Las elecciones del 7-O están en el centro de las preocupaciones de la política continental y en la mira de los cálculos geopolíticos del imperio dominante. La razón es simple: se trata de un proceso político, que en algunos momentos ha asumido expresiones directamente revolucionarias. Todas las contradicciones, falencias y deformaciones del proceso bolivariano deben inscribirse en esa dinámica y contexto.
(Modesto Emilio Guerrero para Red Eco) Venezuela – La frase común en América latina desde 2011, “de lo que pase en Venezuela depende América latina” es un poco exagerada en entusiasmo pero contiene una verdad: si Chávez no ganara las elecciones del 7 de octubre se producirían movimientos tectónicos en la política continental en varias dimensiones. Movimientos, izquierda, Estados, gobiernos y la relación con EEUU y el sistema regional de Estados. Los llamados nuevos movimientos sociales lo vivirían como “una derrota”. Y lo sería en varias dimensiones.
Tendencias y fantasmas
Las explosiones en las plantas petroquímicas de Amuay no lograron alterar el curso del proceso electoral ni sus previsibles resultados. Nada autoriza a considerarlo el primer “hecho catastrófico” del llamado “Plan B” de la oposición. El propio presidente Chávez ordenó una investigación e invitó a esperar sus resultados para pronunciarse.
Las declaraciones más recientes de una autoridad yanqui amenazando a Venezuela la dio el ex embajador de Estados Unidos en Venezuela, Patrick Duddy, este 17 de septiembre. Hay que tomarlo en serio, por el solo hecho de que somos el “Estado problema” para el sistema de dominación hemisférica. Pero sin olvidar la relación de fuerzas indicada por el contexto internacional, económico, político y geomilitar en el que se mueve Estados Unidos. Hoy está más preocupado en resolver su embarramiento en Afganistán y Siria y resolver por la vía menos costosa la gran traba de Irán en el Golfo y la cercana Asia, que en meterse en un infierno en la subregión sur de América latina.
Los grupos más fuertes de la burguesía internacional y la más grande de la local, se preparan para una victoria del chavismo. El Bank of América recomienda “Arreglarse con el gobierno del Señor Chávez”. Ese es el mensaje de los dueños del circo.
Por supuesto, serán inevitables los intentos criminales de los grupos más violentos y desesperados de la MUD y fuera de ella, pero serán menores. La relación de fuerzas internas no les permite más de lo que pueden, aunque quieran
más.
Los últimos reveses de personalidades idas de la MUD, la expulsión de uno de sus dirigentes y feroz disputa interna por los puestos, en los meandros de la MUD, señalan, por lo menos, que las tendencias estadísticas del voto se mantienen como estaban hasta la segunda semana de septiembre: Chávez ganaría con 2, 8, 12 o 18 puntos de ventaja, según la encuesta, pero ganaría.
Para la oposición burguesa, ganar con 1 punto sería ganar todo, o sea, una derrota para el gobierno.
Para el chavismo la dialéctica se invierte: Si gana con poco (entre 2 y 5 puntos, digamos) se fragilizaría el estado general de su gobernabilidad. Esto es más evidente cuando relacionamos el porcentaje de votos probable, con el programa de gobierno que enarbola Hugo Chávez. Su contenido es tan radicalmente positivo, que requiere un consenso social mayor para sostenerlo, y eso, el 7 de octubre, se mide en votos.
El péndulo chavista
Dentro de Venezuela se han realizado 124 encuestas entre febrero y julio, todas dedicadas a verificar las expectativas del voto presidencial para el 7 de octubre, la imagen presidencial, el porcentaje proyectado para cada candidato, y la apreciación que tiene la gente sobre la obra de gobierno (Archivos: sitio web PSUV, Aporrea e Hinterlaces, agosto 2012).
Sobre esa base estadística y la consulta a una decena de cuadros políticas regionales en las cuatro provincias que deciden el 74% del padrón electoral, estimamos que Chávez ganará con una ventaja de entre 5 y 8 puntos sobre
Capriles Radonski.
A pesar de la campaña iniciada por medios amigos de la oposición venezolana en la tercera semana de agosto, con el mensaje que da como “pareja la expectativa de votos” para ambos, el hecho es que entre febrero y agosto, sólo dos estudios de opinión dieron ganador al candidato de la burguesía.
El dato más sensible, y menos considerado por las encuestadoras y la mayoría de los analistas, es el de los indecisos, una población electoral que suma alrededor del 32%. Suficiente para colocar al chavismo en aprietos en octubre, en diciembre y en abril.
Esta variable afectaría en mayor medida al candidato del gobierno, afectado por una suma de desgaste “natural” de casi 14 años de gobierno, defectos gubernamentales por burocracia, ineficiencia y corrupción. Su resultado electoral es el llamado “Congelamiento del voto chavista”, que sumaría unos dos millones de militantes molestos o incómodos.
El contrapeso a estos riesgos del gobierno son varias Misiones sociales, entre la que destaca el impacto social de la construcción de viviendas.
En un contexto político determinado por las elecciones y los poderes institucionales, el voto por Hugo Chávez adquiere el carácter progresivo que él asume en su “Programa de la Patria”, cuyos postulados son correctos, a pesar de sus declaraciones contradictorias defensoras del estatismo.
En el actual escenario continental, es el personaje que le confiere el toque de izquierda al conjunto latinoamericano, donde los signos de regresión se manifiestan en las políticas económicas concentradas en el extractivismo, el estatismo como régimen político y el neodesarrollismo como estrategia.




