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Mientras una decena de manifestantes se encadenaban simbólicamente a la Municipalidad de Vicente López, y un grupo mayor se concentraba en las puertas del edificio; otra manifestación por cuestiones similares se realizaba a pocas cuadras, en la Quinta de Olivos, donde la presidenta Cristina Fernandez se reunía con su par uruguayo.


(Facundo M. Nívolo – Red Eco)Buenos Aires – El reclamo realizado ayer por los vecinos de Vicente Lopez viene de la mano de un pedido: ser escuchados por las autoridades de turno y por los medios de comunicación.  Son vecinos que cuestionan al municipio por la construcción de una autopista a orillas del Río de la Plata, denominado vial costero.
Dicho proyecto es una consecuencia de la votación ilegal de excepciones al Código de Ordenamiento Urbano para megaproyectos inmobiliarios, donde se derivaron un total de 140 hectáreas fiscales de la zona costera de Vicente López para negocios privados. Las excepciones fueron aprobadas en la madrugada del 24 de diciembre de 2004, sin concejales de la oposición, sin estudios de impacto ambiental, sin atención a las recomendaciones de Vialidad Nacional ni audiencias públicas.
Para su construcción, el vial costero contará con $54.000.000 del Estado Nacional y conectará las torres y el shopping de la calle Laprida con las torres de la calle Irigoyen. En un principio, la autopista tendrá 16 cuadras de largo, cuatro carriles, dos en cada sentido, un carril más para estacionamiento de cada lado, una plazoleta central y una vereda de 6 metros de ancho.
05pg.jpgEl día en que la presidente Cristina Fernández de Kirchner y su par de la República Oriental del Uruguay, José Mujica, se reunieron a metros de la Municipalidad, en la Quinta de Olivos,  también el pueblo se manifestó por cuestiones casi idénticas.
Entre los intereses económicos y la degradación alarmante del planeta, entre ambos presidentes y la Haya,  entre las disculpas y amistades territoriales,  están los pueblos: sin negociar, sin vestir trajes, sin cancilleres de por medio, ni helicópteros ni circos de cámaras; dejan todo: sus energías, entregan su cuerpo y resisten, para que las heridas a la madre tierra no nos sigan poniendo de rodillas ante los intereses de quienes tienen una idea de que el progreso sólo puede ser en detrimento de los espacios naturales,  de nuestro hogar, que entrega lo que es público a lo privado, decisiones que siempre van en contra del futuro, de las nuevas generaciones, confundiéndose, trastocándose los valores, olvidando lo único de debería ser incuestionable, impostergable e innegociable: la vida.

Fotos por Facundo M. Nívolo, y Natalia Cabaleiro