En Francia, la crisis desatada por la pandemia de coronavirus expuso el absoluto deterioro del sistema de salud como resultado de la negligencia de los gobiernos de los últimos treinta años. Este es el momento de aprender la lección y revisar por completo la política sanitaria.
(André Grimaldi/Frédéric Pierru – Le Monde Diplomatique) Francia – “Estamos en guerra”. El presidente de la República Emmanuel Macron lo repitió siete veces durante su solemne alocución del 16 de marzo de 2020. En guerra, ¿contra quién? Contra un virus que provoca una enfermedad benigna en aquellas y aquellos que no mata. Pero que, como es particularmente contagioso, puede matar a mucha gente, y no solo a las personas mayores o vulnerables –a falta de vacunación–. De ahí las variaciones de la comunicación gubernamental.
En efecto pasamos, en pocas semanas, de mensajes tranquilizadores que apuntaban a proteger a las personas llamadas “de riesgo” a un llamado general que conmina a todas las personas a acudir lo antes posible a los refugios. La contradicción culminó la víspera de la primera vuelta de las elecciones municipales, cuando el primer ministro Édouard Philippe decidió el cierre inmediato de los bares y los restaurantes, y al mismo tiempo le pidió a los ciudadanos que se dirigieran al día siguiente a las mesas de votación. Ese “al mismo tiempo” macroniano se tornó en confusión. Provocó una abstención masiva justificada que puso fin a la “mascarada”, en términos de Agnès Buzyn, decepcionada por su resultado electoral tras su salida del ministerio de Salud. El “jefe de los ejércitos” se amparó entonces cautamente en el supuesto aviso emitido por expertos científicos, acusando a su vez a los malos franceses de “negligencia”. De donde surge una impresión de irrealidad, que acentúa el histrionismo de los discursos afectados y grandilocuentes del presidente.
Los desastres sanitarios del credo neoliberal
Más grave aún, esta guerra no debería ser la “prosecución de la actividad política por otros medios”, según la expresión consagrada. Ella impone un vuelco total. En efecto, la epidemia reveló brutalmente la peligrosa inpetitud de la política neoliberal que se mantuvo ininterrumpidamente desde el último cuarto del siglo XX y que Macron decidió profundizar, transformando al empleado en emprendedor autónomo y al usuario del servicio público en cliente. Como ministro de Economía que luego se postuló para presidente de la República, deseaba que cada vez más “jóvenes franceses tengan ganas de convertirse en millonarios” y los exhortaba a que “ya no busquen un jefe, sino clientes”.
Esa visión mercantilista trazó la línea directriz de las políticas de salud que se aplicaron con asiduidad, desde la introducción de la tarificación de la actividad (T2A) para financiar los hospitales públicos en 2004. Se trataba de poner a competir a estos últimos con clínicas comerciales, en un pseudo mercado administrado. El objetivo de cada establecimiento ya no es responder a necesidades sino “ganar partes de mercado”, aumentando la actividad financieramente “rentable”, mientras “se reducen los costos de producción”.
Para garantizar el equilibrio contable, hay que aumentar las internaciones, y al mismo tiempo reducir su duración, cerrar camas (70.000 en diez años) y contener la masa salarial congelando los salarios, restringiendo la cantidad de personal e imponiendo el “trabajo de flujo extendido”. Esta concepción ideológica, que reduce el hospital público a una cadena de producción o plataforma de aeropuerto, se justifica con el desarrollo de las actividades técnicas estandarizadas programadas, como la colocación de marcapasos o stents vasculares, la diálisis, colonoscopía o cirugía ambulatoria, es decir, las actividades que privilegian las clínicas privadas. Lamentablemente, desconoce la explosión del ingreso a las urgencias, consecuencia del crecimiento de los desiertos médicos en las zonas rurales y urbanas, así como el crecimiento de las enfermedades crónicas; y hace caso omiso del retorno de las epidemias infecciosas, pese a las múltiples alertas de los últimos años.
Nota completa: https://rebelion.org/la-mercantilizacion-de-la-salud-publica-francesa/




