Los videos difundidos por los medios de comunicación masiva sobre la golpiza recibida por detenidos en un complejo penitenciario de Mendoza, permitieron destacar una realidad que poco tiene de inusitada, término utilizado por el ministro de Gobierno provincial, Mario Adaro, para caracterizar dichos hechos.
(Red Eco) Argentina – Tras conocerse la denuncia de las torturas infligidas contra presos alojados en el Complejo Penitenciario San Felipe en Mendoza, la Asociación Civil Familiares de Detenidos en Cárceles Federales dio a conocer un comunicado en el que manifiestan que esta es una práctica sistemática en todos los centros penitenciarios del país.
De acuerdo a lo expresado por esta organización, a través de su línea telefónica por la que atienden llamados de presos y de sus familiares, en los últimos seis meses recibieron 339 llamados telefónicos de personas privadas de libertad alojadas en unidades dependientes del Servicio Penitenciario Federal. El 30% de los llamados recibidos correspondió a denuncias por golpes, torturas y castigos con aislamiento.
A este dato agregaron que hay que sumarle prácticas que por estar tan naturalizadas no se denuncian, como la llamada “bienvenida”, es decir la paliza que reciben los presos al ingresar a una unidad penitenciaria; los golpes durante las requisas o las vejaciones por las que pasan los familiares al tener que desnudarse frente al personal penitenciario para entrar de visita a cualquier penal.
En el mismo sentido se expresó en un balance de 2010 publicado por la Agencia Walsh Rodolfo "Cacho" Rodríguez (Opinión desde el CUD: Políticas y dispositivos de la masacre ), uno de los siete integrantes del Centro Universitario de Devoto (CUD) que mantuvieron durante 65 días una huelga de hambre ante el ataque furibundo que el Servicio Penitenciario Federal descargó contra los estudiantes.
En su balance del año que pasó Rodríguez expresa: “Cuando se piensa en el servicio penitenciario, hay una tendencia a identificarlo con la imagen del carcelero, una especie de máquina idiota de aplicar sufrimientos. Y creo que no estaría de más recordar aquí que en la cárcel- ese dispositivo de control y castigo- trabajan, codo a codo con el carcelero, una legión de profesionales: criminólogos, médicos, psiquiatras, psicólogos, asistentes sociales, docentes. Todos ellos avalan y justifican las prácticas cotidianas de aquella máquina. Los psiquiatras te mantienen lo suficientemente drogado como para que no pienses ni cuestiones. Los psicólogos elaboran ´perfiles´ de l@s pres@s, que servirán a su vez a los criminólogos para determinar el "tratamiento" adecuado a la población en función de categorías como conflictividad, adaptación al régimen, liderazgo negativo; los médicos (cuando están) te observan morir y luego certifican paros cardiorrespiratorios, sin distinción de razas, sexo o religión ni -por supuesto- causa real de la muerte.
A la vez, nada de esto sería posible sin la cobertura que buena parte del Poder Judicial aporta a la ´familia penitenciaria´, mediante la desestimación sistemática de recursos de amparo y hábeas corpus interpuestos por l@s detenid@s y la escasa (y nula, en muchos casos) investigación de los delitos cometidos por personal de ´la familia´.
Para quienes habitamos las prisiones no es novedad, pero es imprescindible repetirlo una y otra vez: es el Estado, a través de sus múltiples agencias y funcionarios, el que tortura y mata en las cárceles argentinas”.
Su balance finaliza: “En este escenario, el año que comienza no parece prometer cambios significativos: ya sea por miedo a perder votos, por incapacidad estructural o por perversión de clase, va a ser muy difícil que algún político con aspiraciones reales de poder acepte mover las aguas en estos temas.
Pero nuestros muertos siguen aquí.
Pero nosotros seguimos siendo ´difícilmente adaptables al régimen´ de la estupidización y el bastonazo.
Así que, optimistas por necesidad y pesimistas por principio de realidad, seguimos insistiendo. Nunca se sabe: tal vez, y aunque más no sea por despegarse del montón, alguien con capacidad de decisión acepte asumir la responsabilidad de lo que pasa y ajustar algunas tuercas en este desastre.
Seguiremos deseando la libertad del cuerpo, mientras podamos sostenernos en el pensamiento para la libertad”.
Fuentes: Asociación de Familiares de Detenidos en Cárceles Federales tel: 4857-6875 cel: 15-5573-7824 / Agencia Rodolfo Walsh