Red Eco Alternativo ***

Los Soria

La audiencia 21 del juicio unificado “Pozo de Banfield”, “Pozo de Quilmes” e “Infierno” incluyó los testimonios de la esposa, la hija y la hermana de Miguel Ángel Soria, trabajador del Frigorífico Swift y del Astillero Río Santiago secuestrado el 6 de junio de 1976 entre Berisso y La Plata, visto en el CCD “El Infierno” e identificado por el EAAF como inhumado NN en el Cementerio de San Martín. Los Soria son otra familia atravesada por el Genocidio en nuestra región, que es espera justicia a casi 45 años de los hechos. Crónica realizada por HIJOS La Plata.

SU ESPOSO DESAPARECIDO Y ELLA ESCONDIDA
La audiencia inició con el relato de MARÍA ESTHER BUET, esposa del trabajador del Frigorífico Swift y del Astillero Río Santiago secuestrado el 6 de junio de 1976 entre Berisso y La Plata y visto en el CCD “El Infierno”. La testigo dijo que aquel día había quedado con su esposo en encontrarse en la casa de su suegra, donde estaba la hija de ambos de 5 años, para arreglar el pago del alquiler de la casa donde vivían en 18 entre 66 y 67 de La Plata. Cuando llegó a la esquina de su casa el verdulero le advirtió que había un operativo militar y se fue a la casa de su suegra en Berisso, donde también había un operativo con represores con autos y armas largas. Entonces, ya cerca de las 6 de la tarde, decidió irse a la plaza más cercana, donde se encontró de casualidad con su cuñado Rubén Soria, quien la llevó a la casa de una prima. Sin embargo, ya a las 9 de la noche, llegó otro operativo a esa casa. Ella se escondió en un placard y pudo evitar ser descubierta. Así un vecino se ofreció a llevarla a la casa del hermano de Buet. Allí estuvo escondida, en una casilla muy humilde, sin salir a la calle, hasta fin del año ’76 y casi sin poder ver a su hija, que fue criada por la abuela materna. La testigo dijo que hasta mucho tiempo después no pudo recuperar un vínculo con su hija.

En esa situación de encierro, un día decidió salir a la panadería y se encontró a Omar Cherri, apodado “Turco”, trabajador de Propulsora, activista sindical de una lista combativa y alternativa a la burocracia de la UOM y militante de Montoneros. Luego se enteró que Cherri había sido secuestrado el 11 de noviembre del ’76.

Buet agregó que tanto la casilla de su hermano como la casa de sus suegros, donde estaba su hija, fue constantemente vigilada por personal militar durante mucho tiempo. Sobre su esposo Miguel Soria dijo que de noche trabajaba en el frigorífico Swift y de día en Astillero Río Santiago, donde era delegado y militaba en la Juventud Peronista. Juntos participaban de actividades y tareas políticas. La testigo recordó a otros trabajadores de Astillero asesinado en aquella época como Jorge Gutzos. Gutzos fue sacado de su casa el 20 de marzo del ’76 y su cadáver acribillado apareción en la zona de Abasto junto al de sus compañeros de la fábrica Fortunato Andreucci y Luis Lucero.

El paso de Miguel Ángel Soria por la Brigada de Investigaciones de Lanús, con sede en Avellaneda, está constatado en el testimonio en el Juicio por la Verdad del sobreviviente de ese CCD Raúl Codesal, quien en 2003 relató ante la Cámara Federal platense que fue secuestrado el 1 de junio del ’76 de su casa de Quilmes, y llevado al Pozo de Quilmes y luego al de Banfield, y entre el 12 y el 20 de julio de ese año fue trasladado a “El Infierno”. “Ahí es donde lo encuentro” afirmó Codesal ante el juez Leopoldo Schiffrin, y agregó que “ahí estuvimos hasta el 30 de agosto, que fue cuando me remitieron a Devoto”.

La esposa de Soria dijo que el propietario al que le alquilaban en La Plata era Antonio Sotelo, sargento primero de la Comisaría 5ta de La Plata, dato que ellos desconocían.

Buet agregó que cuatro días antes del golpe de Estado ella había tenido que renunciar a su trabajo en el frigorífico Swift porque había recibido amenazas. En su trabajo había sido electa delegada, apoyaba algunos reclamos y había conocido a Néstor “Pichila” Fonseca, delegado de ATE y del Swift y militante de la JTP y Montoneros, desaparecido el 31 de mayo de 1978. Sus restos fueron identificados en Mar Del Plata por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Fonseca fue activo militante en época del “Rodrigazo” y dirigente de la “Coordinadora Sindical de Gremios en Lucha” que nucleaba a trabajadores no docentes, de Astillero, de Propulsora Siderúrgica, de Kaiser Aluminio y de SIAP, entre otras. También fue estudiante de cine en la UNLP y fundador del Grupo Cine Peronista de La Plata. Su nombre fue impuesto en septiembre de 2005 al edificio de la Facultad de Bellas Artes que funciona en el ex Distrito Militar.

Buet relató cómo fue el proceso de identificación de los restos de su compañero, enterrado como NN en el cementerio de San Martín y agregó: “me duele que la justicia todavía no se haya pronunciado sobre el caso de Miguel. Con este dolor no se puede vivir”.

La represión desplegada por la Triple A, la CNU, los grupos operativos de la Fuerza de Tareas 5 de la Armada, el Ejército, el directorio de AFNE encabezado por Enrique Carranza y la complicidad de los dirigentes de ATE Ensenada como Juan Horvat y Juan Carlos Marín dejó en el Astillero Río Santiago al menos 42 trabajadores desaparecidos, una decena de asesinados, más de 200 presos políticos y varios exiliados.

UNA BOLSA DE HUESOS
A continuación habló la hija de Miguel Soria, STELLA MARIS SORIA, quien relató que cuando llegó el operativo a su casa eran las 6 de la tarde, ella tenía 5 años y estaba mirando televisión. Un grupo de personas ingresó al domicilio y uno de ellos la subió en sus brazos y ella lo confundió con un amigo de su abuelo. En realidad se trataba del comisario Viola, numerario de la Brigada de Investigaciones de La Plata, que estaba al mando del operativo y era el único represor que estaba vestido de traje, ya que el resto estaban de ropa de fajina azul o verde y encapuchados.

En la casa estaban sus abuelos y su padre que había llegado del trabajo. Miguel se escapó por los fondos y no fue hallado, por lo menos en la casa. Los represores estuvieron casi 2 horas, revolvieron toda la casa y hallaron el documento de Miguel. “Ese 6 de junio nos cambió la vida a todos”, dijo Stella Maris. Agregó que su abuela fue a realizar la denuncia a la Comisaría 1ra de Berisso y no se la tomaron hasta una tercera vez. “Ahí empezó el peregrinar de mi abuela haciendo trámites, presentando Habeas Corpus, mandando cartas al Arzobispado, como hicieron la mayoría de los familiares”, afirmó la hija de Soria que dijo que los grupos operativos siguieron visitando la casa hasta mayo del año ’77. “Llegaban y pateaban la puerta todas las noches”, agregó. Esa situación se dio hasta que fue secuestrada María Seoane Toimil, psicóloga y trabajadora de Petroquímica Mosconi y por entonces novia de su tío Rubén Soria, secuestrada el 12 de mayo del ’77 y vista en el CCD “La Cacha”.

Stella Maris confirmó que hubo otro operativo en el departamento de sus padres en La Plata a cargo del Comisario Viola, quien en una oportunidad habló con la madre de Miguel Ángel y dijo que él no lo había detenido, pero fue coincidentemente trasladado a Lanús.

Además la hija de Soria detalló que el reconocimiento de los restos de su padre los realizó el EAAF en 2011, enterrado en una fosa común en el cementerio de San Martín.

En la 6ta audiencia de este debate la licenciada Sofía Egaña del EAAF especificó que las exhumaciones en San Martín se hicieron desde 9 fosas en el año ’84. Dijo que los restos totalizaron 25 bolsas enviadas a la Asesoría Pericial de La Plata y que en el año ’86 se re inhumaron las bolsas en el mismo cementerio. Luego en 2006, el trabajo del EAAF determinó que en esas bolsas estaban los restos de 35 personas de las que se identificó a 20, entre ellos a Miguel Ángel Soria, cuyos restos habían aparecido el 3 de febrero del ’77 en Ciudadela, junto al de una mujer, y tenía múltiples heridas en cráneo, húmero y fémur compatibles con pasaje de proyectil de arma de fuego. “En febrero del ’77 ya lo habían matado y seguían viniendo a mi casa”, reflexionó Stella Maris al respecto, y agregó que “es muy difícil entender cuando se llevan a una persona y te devuelven una bolsa de huesos. Es muy difícil hacer ese duelo”.

Stella Maris recordó que en su infancia debió abandonar el último año de jardín por un incidente con el capellán de la Armada La Roca, a su vez integrante de la Acción Católica y regente del Colegio San Francisco de Asís, que la hostigaba y hasta llegó a torturarla siendo una niña haciéndola arrodillarse para rezar. Su familia había ido a pedirle ayuda por el caso de Miguel Ángel, pero La Roca “trabajaba para ellos”, dijo Stella Maris. En dictadura la Armada tuvo 64 capellanes con grado militar dentro del vicariato castrense y muchos de ellos como el capellán de la ESMA Alberto Ángel Zanchetta aún no han rendido cuentas por su actuación como promotores del Genocidio.

“Es muy difícil reconstruir una vida a la que le falta algo. Yo me quedé con mis abuelos. Acompañé a mis abuelos hasta que no los tuve más”, afirmó Stella Maris y sentenció que “si hoy estoy acá también es por ellos, por mi viejo, para que se haga justicia”. Al finalizar su testimonio la hija de Soria pidió cárcel común y perpetua para los responsables de Genocidio. «Justicia por mi papá, por los 30.000 desaparecidos. Por todo lo que vivimos. Por todo eso pido justicia», concluyó.

GENOCIDAS DISFRAZADOS
La jornada concluyó con el testimonio de NORMA BEATRIZ SORIA, hermana de Miguel Ángel, quien confirmó lo expresado por su cuñada y su sobrina y agregó que al momento de los hechos ella era estudiante universitaria y vivía con sus padres en Berisso. Recuerda que hubo tres allanamientos. En uno de ellos los genocidas llegaron disfrazados, le llamó la atención uno con atuendo de El Zorro. Contó que cuando fue a hacer la denuncia a 1 y 60 reconoció a otro, que era jefe y llevaba en su uniforme dos tiras rojas. “El día que vinieron disfrazados nos hicieron tirar cuerpo a tierra; estaba yo y mi hermano menor. Nos dijeron que a nosotros y a toda la juventud ‘la tenían que eliminar porque éramos la pudrición’”, recordó Norma. Sobre el lugar exacto donde fue secuestrado Miguel Ángel dijo que no había certeza: “lo último que se supo fue que estaba saliendo por calle 66”, aseguró.

Por un cabo de apellido Obregón de la Comisaría 2ª llegaron a saber que en algún momento Migue Ángel había pasado por allí. Y agregó que en otra ocasión fueron con su madre a una dependencia militar, donde vieron a un jefe que resultó ser Federico Minicucci, uno de los imputados en este debate por su actuación como jefe del Regimiento 3 de La Tablada, pero “no nos dijo nada. Las mismas mentiras de siempre”, dijo Norma.

Sobre la vida después de perder a su hermano, la testigo dijo que “te queda el dolor, y aunque lo encontramos, se desarmó todo. Nos desarmaron a todos. Mi mamá le llevaba flores a los NN al cementerio. La vida no es la misma. Nos destruyó totalmente”, finalizó.

Por el caso de Miguel Ángel Soria están acusados en el debate el Director General de Investigaciones Miguel Etchecolatz, el ministro de Gobierno Jaime Smart, y el cabo de guardia de “El Infierno” Miguel Ángel Ferreyro, que vive desde 1977 en la esquina de calle 24 y 466 de City Bell en un nada despreciable chalet con pileta y quincho, donde actualmente goza del beneficio de la prisión domiciliaria.

Ectchecolatz, Smart y Ferreyro son tres de los cinco represores originalmente imputados en el debate, ya que los oficiales Bruno Trevisán y Rómulo Ferranti murieron impunes antes de que comience el debate.

El juicio continúa el 13 de abril con más testimonios de familiares de las víctimas y sobrevivientes del Genocidio. Se puede seguir en vivo todos los martes por la mañana por los canales youtube del CIJ y del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata.

 

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