Una vez más, la policía bonaerense mató. El jueves pasado asesinó a dos adolescentes e hirió gravemente a un tercero, durante una represión en José León Suárez. Una vez más, la versión oficial distó mucho de la realidad.
(Cecilia Litvin – Red Eco) Buenos Aires – “Tren descarrilado para ser saqueado”, “saqueo organizado”, “los primeros disparos fueron contra la policía”, “un solo efectivo confundido que tiró y mató”. Siempre las mismas explicaciones, las mismas excusas, los mismos titulares que apuntan a criminalizar a las víctimas y justificar a los victimarios.
Lo concreto, lo real es que Mauricio Arce Ramos de 17 años y Franco Raúl Almirón de 16, fueron asesinados el jueves pasado en José León Suárez por la policía bonaerense. Además, Joaquín Romero de 19, continúa internado con heridas gravísimas. 
La policía acudió a las inmediaciones del barrio “La Cárcova”, tras una denuncia realizada al 911 por un supuesto intento de robo a un tren del ferrocarril San Martín que había descarrilado.
Pero el accionar policial continuó cuando un grupo de familiares y vecinos de las víctimas escrachó la comisaría cuarta de San Martín. Allí fueron reprimidos y muchos de ellos detenidos (sin importar que la mayoría fueran menores de 18 años) y liberados al día siguiente.
“Hacen descarrilar un tren y la policía reprime”, “Mortal intento de robo a un tren”, “Dos muertos tras un tiroteo con la policía al intentar robar un tren”, “el descarrilamiento se produjo porque se arrojaron troncos cuando pasaba el tren”, “El descarrilamiento del tren fue un hecho delictivo, no social” fueron algunos de los títulos que llenaron diarios y canales de noticias durante esas horas.
Se suman, además, las primeras declaraciones realizadas por el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Ricardo Casal. El funcionario aseguró que una banda de narcos atacó la formación ferroviaria y defendió el accionar de la bonaerense.
Al respecto, desde Correpi señalaron: “Los medios justifican la represión y las muertes por el supuesto ´intento de robo´, como si ésa fuera razón suficiente para disparar y matar. Un mero llamado al 911 y la presencia de jóvenes de los barrios pobres del conurbano alcanzan para que sean sospechados de robar y su destino es que la policía los detenga o los mate”.
Ningún medio, ni funcionario tampoco mencionó que los jóvenes asesinados y heridos se dirigían, como cada tarde, hacia el Ceamse, a cartonear en busca de restos de comida o de algún material que luego pudieran vender, a cartonear para sobrevivir.
Con el correr de los días, la mira fue puesta en la comisaría cuarta. Fue intervenida y 15 de sus efectivos, separados de sus cargos. Luego, un policía fue detenido, señalado como el autor de los disparos que terminaron con la vida de Mauricio y Franco.
Nuevamente el caso se reduce a una comisaría, a un efectivo y no al conjunto de la Policía Bonaerense.
“No alcanza la tardía separación transitoria de los sospechados de las muertes crueles y vanas. Hay que cambiar de fondo la política de seguridad del gobierno que instala la idea de que los niños, jóvenes y adultos pobres y excluidos tienen menos derechos y que son los responsables de la inseguridad. Esas políticas son las responsables últimas de que tantos uniformados se sientan habilitados a disparar contra ellos porque creen que su vida no vale nada. Y lo hacen, además, sabiendo que cuentan con la impunidad que les garantiza esta política (…) Los crímenes de estos jóvenes no son hechos aislados, sino que se inscriben en los hechos cotidianos que ocurren en las comisarías, cárceles e institutos, con nuestros niños y jóvenes”, denunciaron los integrantes del Comité Provincial por la Memoria.
Los familiares, amigos y vecinos de Mauricio y Franco marcharon el martes pasado para exigir justicia. Justicia que no se alcanzará con la identificación y detención del autor material de los asesinatos, ya que para evitar que hechos similares se repitan hay que desmantelar la estructura y organización que permite que la policía continúe matando a jóvenes. Pero pareciera ser que esto no está entre los planes de quienes deben actuar para frenar la represión y la impunidad.
Nota relacionada: Los muertos de La Cárcova – Silvana Melo y Claudia Rafael (Agencia Pelota de Trapo)




