Emblema de la pelea contra la impunidad de los genocidas; luchadora incansable de numerosas causas; feminista y convencida militante. Este viernes su familia, sus amigas y sus muchos compañeros de lucha despidieron a Patricia con el mayor de los cariños. Por La Izquierda Diario.

“Las amigas no se pelean”. La frase, elogio de la amistad verdadera, queda flotando en el aire. Fiorella lee un texto de Tali Goldman, que pronto será libro. Rememora la relación entre su abuela, Elina Tejerina, y Nené, ambas compañeras de Rodolfo Walsh. Con esa lectura, despide a Patricia, su propia mamá, incansable luchadora.

En el homenaje a Patricia, realizado en el Salón Blanco del Congreso, estuvieron presentes también su hijo Mariano y toda su familia. También decenas de luchadoras y luchadores. Quienes enfrentan, desde hace décadas, la represión y la impunidad. Estuvieron ahí para despedir a Patricia. Entre otras y otros, el “Sueco” Lordkipanidse y Carlos Loza, del Encuentro Cachito Fukman; Osvaldo Barros y otros compañeros de la Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos; Charly Pisoni y otras y otros compañeros hijos de desaparecidos; Mario Santucho; Ana María Careaga; Lucía Coronel; Miguel Santucho, de Abuelas de Plaza de Mayo; Diego Morales, del CELS; Nora Podestad, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos; María Elena Naddeo de la APDH; Alberto Santillán, padre de Darío Santillán; Marta Ungaro, hermana de Horacio Ungaro; Silvia Bignami, del Movimiento Cromañón; Diana Kordon, de Liberpueblo.

Al sentido homenaje se suman periodistas como Adriana Meyer, Pablo Llonto y Agustín Lecchi (Sipreba); Cachorro Godoy, dirigente de CTA; el intelectual Claudio Katz, ex legisladores como Victoria Montenegro y Claudio Morresi; el diputado nacional Maximiliano Ferraro (CC).

En esta emotiva despedida está también el equipo de abogados y abogadas del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (Ceprodh), que representó a Patricia en varias causas de lesa humanidad. También dirigentes y referentes del PTS y del Frente de Izquierda como Andrea D’Atri, Andrea Robles, José Montes, Chipi Castillo, Nico del Caño, Raúl Godoy, Federico Puy, Gabriel Solano, Vanina Biasi y Juan Carlos Giordano, entre otros.

Y están, lógicamente, las amigas de Patricia. Chechu, la Rusa, Ale, Laurita, Martina. Ellas toman la palabra después de Fiorella. Llorando y sonriendo. Hurgando en sus propios recuerdos. Valorando esa enorme convicción que tenía su amiga frente al mundo.

Una amistad forjada en décadas de lucha. Contra un sistema político y judicial que había consagrado la impunidad para asesinos y torturadores. Contra los intentos de cercenar la lucha por justicia. Enfrenando, cara a cara, a esos crueles represores, que segaron la vida de una generación y aun se sentían (y se sienten) omnipotentes.

“Las amigas no se pelean. Tampoco se abandonan”. Cecilia Barrios retoma el hilo que tendió Fiorella. “Pato no dejaba a nadie sola. Ella siempre estaba”. Ella era, además, voluntad en movimiento: “Siempre encontraba el camino para seguir y seguir. Siempre tenía un proyecto”.

“Para nosotros fue una gran amiga sobre todo. Pero, sin lugar a dudas, fue una de las grandes luchadoras de este país”. Alejandrina Barry recuerda a Patricia como a una maestra. Como alguien que siempre encontraba una salida. “Lo que aprendimos de ella es que la resignación nunca es un camino, por eso digo que es un ejemplo de vida y de lucha”.

“Patricia también fue periodista”, rememora Martina Noailles, secretaria de Derechos Humanos del Sipreba. Se acuerda, también, de su enorme valentía: “Fue un gran ejemplo de mujer. Era una compañera con unos ovarios gigantes. En cada situación siempre tenía esa fuerza, esa tozudez. Parecía que estaba enojada. Pero era determinación”.

¿Qué es la tozudez sino una voluntad imparable por cambiar las cosas? Y esa voluntad se convirtió en política. Alumbró, entre muchas otras cosas, el proyecto de Ley dio fin a las infamias que constituían las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

“Me acuerdo que se bajaba los anteojos, te miraba directo y decía ‘escuchame Laurita’”. Patricia como la más grande del grupo; como la que reta al resto. Y al retarlas, enseña. Laura Villaflor va al pasado y trae la memoria de ese motor siempre encendido: “Patricia buscaba todos los intersticios posibles para seguir consiguiendo justicia”. Rememora aquel día en que, carpetita en mano, Pato fue a pedir el fin de la impunidad a los despachos de Casa Rosada.

La Rusa Bregman se emociona: “Vamos a extrañar su risa de costado, su ‘vení para acá querida’”. Recordar a Patricia es conmemorar su enorme voluntad de lucha: “Ella se plantaba para luchar por otra sociedad, para transformar la realidad. Se conmovía con cada hecho”. Es recordar su convicción militante: “Patricia era Patricia Walsh y usó el nombre de su padre para convertirlo en lucha”.

La Rusa despide a su amiga: “Vamos a extrañar su mirada sobre las causas, sobre lo que significa ni un paso atrás. Porque ni un paso atrás es ni un paso atrás. Seguimos peleando por la memoria, por la verdad, por la justicia”.

Decenas de gargantas le dan el último adiós a una luchadora. Sale un grito que es compromiso de lucha. Que es nuestro compromiso de lucha: ¡Patricia Walsh, presente! ¡Hasta la victoria siempre!

Imagen: Enfoque Rojo