El jueves 21 llegaron al aeropuerto de Estambul los 430 activistas internacionales recientemente liberades luego de haber sido secuestrades en aguas internacionales por el Estado sionista. Al recuperar su libertad y romper el aislamiento, comenzaron a denunciar las brutales condiciones de su cautiverio, revelando que tras el violento abordaje militar se desplegó un operativo inmediato de tortura psicológica, degradación física y violencia sexual planificada. Por Jimena Sofía – Integrante de Judíes por Palestina – Publicado en Prensa Obrera.
Hasta el momento, los testimonios denuncian a más de 40 personas con huesos quebrados y heridos graves que necesitaron atención médica de urgencia apenas bajaron del avión, asistencia que les había sido deliberadamente negada por el ejército israelí. A los numerosos casos de tortura física y psicológica se suma la gravísima denuncia de al menos 15 personas acosadas sexualmente, entre las cuales se confirmaron casos de violaciones sexuales.
Lo que vivieron estes activistas de alrededor de 44 países que trasladaban ayuda humanitaria hacia Gaza es la extensión internacional de un método estructural. Como les propies militantes denuncian en cada oportunidad, este horror es solo una muestra de lo que sufren diariamente miles de palestines secuestrades en esas mismas cárceles del sionismo. La utilización de la violencia sexual como arma de guerra por parte del ejército y de los colonos es sistemática y constituye una abierta política de Estado en Israel.
Tortura e impunidad institucional
Esta política estatal quedó demostrada con el caso de los soldados filmados por cámaras de seguridad mientras violaban en grupo a un detenido palestino en el campo de concentración de Sde Teiman. Tras un juicio (que incluso generó movilizaciones de la sociedad civil israelí en apoyo a los violadores), los militares fueron absueltos y reincorporados al servicio activo bajo la defensa abierta de diputados oficialistas. A este prontuario de impunidad jurídica se suman las denuncias documentadas por la propia ONU sobre el uso de perros militares adiestrados específicamente para cometer violaciones contra los prisioneros.
Mientras el régimen sionista intenta venderse al mundo a través del pinkwashing como el lugar más seguro de la región para mujeres y LGBTIQ+, hacia adentro hace uso del terror sexual. Este método sistemático en contextos de ocupación está categorizado internacionalmente como crimen de lesa humanidad, diseñado específicamente para humillar, deshumanizar y quebrar la moral del pueblo oprimido, y en este caso, también de quienes se solidarizan con él.
Complicidad internacional y la salida en las calles
La institucionalización de esta barbarie es tan abierta que el propio Ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, subió a sus redes oficiales videos de los detenidos humillados y maniatados a modo de trofeo. Más allá de algunas tibias reacciones condenatorias por redes sociales frente al escandaloso video, los gobiernos imperialistas y cómplices de este genocidio no han tomado ninguna acción concreta frente a semejantes aberraciones de impacto internacional.
Frente a la complicidad tenemos que continuar movilizades denunciando este genocidio en las calles de todo el mundo. Por una Palestina libre del río hasta el mar.
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