Cientos de millones de personas en todo el mundo pierden su trabajo, ya sea por cierre de empresas o por lock-out, y muchas de ellas ya no pueden ayudar a sus parientes pobres en los países en desarrollo, cuyas vidas dependen muchas veces de esas remesas.

(Sudarsan Raghavan, Max Bearak y Kevin Sieff – The Washington Post) Mundo – “Nadie quiere contratarme ahora por el coronavirus”, dijo Osigan Cáseres, de 47 años. “Estoy preocupado por mi familia y por cómo voy a hacer para pagar mi propio alquiler”.

Según los economistas, podrían perderse miles de millones de dólares de remesas de los países ricos a los pobres, poniendo así en peligro el bienestar y la salud de millones de familias en los próximos meses.

Son muchos los latinoamericanos y africanos que dependen de las transferencias de sus parientes en los EEUU. Egipto y otros países del Medio Oriente, por su parte, recurren a millones de trabajadores migrantes asiáticos, los que envían a sus países de origen una parte importante de los ingresos. Después de los EEUU, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita son las mayores fuentes de remesas del mundo. Según datos del Banco Mundial, una gran proporción de esas remesas va dirigida a las familias asiáticas, principalmente en la India, China y Filipinas.

Un ingreso crucial

–Dos millones de trabajadores filipinos trabajan por todo el mundo cada año. En 2019, las transferencias de dinero alcanzaron los 33.500 millones de dólares: un récord que representa una décima parte del producto interno bruto del país. La pérdida de esta fuente vital de divisas podría hacer tambalear a un país que no recibe muchas inversiones extranjeras directas.

Y si los trabajadores despedidos en el extranjero tuvieran que regresar a Filipinas, la presión sobre la economía y los servicios gubernamentales sería enorme. Cientos de trabajadores filipinos de los cruceros -una de las industrias más afectadas por la pandemia- ya han tenido que volver a sus casas. El nivel de desempleo es elevado y la protección médica y social es insuficiente.

Según el Ministerio de Trabajo, la paralización de la mitad del país ha afectado unos 500.000 puestos de trabajo, todos al seguro de paro, desde conductores de jeepney [transporte público en Filipinas, al principio, jeeps abandonados por el ejército de los EEUU en 1945] hasta vendedores, sin trabajo.

En toda América Latina, también hay signos de estrés. Manuel Orozco, economista del Inter-American Dialogue, estima que las remesas van a disminuir entre un 7 y un 12 por ciento en 2020 en comparación con el año anterior.

En 2018, último año del que se dispone de datos, las remesas a América Latina y el Caribe alcanzaron los 85.000 millones de dólares. En El Salvador y Honduras, las remesas representaron alrededor del 20% del PIB, según el Banco Mundial. En Guatemala, llegaron al 12%.

El lunes [6 de abril], mientras México se encuentra al borde de la crisis económica, el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo un llamado a los migrantes en Estados Unidos para que sigan enviando remesas a sus familias. “Sabemos que ellos también están pasando por una situación difícil, pero no deben dejar de pensar en sus seres queridos”, dijo.

Desde el estado mexicano de Michoacán, el economista Jerjes Aguirre Ochoa estima que el 50% de los 4,5 millones de habitantes de ese estado reciben remesas. Incluso antes de la aparición del coronavirus, la economía mexicana había empezado a contraerse, por lo que las remesas eran de una gran importancia para muchas familias.

Rosy tiene 33 años y vive en Michoacán, dice que sobrevive principalmente gracias a las remesas de cuatro hermanos y una hermana que viven en los Estados Unidos, principalmente de su hermano Pedro, que cuida animales en un rancho de Idaho, en el noroeste estadounidense.

“Hablé con él hace unos días y me dijo que no podrá enviarnos más dinero porque su patrón lo ha dejado sin trabajo… ¿por cuánto tiempo? – hasta que el virus sea erradicado”, dijo, con la condición de que no se usara su apellido porque sus parientes en los Estados Unidos son indocumentados.

Rosy dijo que necesitaba el dinero para comprar comida y medicamentos para su madre diabética. Uno solo de los medicamentos que necesita cuesta alrededor de 1,50 dólares por comprimido. “Estoy más preocupado por la economía que por lo que nos dicen sobre el virus”, dijo Rosy.

Nota completa: https://rebelion.org/las-remesas-se-reducen-y-el-hambre-estrangula-a-millones-de-personas-en-el-sur/