Cuando el crecimiento convive con la sed: la bancarrota hídrica como prueba del fracaso histórico del capitalismo
El sistema capitalista ha entrado en una fase de decadencia senil en la que ya no puede garantizar ni siquiera las condiciones materiales mínimas para la reproducción de la vida. El agua, fuente elemental de toda existencia social, se ha convertido en un bien escaso, racionado, militarizado o transportado en camiones cisterna. La llamada “bancarrota hídrica” no es una anomalía ambiental: es la manifestación más brutal del agotamiento histórico de un sistema que ha llevado la acumulación hasta chocar contra límites físicos insalvables.
India es hoy el ejemplo más acabado de esta contradicción. Presentada como uno de los grandes “casos de éxito” del capitalismo contemporáneo, con tasas de crecimiento del PBI entre las más altas del mundo, expansión industrial, digitalización acelerada y promesas de potencia global, el país no puede garantizar algo tan elemental como el acceso regular al agua potable para cientos de millones de personas.
Según datos del NITI Aayog, el principal organismo de planificación del propio Estado indio, alrededor de 600 millones de personas enfrentan niveles de estrés hídrico alto a extremo. En vastas regiones rurales, como Maharashtra, el acceso al agua depende hoy de camiones cisterna que llegan una vez al día o menos y alrededor de los cuales se agolpan multitudes con baldes y bidones. No se trata de una catástrofe repentina, sino de la normalidad del colapso.
Aquí se revela con crudeza la mentira estructural del “desarrollo”. Un país que crece, exporta, atrae inversiones y exhibe cifras macroeconómicas en ascenso, pero que no puede sostener los ciclos básicos de la naturaleza ni garantizar el derecho humano más elemental. El crecimiento capitalista no solo no resuelve la crisis hídrica: la acelera.
Infraestructuras gigantes, colapsos gigantes
El mismo fenómeno se expresa, bajo otra forma, en Medio Oriente. En Irán, los embalses que abastecen a Teherán han caído a su nivel más bajo en 60 años. Algunas presas se encuentran apenas al 9 % de su capacidad, y la reserva del embalse de Latyan apenas supera los 9.000.000 de metros cúbicos, según reconoció el propio vice primer ministro de Energía. Desde septiembre, 15 de las 31 provincias del país no han registrado una sola gota de lluvia.
La escena es reveladora: incluso allí donde el capital construyó grandes obras de ingeniería para dominar el agua, el colapso aparece. El problema ya no es la falta de tecnología, sino la imposibilidad de sostener un metabolismo social racional bajo una lógica de extracción permanente, sobreuso de acuíferos y destrucción de ecosistemas.
India y Teherán muestran dos caras de la misma bancarrota: en un caso, la dependencia cotidiana de camiones cisterna; en el otro, la inutilidad creciente de infraestructuras colosales. En ambos, el resultado es idéntico: inseguridad hídrica estructural.
América Latina: el colapso que se está incubando
En América Latina, este futuro ya está en construcción. El intento de modificar la Ley de Glaciares en Argentina, el avance de la megaminería, la mercantilización del agua y la entrega de su gestión a corporaciones extranjeras como Mekorot expresan la misma lógica que llevó a India e Irán al límite: sacrificar los equilibrios hídricos en nombre del crecimiento, la inversión y la competitividad.
Los glaciares y ambientes periglaciares no son un “recurso” más: son reservas estratégicas de agua dulce. Atacarlos hoy es garantizar la sed mañana. La bancarrota hídrica no llegará como sorpresa: llegará como consecuencia directa de decisiones políticas tomadas a conciencia.
El límite histórico
El dato central es este: el capitalismo ha dejado de ser un sistema históricamente progresivo incluso en términos materiales básicos. Ya no solo produce desigualdad, guerras y destrucción ambiental; produce escasez de agua en un planeta que todavía tiene capacidad hídrica suficiente si se la gestionara racionalmente.
El crecimiento del PBI conviviendo con la sed masiva no es una contradicción pasajera: es la prueba empírica del fracaso del sistema. Cuando ni siquiera en sus “casos exitosos” puede garantizar agua, el problema no es de gestión, sino de modo de producción.
Socialismo o barbarie hídrica
Las colas alrededor de camiones cisterna en India y las presas vacías en Irán no son postales lejanas. Son anticipos del futuro que el capitalismo ofrece al resto del mundo. Un futuro de racionamiento, conflicto social y degradación acelerada de las condiciones de vida.
Defender el agua, los glaciares y las leyes ambientales no es una causa sectorial ni un lujo ideológico. Es una lucha estratégica contra un sistema que ha demostrado ser incapaz de sostener la vida. Frente a esta decadencia senil, la disyuntiva vuelve a plantearse con una claridad brutal: socialismo o barbarie.
Firma: Adrián Flores, integrante de Autoconvocados en Defensa del Ambiente- de Río Ceballos
Crédito de la foto: Press Trust of India




