Se realizó la 8va marcha Nacional contra el Gatillo Fácil. Desde Plaza Congreso a Plaza de Mayo, las familias de los y las jóvenes asesinados por el Gatillo fácil marcharon para exigir justicia y denunciar estos asesinatos. A diferencia de otros años, además de visibilizar las imágenes de las víctimas, dejaron en la puerta de la Casa Rosada las fotos de los policías que los y las asesinaron. En una marcha repleta de pancartas con fotos, se escucha la voz de las madres: “Nuestros hijos e hijas gritan desde las miradas de sus imágenes”. Red Eco Alternativo

(Red Eco) CABA – Luego se realizó un acto frente a la Pirámide de Mayo, donde las Madres marchan en la rondadesde hace más de 40 años. Como esas familias y amigos que marchan todos los jueves, estas familias piden justicia para sus hijos, hijas, amigos, sobrinos: “Luchamos contra las injusticias de ayer y hoy. Lucharemos como nos enseñaron las Madres de Plaza de mayo”, “Queremos que nos vean y nos escuchen, no queremos ser invisibles, nuestra lucha es contra la impunidad de ayer y de hoy.

En esta línea, Carolina Vila, mamá de Lucas Cabello, joven sobreviviente del gatillo Facil, habló del “dolor de todos los familiares, pero también la lucha y el compañerismo, es muy importante que podamos estar acá y concientizar, proteger a los pibes, no hace falta que nos pase, nos interesa cuidar a la juventud”.

Después de la lectura del documento, subieron al escenario las madres y se realizaron entregas de presentes a distintas personas y colectivos que acompañan la lucha. Entre ellas, las madres de Cromagnon, que las acompañan y se diferencian de otras madres de víctimas, “Somos estigmatizados por otras madres de vìctimas, porque en muchos casos nuestros hijos si estaban cometiendo un delito.”

La familia de Agustina Galarza enfatizó que la búsqueda de justicia es larga, difícil, que duele, “pero lo que estamos haciendo acá es justicia, no se las vamos a hacer fácil.” Fueron varios los testimonios que enfatizaron en que no es solo justicia por los pibes que no están, sino también por los que sí están, para que no les pase, que al menos la policía asesina tenga condena social. Esa es la condena que queremos, la condena social.

Las familias denuncian que, a pesar de estar peleando una lucha desigual, “estamos, nos encontramos, hacemos visibles las injusticias. Queremos que nos vean y nos escuchen.” No se trata sólo de una denuncia contra la policía sino también contra la justicia. Las causas se caen por la pérdida de pruebas que desaparecen del juzgado, las penas son mínimas para los y las asesinos, el encubrimiento es un factor común, así como las causas armadas.

Por ejemplo, fiscales como en el caso de Paly Alcorta, el hijo de Emilia Vasallo, que demuestran la connivencia con la policía. En el caso de Paly la fiscalía pidió la absolución del policía Ariel Tolaba, que ya no trabaja en la provincia: ahora es policía de la Ciudad.

En los relatos del documento y de los testimonios de familiares que compartieron durante el acto parece haber continuidades, como si formaran parte de una misma obra. Además del accionar de la Justicia, muchos testimonios apuntan a la policía que hostiga y amenaza a los jóvenes, que busca que roben para ellos, en muchos casos se trata de jóvenes cuyas vidas están atravesadas por el consumo problemático. Pero no en todos, también hay casos como el de Lito Costilla, delivery asesinado a golpes por la policía en octubre de 2020 luego de un largo hostigamiento por negarse a pagar a la policía, una suerte de “peaje” que le piden a los jóvenes que tienen este trabajo.

Forman parte de la lucha de familias contra el Gatillo fácil casos como el de Sonia Colman, asesinada por una bala policial disparada en la calle, en las vísperas de la navidad del 2007.

Las víctimas son también jóvenes de comunidades originarias, jóvenes con detenciones forzadas, mujeres y personas trans, asesinados o encerrados a partir de causas armadas. En un testimonio del padre de Natalia Melmann, joven asesinada en Miramar, él analiza que: “Si bien no existe la pena de muerte, hay un guiño del Estado de permitir el asesinato de jóvenes, travestis, hay policías que disfrutan con el asesinato de nuestros jóvenes.”. Como en el caso de Natalia, se denunció el aumento de casos de femicidios y transfemicidios y la inacción del Estado para evitarlos.

Se hizo énfasis también en las muertes en comisarías que se disfrazan de suicidios: en 2021 hubo 83 muertes de detenidos en seccionales policiales en todo el país. No sólo las comisarías sino en las cárceles y espacios de encierro en general.

Los pueblos originarios también estuvieron presentes en la marcha. Entre otros, en el testimonio de la mamá de Ismael Ramírez, niño asesinado de una comunidad Qom en Chaco. Señaló no solo la responsabilidad del Estado en el asesinato de niños, sino que también enfatizó las muertes estructurales: “Se nos mueren niñas deshidratadas, desnutridas. También las niñas desaparecen, no las encontramos nunca más.” El 6 de septiembre se realizará una marcha en Sáenz Peña, Chaco, para pedir justicia.

Los presos políticos también forman parte de la denuncia contra la justicia. Se hizo presente Miriam Villalba, madre de Lilian, una de las niñas asesinadas por el ejército paraguayo. El 2 de septiembre se cumplen 2 años del doble infanticicio, 2 años de impunidad, “2 años preguntando qué pasó con Lichita, dónde está Lichita. A la que tienen encerrada por la muerte de Lilian y María Carmen es a su mamá”. Este 2 de septiembre se realizará una movilización frente a la Embajada de Paraguay.

El abrazo solidario, de contención, de amor colectivo estuvo presente durante toda la actividad: “Estamos aquí porque necesitamos el abrazo de todos ustedes. Nos dejaron en el piso, nos dejaron de rodillas, pero convertimos ese dolor en fuerza para salir a luchar.