La amenaza puede ser un fenómeno natural (erupción de un volcán, inundación por lluvias, o tsunami) o amenazas generadas por el hombre (construcción de viviendas en zonas de riesgo, explotación irracional de los recursos o contaminación del medio ambiente). En Antofagasta la amenaza tiene apellido: Luksic; grupo que es el principal controlador de ATI, empresa operadora del Puerto de Antofagasta, dueños de un galpón de acopio y embarque de concentrado de cobre ubicado en pleno centro de la ciudad.
Antofagasta tiene los índices más altos de cáncer pulmonar y de vejiga del país, pero hasta ahora judicialmente no hay culpables de la contaminación ni de las enfermedades provocadas por ella. La vulnerabilidad social es alarmante, ya que el galpón se encuentra cerca de poblaciones, escuelas y clínicas, vulnerabilidad que el grupo Luksic históricamente ha generado desde la implantación del modelo neoliberal.
La nula capacidad blanda para aprehender el territorio o mejor dicho, la nula sensibilidad respecto del entorno de las autoridades que aprobaron la construcción del galpón es desconcertante; los procesos de territorialidad de la ciudad (apropiación, significación y transformación del espacio) son decididos por un puñado de personas que priorizan los intereses de los empresarios por sobre la salud de la población.
Las autoridades no toman conciencia respecto de su posición y rol, no asumen la dimensión ética que supone el proceso de pensar y explotar los territorios, la población queda prácticamente a la deriva, sin representación, y lo que es más grave se le niega a participar en los procesos de construcción de la identidad local. Organizaciones sociales como “Este polvo te mata”, vendrían a ser los únicos reductos de esperanza para la comunidad, organizaciones que en el fondo tratan de disminuir la vulnerabilidad con las herramientas que tienen a mano.
Fuente: Claudio González – Rebelión




