El periodista Seymour Hersh ha descubierto evidencia: el vicepresidente de los EEUU durante la administración de George W. Bush, Dick Cheney, operó escuadrones secretos de asesinato desde la Casa Blanca con personal militar sin conocimiento de la CIA.
(Voltairnet, por Eric Black) EEUU –  En un evento de “Grandes Conversaciones” en la Universidad de Minnesota el legendario periodista estadounidense de investigación Seymour Hersh puede haber atraído más atención de lo que se proponía cuando habló sobre nuevos supuestos casos de espionaje interior de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y sobre una continua operación militar clandestina que llamó “red ejecutiva de asesinato”.
La conversación, con Walter Mondale y Hersh, moderada por Jacobs e intitulada “La crisis constitucional de EEUU” parecía ser un repaso, sobre todo histórico, de eventos que han puesto a prueba nuestra Constitución.
Y fue sobre todo histórico, y una gran conversación, en la que Hersh y Mondale hablaron sobre los modelos por los que los presidentes parecen intoxicarse con el poder ejecutivo, frustrados por las limitaciones de ese poder por el Congreso y el público; atraídos a acciones clandestinas incorrectas que exceden sus poderes constitucionales, en la creencia de que pueden obtener resultados y que nunca serán descubiertas.
Al final de una respuesta de Hersh sobre cómo tienden a suceder esas cosas, Jacobs preguntó: “¿Y siguen sucediendo hasta hoy?”
Hersh replicó: “¡Claro! Después del 11-S, no he escrito todavía sobre esto, pero la ACI estuvo muy profundamente involucrada en actividades internas contra gente de la que pensaba que eran enemigos del Estado. Sin ninguna autoridad legal para hacerlo. Ni siquiera los han llamado por ello. Son cosas que pasan.
“Ahora mismo, hoy, hubo un artículo en el New York Times, que si lo lee cuidadosamente mencionó algo conocido como Comando Conjunto de Operaciones Especiales – JSOC lo llaman.
Es un ala especial de nuestra comunidad de operaciones especiales que existe independientemente. No dependen de nadie, excepto en los días de Bush-Cheney, dependían directamente de la oficina de Cheney.
No dependían del jefe del Estado Mayor Conjunto o del señor [Robert] Gates, secretario de defensa.
Dependían directamente de Cheney…
“El Congreso no lo supervisa. Es esencialmente una red ejecutiva de asesinato, y ha estado funcionando sin parar. Sólo hoy en el Times hubo un artículo de que su dirigente, un almirante de tres estrellas llamado [William H.] McRaven, ordenó detener sus operaciones porque hubo tantas muertes colaterales.
“Bajo la autoridad del presidente Bush, han ido a países, sin hablar con el embajador o el jefe de estación de la CIA; encontraban personas en una lista, y las ejecutaban, y partían de vuelta. Lo han estado haciendo, en nombre de todos nosotros.
“Es complicado porque los tipos que lo hacen no son asesinos, y sin embargo lo que cometen es lo que normalmente llamamos asesinatos. Es un tema muy complicado. Porque son jóvenes que fueron a las Fuerzas Especiales. Habéis oído hablar de las Fuerzas Delta. De los equipos Seal de la Armada. Altamente especializados.
“En muchos casos, eran los mejores y los más brillantes. Realmente, no exagero. Realmente tipos formidables que se alistaron para hacer el tipo de tareas necesarias que ellos piensan son necesarias para proteger a EEUU. Y luego se ven torturando gente.
“Hubo personas que me dijeron – hace cinco años, hubo uno que dijo: “¿Cómo lo llama cuando se interroga a alguien y se le deja sangrando y no se llama a algún comité médico y dos días después muere?
¿Es asesinato? ¿Qué pasa si termino frente a un comité?” “Pero no van a terminar frente a un comité.”
Hersh, el periodista investigativo más conocido de su generación, escribe sobre esta clase de temas para The New Yorker. Ha escrito a menudo sobre el JSOC, incluyendo, en julio pasado que:
“Bajo la interpretación de la ley del gobierno de Bush, actividades militares clandestinas, a diferencia de operaciones encubiertas de la CIA, no tienen que ser descritas en un Finding [conclusión], porque el presidente tiene un derecho constitucional de comandar a fuerzas de combate en el terreno sin interferencia del Congreso.”