A estas alturas, la pirámide de riqueza ya se hizo mucho más pronunciada y modificó su perfil a favor de las actividades de alta tecnología y comunicación (las famosas GAFAM1), y también de las extractivas que les dan soporte a ellas (litio, coltán) y al proceso de reproducción material en su conjunto (mineras, energéticas).

(Ana Esther Ceceña – Alai) Mundo – Jeff Bezos, el hombre más adinerado de Estados Unidos, ganó 149,319 dólares por minuto durante 2019, es decir, 8 millones 959,140 dólares la hora, mientras que un trabajador con salario mínimo gana 7,25 dólares la hora en el mismo país (en el Sur global, por supuesto, gana mucho menos).

Un cálculo de J.P. Morgan señalaba que ya en el momento de la pandemia, Bezos ganaba más de 10 mil dólares por segundo, 4 veces más que sus espectaculares ganancias promedio en 2019. En general, las gráficas de ganancias y/o acumulación de riqueza se hicieron mucho más agudas mientras que el perfil productivo se movió hacia la automación de manera notable, augurando un desplazamiento irreversible de mano de obra y de contactos humanos dentro del espacio sistémico. En este sentido es emblemático el caso de Zoom Video Communications de Eric Yuan (China-Estados Unidos), que de ser una empresa menor, en tres meses de pandemia ganó 4 mil millones de dólares (Business Insider), que equivalen a 400 millones de horas de trabajo de acuerdo con el salario mínimo promedio de Estados Unidos, o al trabajo de 224,341 trabajadores durante un año, siguiendo la media anual de 1,783 horas.

Autoritarismo inmanente

Visto desde otro ángulo, observamos que el entramado productivo se aligeró eliminando una buena parte de las empresas medianas y pequeñas (y hasta algunas más grandes como Hertz, con sistemas informáticos quizás obsoletos), promoviendo un proceso de hiperconcentración del capital que por sus niveles de oligopolización gozará de condiciones aún más verticales y materialmente autoritarias para definir los márgenes y los contenidos de nuestra existencia como sociedad. Efectivamente, el autoritarismo se ha ido naturalizando mientras la barbarie capitalista avanza –el estado de excepción paradójicamente permanente ya es un dato– pero en condiciones de pandemia la inspiración que lo alienta encuentra mayor justificación en el miedo al contagio y a la incertidumbre.

No obstante, lo relevante es que en este caso ya empezó a hundir raíces y a concretarse físicamente transformando la materialidad de la reproducción de la vida: una buena parte del consumo se traslada al ciberespacio y modifica su contenido; el relacionamiento social adquiere nuevos filtros; se reducen las estratificaciones en la producción; se estrecha la franja de absorción de trabajo simple e incluso de trabajo vivo; los modos de consumir y de acceso al mercado se transforman y así también el contenido de la producción. El autoritarismo más agresivo y peligroso es este autoritarismo inmanente, intangible, anónimo que se impone a través de las condiciones materiales en que se desarrolla la existencia.

Hipertecnologización y límites sistémicos

Junto con la hiperconcentración del capital y la riqueza, entonces, se da una hipertecnologización que presenta a la vida como prescindible. La vida humana va perdiendo importancia como fuerza productiva y la vida natural va convirtiéndose en estorbo para el progreso o en objeto manipulable. Con estas dos tendencias combinadas: la hiperconcentración y la hipertecnologización, en realidad el ámbito sistémico se estrecha, a pesar de abarcar el planeta entero. Su dimensión espacial es total pero no así su capacidad integradora. Del mismo modo que muchas de las empresas que cerraron durante la pandemia ya no tendrán condiciones de reabrir y mantenerse en funcionamiento, una buena parte de los trabajadores desempleados ya no será recontratada.

No sólo se perdieron irreversiblemente muchos empleos formales de las empresas que cerraron, sino que esta crisis (¿deberíamos decir oportunidad?) permitió a las empresas hacer los recortes de personal que ya venían planeando. A esto se suma la enorme cantidad de empleos informales, que ocupan alrededor del 65 % del total, que ante una realidad cambiada ya no tienen sentido. Es decir, el desempleo de hoy corre el riesgo de ser permanente en una alta proporción. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde se mueve el mundo? Claramente el sistema no sólo tocó sus límites sino que los está rebasando. En el campo ambiental se habla de este fenómeno como translimitación, o del uso de la naturaleza más allá de sus posibilidades de reproducción. El aumento en la capacidad tecnológica permitió procesar la naturaleza a ritmos mayores que los de su propia restitución.

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