En la madrugada del 12 de febrero, el oficial Gonzalo Capp asesinó por la espalda a Lucas Rotella, de 19 años. Lucas iba en moto y no llevaba casco. Como no se detuvo para ser sancionado, el policía usó su escopeta, cargada con cartuchos de postas de plomo, y le disparó dos veces. Los forenses contaron 18 heridas en la espalda del joven, lo que demuestra la buena puntería del policía y la corta distancia desde la que disparó, ya que cada cartucho suele tener 9 perdigones.
Fuente: Correpi
El intendente de la localidad bonarense, Aldo Carossi, calificó el hecho como aberrante, pero también declaró: “Nadie puede establecer cuáles son las razones que llevaron al policía a terminar con la vida de este chico", y se refirió a la “problemática fundamental de que los chicos no usen casco”.
“Como en marzo del año pasado, cuando los adolescentes Giuliana y Miguel fueron embestidos deliberadamente por un inspector municipal porque no se detuvieron en un control de tránsito, buena parte de los vecinos, en especial jóvenes, se movilizaron a la comisaría, que fue apedreada, y quemaron gomas mientras cortaban la calle.
Rápido de reflejos, el comisario Paggi, jefe de la bonaerense, voló a Baradero para entrevistarse con la familia Rotella, a la que le arrancó –vaya a saber con qué promesas- el ´compromiso de no realizar marchas para no enardecer el ánimo de los baraderenses´. (…) Gatillo fácil, asistencia a la víctima y cooptación: todo por el mismo precio”, señalan desde su último boletín los integrantes de Correpi.

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