El pasado 25 de Marzo daba comienzo la quinta edición de Soulèvements de la Terre, La Sublevación de la Tierra, un conjunto de movilizaciones y protestas que se extenderá hasta el 31 de agosto. En esta quinta edición el lema es “Acaparamiento, agro-industria, artificialización… quitémoslos de en medio”.
Se inició con una gran acampada y concentración contra la macrobalsa de regadío que se está construyendo en Sainte-Soline, una localidad eminentemente agrícola del oeste de Francia que, como todo el resto del país, está sufriendo un inusitado periodo de sequía.
Esta extrema sequía, desconocida en un país tradicionalmente húmedo, llevo al gobierno de Macron a aprobar un plan de construcción de megabalsas plastificadas de almacenamiento de agua, que extraen del subsuelo para ponerla a disposición de los regantes, en un intento desesperado de mantener el mismo modelo de agro-negocio pese a la disrupción climática y la disminución cada vez más acuciante de las precipitaciones pluviales.
El plan de Macron encontró una férrea oposición no sólo de sectores ecologistas y conservacionistas que observan en este otro proceso de “aceleracionismo climático” y de afectación de los ecosistemas, sino que también se encontró con la beligerancia de pequeños y medianos agricultores que ven en estos proyectos otro intento de acaparamiento y privatización del agua que ataca directamente a sus producciones y a sus comunidades rurales. Sensibilidades distintas que se agruparon en Bassines Non Merci, que junto a la Confèdèration Paysanne llevaron el caso de las macrobalsas a la ONU el pasado día 22 de marzo coincidiendo con el día del agua.
La convocatoria, pese de estar prohibida por la prefectura de Deux-Sèvres, contó con una masiva participación de en torno a 30.000 personas, y es que estos Levantamientos de la Tierra están respaldados por una amplísima coalición heterogénea de 200 organizaciones ecologistas, sociales, sindicales campesinas como la Confèdèration Paysanne o Atelier Paysan, etc, y en esta ocasión también contaron con representación internacional de activistas de otros lugares del mundo.
La manifestación en campo abierto por las tierras de cultivo trató de llegar a una de las grandes balsas en construcción para mostrar el rechazo a este tipo de infraestructuras, pero un enorme despliegue policial empleando una inusitada violencia lo impidió. Para defender un simple agujero de una balsa en medio del campo, la policía usó helicópteros, quads, y un amplísimo despliegue de furgones, desatando una auténtica ola de violencia indiscriminada contra los manifestantes contra los que dispararon 4000 granadas lacrimógenas GM2L en apenas 2 horas, granadas que hirieron a 200 personas, 40 de ellas de gravedad, dos en coma (a día de hoy la vida de Serge Duteil-Graziani todavía pende de un hilo).
Fuente: Fernando Llorente Arrebola – El Salto




