Dos agendas de distinta naturaleza hicieron coincidir la llegada del Papa Francisco a las calles de Brasil, con la aparición en este mundo del primer bebé varón de la realeza británica en muchas décadas, como si los destinos de ambas corporaciones milenarias, la Iglesia y la Monarquía, se confundieran en el mismo propósito de perpetuarse, a pesar de todas las revoluciones y todos los avances democráticos adquiridos por la humanidad. Por Modesto Emilio Guerrero – Especial para Red Eco
(Modesto Emilio Guerrero – Especial para Red Eco) Mundo – Como suele ocurrir, el secreto de tamaña capacidad de acomodación en las turbulencias de vida social, está en la gente, fuente de toda legitimación, y también de lo contrario.
Millones salieron a las calles de Río de Janeiro y Londres para celebrar las dos apariciones celestiales. El Papa Francisco ha despertado un fervor solo equiparable a los alcanzados en los últimos siglos por dos papas: Juan XXIII y Juan Pablo II en sus primeros años anticomunistas. Ambos resultaron de dos crisis graves de la Iglesia.
La Iglesia estuvo en problemas cada vez que la gente se alejó de la fe y del enorme aparato que las sostiene, y salió de ella cuando puso en orden ambas cosas. Al vivir de la fe, depende de la gente mucho más que cualquier otro aparato ideológico. Esta relación es la que ha ingresado a una fase de alto cuestionamiento hace ya varios años para la Iglesia católica.
Declarar, como ha hecho el Papa, que la Iglesia “necesita de una revolución” (Corriere della Serra, 27 junio), o conminar a sus 230 mil jóvenes y acólitos congregados en Copacabana, lo más similar a los “militantes” en la política, a “salir” y hacer “líos” (“Quiero líos, quiero a la Iglesia en la calle”, Telam, 26 de junio), es demasiado para una institución dedicada a lo contrario desde el origen de los tiempos.
El que dice estas expresiones inusuales en la historia de la Iglesia, es el obispo que escribió el Documento de Aparecida (Brasil, 2007) en el que diagnosticó la crisis actual y el programa para resolverlo. Aunque en el mismo escrito condenó los derechos sexuales de las minorías, entre otros dogmas intocables.
Ese documento fue el que se llevaron a sus despachos más de mil cardenales, y desde que es Papa entregó, como si se tratara de un programa o una declaración política, una treintena de presidentes de América latina, Norteamérica, Asia, África y Europa. Con ese documento, Bergoglio/Francisco comenzó una cruzada. Primero como manifiesto de reforma conservadora, luego como postulado oficial de Roma, convertido en instrumento institucional de militancia (acción) para más de 300 mil sacerdotes (lo más parecido a un cuadro político) y para adoctrinar a centenas de miles de hermanos (activistas), propagandistas y organizadores de una cruzada de renovación de la fe en el orbe.
Esa es la batalla mundial que Francisco ha comenzado en Brasil, país clave en el dominio mundial de la fe católica.
La renuncia del papa Benedicto (el alemán Ratzinger) fue el primer acto de esa cruzada, pero en sentido negativo, por la inacción. Se fue. El segundo acto es el que ha comenzado con el Papa Francisco. Al contrario de su sucesor, a este Para debemos medirlo por la acción que ha comenzado.
Esa abdicación papal contuvo todas los signos de la crisis. Ocurrió para evitar una explosión interna que estaba en marcha desde hacía un tiempo.
Dos buenas explicaciones las dan dos especialistas argentinos, el teólogo militante Rubén Dri y el sociólogo especializado en el tema, Fortunato Mallimaci, investigador del CONICET.
“…Los gestos no alcanzan, si no se transforman esas estructuras que han llevado a una crisis tal que el propio Ratzinger tenga que renunciar. Esto no se entiende si uno no ve la profundidad que significó en la Iglesia Católica, que su máxima autoridad, que era infalible, considerado como sucesor de Jesuscristo, no de los apóstoles, el Rey de Reyes, hasta incluso calificado como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas del mundo entero, diga renuncia, me voy”, afirmo Mallimaci. (Miradas al Sur, domingo 28 de julio, 2013, 8 y 9)
Y Dri advierte, desde otro ángulo, que Bergoglio llegó al papado para disputarle “los pobres” a “los nuevos movimientos populares latinoamericanos. Fundamentalmente del chavismo, de Evo Morales en Bolivia, en Argentina el kirchnerismo y el de Ecuador”. (Miradas al Sur, domingo 28 de julio, 2013, 8 y 9)
A pesar de ambos estudiosos ve una continuidad entre uno y otro, cuando en realidad se trata de lo contrario, si lo medimos por la política (programa más movimiento), que anima a cada uno, tienen razón en lo fundamental: se trata de una acción defensiva, conservadora, preservadora de la fe y los poderes de la fe.
El documento escrito por Bergoglio en 2007, junto a otros 12 materiales y declaraciones aparecidos en otros sectores de la Iglesia mundial, permiten esa búsqueda que condujo a Bergoglio a Roma. No olvidemos que el cardenal argentino renunció a sus 40 votos en 2005 (entre los 135 cardenales votantes), porque entendió dos cosas. Una, la relación de fuerzas interna no lo favorecía aún, en 2005. Otra, no podía debilitar la imagen corporativa papal, aunque fuera ganada por un adversario en la estructura del poder interno europeo/romano, como Ratzinger, o cualqueir otro. Se suele olvidar que la Iglesia, como aparato de reproducción de fe, es una de las dos corporaciones más viejas de la humanidad, junto con el ejército, a pesar de sus formas y sus cambios.
El otro elemento clave en el carácter de cruzada iniciada por el Papa Francisco, es que sea un Jesuita. También suele subvalorarse que se trata de una de las Órdenes más disciplinadas y militantes en la historia de la Iglesia. En este momento es la que cuenta con mayor cantidad de hermanos en seminarios de formación alrededor del mundo: 3 millones a cargo de unos 170 sacerdotes jesuítas. En alguna medida, tratándose de un Estado, un aparato mundial de poderes repartidos en 153 países, la Iglesia también se rige por relaciones de fuerza en su seno. Como afirma Rubén Dri, con mucha razón aunque lo aplica a la técnica de gestos y sonrisa desplegada por el Papa en Brasil, Bergoglio “no sale de un repollo”.
Como todo jesuita serio, el actual jefe de Roma, acumuló una sólida formación académica e intelectual, dentro y fuera de la Orden. En su caso con aplicación en asuntos sociales como la psicología, la historia y la política mundial, junto con la teología. Tan importante como esas educación fue su adherencia al peronismo, desde el cual participó en acciones partidarias altamente comprometidas en la década de los 60 y 70, como la Guardia de Hierro, uno de los grupos ideológicos más “duros” de esa corriente nacionalista. Esa práctica le enseñó el sentido de la política y de la negociación en sus peores sentidos. O sea, el pragmatismo. En ese sentido, es fundamental la crítica que le hace el teólogo Dri, a su gramática discursiva y su gestualidad ficticia. (Miradas al Sur, domingo 28 de julio, 2013)
La racionalidad de llamados tan incendiarios aparece en la advertencia de que esos líos tienen el solo objetivo de recuperar y preservar la fe en riesgo, sobre todo en los jóvenes, el segmento que más se ha alejado de la iglesia.
La Iglesia como estructura mundial no está al borde de un colapso o de un cisma. Pero, para una institución vertical y omnímoda, integrada desde el final de la II Guerra Mundial al sistema mundial de Estados, los dichos del Papa hablan del por qué y el para qué llegó a Roma y pasó por Brasil, primer tramo de su cruzada preservativa.
Una de las pruebas de esta integración al sistema de dominación internacional es que alrededor del “60% de los fondos de la Iglesia Católica proviene de Estados Unidos, seguido por Alemania, Italia y Francia en término de contribuciones”, según Jason Berry, de la BBC.
Perder tantos adeptos en tan poco tiempo y padecer una crisis de confiabilidad que algunos llaman moral, al interior y al exterior de ese gigantesco aparato de control social mundial, son dos hechos suficientes para encender las alarmas y buscar una salida no convencional.
Los datos aportados por los comentaristas más nobles, indican que la Iglesia recibida por Francisco/Bergoglio enfrenta una situación que podría asimilarse a una crisis estructural, como cualquiera de las que condujeron a los conocidos cismas desde el siglo II.
Con una diferencia. Un cisma del siglo XXI no tiene por que repetir sus formas violentas iniciales. También en ese detalle, la Iglesia se adaptó a la cultura del capitalismo y sus instituciones. Todo se negocia.
La agenda papal comenzó en Brasil, donde más fieles se han pedido en América latina, pero seguramente seguirá en México, Perú, Colombia y Argentina, los que siguen en la lista de la actual declinación.
Sin embargo, Estados Unidos no se salvará de la cruzada franciscana. Este país, centro de la dominación imperialista del mundo, registra la mayor debacle estadística y moral de la Iglesia Católica, comparado con cualquier país del mundo. En sus curías se registra la mayor cantidad de deserciones de “cuadros” (los sacerdotes) y militantes (los hermanos y las monjas) con el mayor número de curas implicados en abusos sexuales y pederastia.
Nota completa: http://www.aimdigital.com.ar/aim/2013/07/29/la-cruzada-de-un-papa-feliz-y-preventivo/



