capital, se reportó el sobrevuelo de aeronaves a baja altura y cortes de energía en varios barrios. La intensidad de los ataques fue tal que el propio gobierno de Venezuela declaró un estado de conmoción exterior, convocando a la ciudadanía a salir a las calles para “defender la patria y rechazar la agresión”.

Es una escalada del intervencionismo estadounidense en América Latina, un patrón histórico de imposición de gobiernos afines y de control sobre recursos estratégicos, especialmente en un contexto donde el país caribeño posee una de las mayores reservas petroleras del mundo.

En el marco de la crisis, sectores populares y organizaciones sociales venezolanas comenzaron a organizar asambleas y cortes de calles espontáneos en respuesta a los ataques. Las consignas se centraron en la defensa de la soberanía nacional, la solidaridad con el pueblo venezolano frente a la arremetida extranjera y la exigencia de pruebas de vida de Maduro y Flores.

Movimientos sociales en otros países de Nuestra América también expresaron su rechazo a la intervención, denunciando el accionar del gobierno de Estados Unidos como una forma de neocolonialismo y militarismo que busca reconfigurar el mapa político de la región a favor de intereses geopolíticos occidentales.

Reacciones políticas en el continente
Mientras la situación se desarrolla, actores políticos de derecha en la región no ocultaron su satisfacción. En Argentina, el presidente celebró la supuesta captura con mensajes virulentos en redes sociales, proclamando que “la libertad avanza”, lo que generó indignación en sectores populares y opositores que reinterpretan el anuncio como un respaldo a la intervención extranjera en un país soberano. La situación que se vive en Venezuela abre un escenario altamente volátil. La falta de información verificada y las versiones contradictorias sobre la suerte de Maduro y Flores alimentan incertidumbre y temor. Al mismo tiempo, la movilización popular y la denuncia de agresión por parte de amplios sectores marcan el inicio de un ciclo de confrontación política que podría tener implicancias profundas en toda la región.

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Maduro se declaró “no culpable” frente al Tribunal de Nueva York

En el sistema judicial estadounidense, declararse “no culpable” ante una corte no implica que el acusado sea considerado inocente, sino que niega responsabilidad penal y obliga a la fiscalía a probar cada cargo más allá de toda duda razonable. Es un paso formal que activa el proceso judicial y protege derechos básicos de la defensa. En cambio, afirmar “soy inocente” es una declaración política o comunicacional, sin efectos procesales: los tribunales de EE. UU. no emiten veredictos de “inocente”, sólo de culpable o no culpable.

La distinción adquiere relevancia luego de que Fox News informara que Nicolás Maduro declaró su “inocencia” ante el Tribunal de Nueva York, donde además se definió como “prisionero de guerra” y reafirmó que sigue siendo el presidente de Venezuela. Mientras el plano judicial avanza por carriles propios, el discurso público se disputa en clave política y mediática, en un contexto donde la confusión terminológica contribuye a desinformar sobre el alcance real de las instancias legales en curso.

En paralelo, la ofensiva estadounidense desató fuertes reacciones internacionales. La Comisión Europea reclamó una “transición democrática” en Venezuela que incluya a referentes opositores como María Corina Machado y Edmundo González. Sin embargo, según fuentes citadas por The Washington Post, Donald Trump no habría impulsado que Machado asumiera el poder debido a que aceptó el Premio Nobel de la Paz, un dato que expone tensiones internas en la estrategia de Washington hacia el país caribeño.

Desde Caracas, el gobierno venezolano confirmó la muerte de 32 “combatientes cubanos” durante la operación militar estadounidense, a quienes atribuyó tareas de protección y defensa institucional. A la vez, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de urgencia para abordar el ataque. China calificó la acción de Estados Unidos como “ilegal y abusiva” y exigió la liberación de Maduro y su esposa, postura compartida por Rusia, cuyo enviado denunció un “acto de agresión armada” sin justificación posible y habló directamente de crímenes cometidos en la capital venezolana.

En el plano interno, el Ejecutivo venezolano decretó el estado de emergencia y ordenó a las fuerzas de seguridad iniciar la búsqueda y captura de todas las personas señaladas por promover o apoyar el ataque armado estadounidense. El escenario combina judicialización internacional, endurecimiento interno y un creciente aislamiento diplomático de Washington, en una coyuntura marcada por la guerra informativa, la presión geopolítica y una crisis que sigue escalando.

Mientras tanto ayer en las calles de Caracas se realizó una masiva movilización hacia el Palacio Miraflores pese a las amenazas de un segundo ataque por parte de Donald Trump. Manifestantes reclamaron la libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el fin de la intromisión estadounidense y la restitución del presidente.