La muerte de Jorge Rafael Videla, como toda noticia de relevancia, dio la posibilidad para que medios gráficos nacionales plantearan desde su relato los intereses políticos que cada uno representa.
(Ramiro Parodi-Red Eco) Argentina- Las palabras no bastan. Todo lo que salga en los medios es poco. No hay forma de describir qué fue Videla y los adjetivos parecen insuficientes. De todas maneras, la muerte del dictador fue una nueva oportunidad para ver cómo La Nación, Clarín y Página 12 ponen en juego sus intereses y su línea editorial. Algunos periodistas hablaron de “unanimidad” por parte de los medios, a la hora de tratar el tema.
Esta idea es producto del discurso instalado, y parte del sentido común, que sugiere que “nadie puede defender lo que pasó en la dictadura”.
Justamente trataremos de mostrar que tal “unanimidad” en realidad no sucedió.
Página 12 desarrolló un recorrido histórico interesante. Su corte progresista hizo que esta noticia fuera una oportunidad para reforzar la confianza con su lector. Pero de todas maneras, aprovechó para, por ejemplo, atacar a Mauricio Macri y su entorno por su desinterés ante un suceso de este tipo.
La Nación nombró a Videla con adjetivaciones que seguramente a sus lectores le molestan mirar. De todas maneras, complació a su público con humanizaciones del personaje más siniestro que habitó la política Argentina y manejó, por momentos, un discurso piadoso emparentado con “lo pasado, pisado”.
Clarín se centró en cuestiones como el entierro y obvió el recorrido histórico en profundidad porque el medio se sabe cómplice de ese momento de la historia. Pero su estandarte lo levantó Lanata y, tras una comparación con poco fundamento, sacó provecho de la noticia actual y reforzó su idea de que “estamos viviendo en una dictadura”.
Página 12 no desaprovechó la oportunidad de pegarle a Mauricio Macri
Por lejos, el más contundente. Desde su tapa (1) hasta en sus denominaciones. El diario lo llamó “tirano” y “el mayor genocida de la Argentina”. A la vez fue el único medio que definió a la última dictadura como “cívico-militar”. El diario resaltó reiteradas veces el hecho de que haya fallecido preso y enjuiciado. Lo hizo a través de sus periodistas pero también dándoles la voz a las madres de Plaza de Mayo, Taty Almeida y Nora Cortiñas.
Por otra parte, destacó “la destrucción económica” que impulsaron Videla y Martínez de Hoz y la definió como “las bases del neoliberalismo económico de los 90”.
Finalmente el periódico no desaprovechó la oportunidad de pegarle a Mauricio Macri por sus declaraciones ante la muerte de Videla. “Macri y los suyos fueron escuetos como un haiku en los comentarios” (2), escribió Werner Pertot.
La Nación: Un Videla humano, un tipo común, una representación sin memoria
Seguramente fue el diario mas observado desde que se supo la noticia. Muchos especularon con sus denominaciones y sus avisos fúnebres. Lo cierto es que el diario se animó a denominarlo “dictador”, “ex dictador” y “símbolo de la dictadura”, aunque muchas veces también prefirió llamarlo por su nombre y apellido completo. A su vez, con su clásica ética cristiana, el diario fundado por Mitre hizo especial énfasis en que la muerte de Videla no debe alegrar a nadie.
En cuanto a los avisos fúnebres fueron pocos pero nefastos, dieciocho en total: “Gracias mi Teniente General”, “Murió en injusto cautiverio” y “Comandó la guerra interna revolucionaria contra el terrorismo subversivo apátrida”. Fueron algunas de las palabras que salieron publicadas en dicha sección.
Hay dos notas especialmente curiosas en La Nación que están en la misma línea. Por una lado la escrita por Mariano Wullich denominada “Los últimos días que vivió dentro del penal” (3). Allí hay un colosal esfuerzo por humanizar la figura del dictador. Lo nombra siempre por su nombre y apellido e incluso le dice “el ex presidente de facto”. Comienza así: “Los últimos días de Jorge Rafael Videla fueron tan sufridos como intensos. No bien comenzó la semana, perdió el equilibro mientras se duchaba en el penal de Marcos Paz y, de allí en más, tras golpear su cadera contra el piso mojado, se acentuó su dolor físico.”
Luego hay una descripción de todos los padecimientos físicos que sufría y una foto de él sentado en su cama con un Cristo crucificado detrás que enternece la escena. Finalmente una cita termina de crear un Videla humano, un tipo común, en definitiva, una representación sin memoria. Citando a compañero de celda Wullich escribe: "(Videla) Jamás perdió su dignidad y entereza. A pesar de que nosotros tratábamos de impedírselo, él lavaba sus cosas y todos sus utensilios".
La otra nota que deja al desnudo la ideología de La Nación es un pequeño recuadro escrito por Héctor Ricardo Leis llamado “La tarea de perdonar lo imperdonable”(4). El periodista señala, entre citas de autoridad filosófica de Jaques Derrida y Tzvetan Todorov: “Los argentinos perdimos la oportunidad de hacernos un bien a nosotros mismos, al no saber perdonar a un Videla anciano para que muriese en paz en su casa, junto a su familia.”
Luego, todo su saber erudito se desmorona y redacta dos párrafos en los que habla de sujetos “buenos” y “malos”. Propone: “Que alguien haya sido un hombre malo no autoriza a un hombre bueno a ser injusto con él.” Parece que el escritor se olvida que justicia es encarcelar a un dictador que ideó un plan macabro del que fueron víctimas 30.000 personas y no pensar que porque Videla tenía arrugas en la cara sus actos en el pasado se pueden borrar en nombre de una piedad que no hace justica.
Finalmente queda para destacar la postura de Beatriz Sarlo quien dentro de este diario escribió sin pelos en la lengua: “Fue un hipócrita que, arrodillado en todas las iglesias, se asignó una misión sangrienta. Le dio un rostro adusto a la peor dictadura que vivió la Argentina. Nadie podrá recordar un solo acto público que lo redima de estas manchas morales indelebles.”(5)
Clarín: una comparación muy forzada entre la dictadura del 76 y la “dictadura K”
Es probablemente el grupo económico que más se benefició con el gobierno de Videla. Esta puede ser una de las razones por las cuáles su análisis sobre su muerte no recorrió la historia de este personaje con la intensidad que sí lo hizo, por ejemplo, Página 12. Clarín se centró en cuestiones como “la incógnita sobre su entierro”.(6)
A la hora de hablar de los procesos de enjuiciamiento tuvo mucho cuidado en atribuirles esa responsabilidad a los gobiernos kirchneristas y prefirió adjudicarle eso a “la justicia”. Por otra parte, Clarín no perdió la oportunidad de interpelar a la presidenta y le recordó “la última provocación de un dictador: cuando llamó a armarse para enfrentar a Cristina”. (7)
La nota de color la dio Jorge Lanata en su nota “Videla murió, pero no se acabó la rabia”(8). Luego de decantar una comparación muy forzada entre la dictadura del 76 y la “dictadura K” llega al límite de preguntarse: “¿Son tan distintos los militares que se pensaban anteriores a la Nación que el grupo que sostiene el monopolio de lo nacional y popular?”.
Notas:
1- http://www.pagina12.com.ar/diario/principal/index-2013-05-18.html
2- http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-220305-2013-05-18.html
3- http://www.lanacion.com.ar/1583213-los-ultimos-dias-que-vivio-dentro-del-penal
4- http://www.lanacion.com.ar/1583194-la-tarea-de-perdonar-lo-imperdonable
5- http://www.lanacion.com.ar/1583224-videla-pertenece-al-septimo-circulo-el-de-los-violentos
6- http://www.clarin.com/politica/restos-Videla-siguen-entierro-incognita_0_921508190.html
7- http://www.clarin.com/politica/provocacion-dicatador-armarse-enfrentar-Cristina_0_920908147.html
8- http://www.clarin.com/opinion/Videla-murio-acabo-cultura-autoritaria_0_921507957.html




