Un informe de ATE y Feminismo Sindical revela que al 55% del personal público no llega a fin de mes con su trabajo y el 87% registra deudas vigentes. La salud mental, el consumo y la participación gremial están en jaque. Por Canal Abierto.

Lejos del espacio de privilegio con el que sus detractores siempre intentaron denigrarlo, el trabajo en el estado nacional se compone de un ejército de trabajadoras y trabajadores que no llegan a fin de mes, se endeudan para comprar comida y suman horas extras en plataformas digitales para recomponer un ingreso que el gobierno de Javier Milei licuó sin piedad. Así lo retrata el reciente informe elaborado por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y Feminismo Sindical, que expone el grado de descomposición salarial en el sector público.

El dato de fondo es lapidario: más del 50% del personal estatal ya no puede subsistir con un solo empleo. El 55% confiesa que tuvo que salir a buscar un segundo trabajo para tapar el agujero que dejó la inflación y la devaluación. Y no se trata de un extra ocasional: el 57% de esos trabajadores sumó más de cuatro horas diarias a su jornada habitual. Entre las mujeres, el cuadro es aún más crudo: casi el 34% trabaja entre 8 y 12 horas al día, mientras que más del 10% de los varones supera las 12 horas diarias de labor.

Pero el pluriempleo no es la única vía de escape. El endeudamiento dejó de ser una herramienta de progreso para convertirse en un salvavidas de oxígeno. Según el relevamiento, el 87% de la plantilla estatal registra deudas vigentes, y el 60% de esas deudas se contraen exclusivamente para comprar alimentos. Le siguen los medicamentos (28%) y el pago del alquiler (16%). El 63% destina el financiamiento a saldar resúmenes de tarjetas de crédito y el 45% a refinanciar compromisos previos. Una bola de nieve que no para de crecer.

La usura financiera se cuela en los bolsillos de los estatales a través de instrumentos de alto costo: el 70% recurre a tarjetas, el 45% a préstamos personales, un 27% a créditos digitales por celular y el 21% solicita anticipos de sueldo. La desesperación es tal que el 54% ignora la tasa de interés que termina pagando, mientras que el 52% ya registra atrasos en sus pagos.

Este cuadro de emergencia encuentra su correlato exacto en las cifras del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE). Según su último análisis, el salario estatal quedó 23% por debajo del nivel que tenía al asumir Javier Milei. En términos concretos, cada trabajador estatal perdió, en promedio, 14,9 millones de pesos desde diciembre de 2023, una cifra que licuó cualquier intento de recomposición por paritarias y que profundizó la brecha entre el haber nominal y la canasta básica.

El informe de ATE ya advertía que el salario no alcanza para cubrir esa canasta, y el estudio del MATE viene a ponerle número y fecha a esa caída libre. No es un ajuste más: es el más violento contra el sector público en décadas, y se inscribe en una política deliberada de vaciamiento del Estado y de castigo a quienes lo sostienen.

El impacto no se mide sólo en pesos. El relevamiento de ATE y Feminismo Sindical muestra cómo la crisis salarial se tradujo en un ajuste feroz dentro de los hogares al punto que el 79% suspendió actividades recreativas; el 73% redujo la compra de alimentos o migró a marcas más baratas; el 72,8% vio severamente lesionada su economía por el pago de coseguros médicos y el 37% ya se atrasó en las facturas de servicios públicos.

Y como no podía ser de otra manera, el deterioro de las condiciones de vida golpeó de lleno la salud mental. El 85% del personal reporta un impacto negativo, con ansiedad (73%), angustia (64%), agotamiento (64%), desánimo (60%) e insomnio (55%) como principales síntomas.

Pero quizás uno de los datos más políticos del informe es el que da cuenta del retroceso en la organización colectiva. El 20% de quienes militaban en espacios comunitarios o sindicales abandonó la participación, y un 43% debió reducir su presencia. El cansancio físico, la falta de tiempo y los escasos recursos no sólo ajustan el bolsillo: buscan fracturar el tejido social y la capacidad de resistencia de quienes sostienen el Estado día a día.

El informe también pone la lupa en la desigualdad estructural. Las mujeres estatales no sólo ganan menos y tienen más dificultades para acceder a cargos jerárquicos: ahora soportan una carga laboral total muy superior a la de los varones. Mientras ellas diversifican sus ingresos sumando horas de docencia o venta por plataformas digitales, ellos recurren mayoritariamente a aplicaciones de transporte o comercialización digital.

Y a eso se suma el trabajo no remunerado: el 80% de las mujeres sostiene de manera exclusiva las tareas domésticas y de cuidado familiar. La doble, triple y cuádruple jornada se ha convertido en el modo de vida de las trabajadoras estatales, mientras el gobierno nacional insiste en desguazar salarios y derechos.

El cuadro es el resultado de un modelo que ajusta sobre el salario y el trabajo, mientras los sectores concentrados siguen ganando. Desde ATE y Feminismo Sindical advierten que sin recomposición urgente del haber estatal, la crisis no hará más que profundizarse. Por ahora, los datos hablan por sí solos: 23% menos de salario real y 14,9 millones de pesos perdidos por trabajador. Y un Estado que se vacía mientras sus empleados se endeudan hasta el cuello para poner comida en la mesa.

Ilustración: Marcelo Spotti.