El hecho ocurrió el 12 de julio pasado, en el marco de un robo. La víctima se llamaba Rubén "Teté" Soazo y tenía 24 años. Mientras los medios tradicionales reproducen las versiones policiales, Zumbido dialogó con su compañera y madre de sus cuatro hijos y con una de sus tías, quienes aseguran que el joven fue torturado antes de morir. Reproducimos la nota completa.
Por Soledad Arrieta – El Zumbido
Tanto el jefe de la policía Raúl Laserna como el Ministro de Coordinación Gabriel Gastaminza celebraron la actuación de los efectivos que asesinaron a Soazo el pasado 12 de julio, brindando con su discurso impunidad al accionar abusivo de las fuerzas no solo en este caso.
Los medios corporativos se pisan a sí mismos con las versiones “oficiales” y las pericias; siguen hablando de que el joven de 24 años “abrió fuego” y “por eso” los policías dispararon, difundiendo los agradecimientos del matrimonio que habitaba la casa cuando Soazo ingresó a robar y victimizando a uno de los uniformados con que está amenazado de muerte y con custodia.
Ningún medio, a excepción de este, habló de “Teté” como una víctima de la violencia estatal encarnada en su brazo armado. Las pericias determinaron que en la “escena del crimen” –al que nadie llama “crimen”, porque el muerto estaba cometiendo un delito- no había vainas del arma que portaba Suazo, lo cual indica que jamás disparó.
Rubén “Teté” Suazo estaba casado y tenía cuatro hijos, el menor de 10 meses. Su familia supo lo que pasó seis horas después de que lo mataran.
“No sabemos si lo mataron adentro de la casa o si lo terminaron de matar en la comisaría”, dice su compañera y madre de sus hijos: “tenía golpes, quemaduras, los dedos reventados, le faltaban dos dientes”.
La familia aún no tiene el resultado de la autopsia que se practicó sobre el cuerpo del joven, pero todos y todas aseguran haber visto los mismos signos en el cadáver. Su mamá fue la encargada de ir a cambiarlo para el velorio y allí se encontró con información que no coincidía con la que estaban difundiendo los medios a través de las versiones policiales. “No pudo seguir”, dijo su hermana: “tuvo que pedir ayuda para terminar de cambiarlo, ella no pudo con todo lo que vio”.
“Él tenía disparos en la espalda, en los brazos, en las piernas, en la sien, los dedos de las dos manos todos machucados, un corte en la frente, un golpe en la boca donde le faltaban dos dientes y rasguños”, contó una de las tías y denunció que “eso no salió en los medios ni en ningún lado” y que “si lo mataron a balazos, ¿por qué tiene todas esas marcas?”
Las mujeres relataron que también “hay versiones de vecinos de que a él lo sacaron esposado y se lo llevaron a la comisaría”.
Para finalizar, mientras las corporaciones comunican que el asesino policial está amenazado de muerte y con custodia, la familia de Rubén Soazo dice tener miedo porque “todos los días están pasando patrulleros y hacen como que nos van a disparar”.
Rubén “Teté” Soazo estaba robando cuando fue asesinado, pero no por eso su muerte es menos importante que otra. Lo mató el Estado con las balas que garantiza a la institución policial para que haga lo que quiera; a los policías los felicitaron los funcionarios que siguen sumando pibes a sus listas de víctimas para garantizar la “paz social”; a los funcionarios los promocionó el periodismo de derecha en los medios corporativos; a los medios corporativos los sostienen los gobiernos… Y la enumeración podría seguir.

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