Megacausa “La Perla”

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Frente a la noticia del suicidio del represor Aldo Carlos Checchi, quien fuera uno de los jefes del Centro Clandestino de Detención La Perla y se encontraba imputado en el juicio que comenzó en la mañana del martes 4 de diciembre, organismos de Derechos Humanos de la provincia de Córdoba expresaron, a través de un comunicado, “que es inconcebible que quienes están acusados de cometer graves violaciones a los derechos humanos se encuentren en condiciones que les permitan seguir atentando contra la vida, sea la propia o la de los demás”.
Firmado por Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba, Abuelas de Plaza de Mayo Filial Córdoba, Asociación Ex Presos Políticos de Córdoba, e H.I.J.O.S. Córdoba, el comunicado difundido por los organismos de Derechos Humanos afirma: “Hemos demandado insistentemente a la Justicia Federal que, de una vez por todas, aloje a los genocidas imputados adonde corresponde, en cárceles comunes. Nos preguntamos cómo es posible que un preso de la peligrosidad de Checchi, que se encontraba imputado por 103 delitos de lesa humanidad, un genocida de la última dictadura, tenga acceso a los medios que le permitan no sólo atentar contra su vida sino también impedir el normal desarrollo de un Juicio por crímenes de Lesa Humanidad cometidos hace más de 36 años.
Cecchi era oficial de Inteligencia del Ejército, y en la dictadura se desempeñó en distintas secciones del Destacamento de Inteligencia 141 desde 1976 hasta fines de 1979, con el grado de Capitán. Fue parte de la “patota” de La Perla, actuando también en otros centros clandestinos dependientes del Ejército. Fue además el sucesor de Barreiro como “jefe de interrogadores” de La Perla.
Hoy muere impune, sin poder ser condenado, conservando así su grado militar y su pensión con honores, como si nada hubiera sucedido durante los años en que actuó como miembro de la Patota de La Perla.
Una vez más, tal como sucedió con Cesar Emilio Anadón en 2004 y con tantos otros, Cecchi decidió terminar con su vida para no enfrentar un tribunal y dar cuenta de los cientos de crímenes que cometió. Su oscuro suicidio no escapa a lo que fue en vida este represor, tan “valiente” a la hora de secuestrar y torturar tan cobarde a la hora de enfrentar la verdad. Creemos que suicidándose no hace más que confirmar su responsabilidad frente a los crímenes por los que estaba acusado. Por ello si no hay justicia, hay escrache, y por ello no olvidaremos quién fue, las veces que fue nombrado por los testimonios de sobrevivientes, los crímenes en los que tuvo responsabilidad directa.
Es imperioso que los juicios se realicen sin más demoras ni dilaciones. Las mismas no hacen otra cosa que prolongar la impunidad de los asesinos que mueren o se matan sin recibir las condenas que merecen. No permitamos que otro genocida muera antes de ser juzgado”.