Dos militantes del Partido Comunista, uno de la Federación Juvenil y otro de la región Rosario, fueron amenazados en los últimos días
Cuando María Soledad Laruffa llegó a su casa el 28 de octubre pasado a la noche, se encontró con la puerta abierta sin signos de violencia. Adentro, sus pertenencias estaban revueltas y el dinero colocado en lugares visibles. El material político del Partido Comunista estaba destruido y esparcido por toda la casa y su carnet partidario en la cama. Para María Soledad y sus compañeros de la Federación Juvenil Comunista de la Provincia de Buenos Aires, en donde ella milita, no hay dudas: no fue un robo, sino un acto mafioso con connotaciones políticas.
Desde la FJC afirmaron que a lo largo de este año han sufrido varios hechos similares como seguimientos, amenazas, teléfonos intervenidos, y hasta el intento de secuestro de una compañera. Esta situación motivó a que, además de realizar las denuncias, se desarrollara una entrevista con Aníbal Fernández (ex ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, actual Jefe de Gabinete). A pesar de esto, las intimidaciones continúan.
Lo mismo ocurre en Rosario. El Partido Comunista local denunció ayer en los Tribunales Federales, las amenazas telefónicas recibidas en su domicilio por el militante Nelson Suárez. A través de un comunicado, desde el PC lo atribuyeron “a la mano de obra desocupada que actúa con total impunidad amenazando no solo a militantes, sino a testigos, querellantes y familiares de los fiscales que llevan adelante el juicio a los genocidas de la pasada dictadura militar”. Tampoco desvincularon este hecho a la reciente detención del represor Carlos Sfulcini, señalado como uno de los cuatro asesinos que secuestraron y desaparecieron al dirigente comunista Rubén Tito Messiez, el 22 de agosto de 1977.
Suárez efectuó la presentación judicial acompañado por Leticia Faccendini, abogada de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre; Oscar Blando, de la Secretaría de Derechos Humanos, y los dirigentes del PC de Rosario, Cristian Rossi y Verónica Merayo.