Desde la tarde del martes 21 decenas de personas haitianas comenzaron a llegar a Ciudad de México. Venían de Tapachula donde estuvieron viviendo un par de meses en espera de refugio, hasta que fue insoportable: no tenían certeza de sus trámites, no les permitían trabajar, no tenían dinero, comida, un espacio digno para vivir y habían sufrido persecuciones, agresiones y redadas por parte de la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración.
(IPS) México – “Necesitamos un lugar dónde dormir, ¿tú no tienes una casa?”, pregunta Marvensky, un niño haitiano de 8 años que llegó a la ciudad con su mamá y sus hermanos menores. “Tenemos frío, necesitamos un lugar dónde dormir, no tenemos dinero, no tenemos nada, necesitamos una casa”, insiste Marvensky afuera de las oficinas de la gubernamental Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), en la colonia (barrio) de Juárez.
Afuera de esas oficinas se ha congregado una centena de migrantes de Haití que buscan desesperadamente un refugio. Están formados con sus pocas pertenencias en la mano, pues no tienen un lugar para quedarse. Apenas unos cuantos encontraron lugar en el refugio Tochan, en Cafemin y otros más en el café La Resistencia. Pero falta techo, faltan camas, falta comida. Más cuando vienen del calor del sur del país a enfrentar el frío nocturno y las lluvias de Ciudad de México.
“Los trámites en Tapachula estaban muy complicados, por eso llegaron a Ciudad de México. Hace tres años vine a Comar y los trámites fueron muy rápidos. El mismo día que vine empezó mi trámite y esa misma semana me dieron mi licencia por razones humanitarias. Ahora parece más complicado porque aumentó la tasa de peticiones”, cuenta Jude, estudiante de criminología y expolicía en Haití.
Jude llegó a la Comar el miércoles 22 a las 5:30 de la mañana, él estudia en México y decidió apoyar a sus compatriotas como traductor en caso de ser necesario, sabe que hay quienes no logran hacer sus trámites por la barrera del idioma. Hay quienes pasaron la noche frente a las oficinas de la Comisión.
Entre los y las migrantes se habla haitiano criollo, algunos hablan francés y otros, como Jean, hablan los idiomas de los países que han cruzado: criollo francés, de la Guayana francesa, portugués de Brasil y ahora está aprendiendo español.
Jean llegó a Ciudad de México porque en Tapachula le dijeron que podría pedir cita en la Comar el año que viene. A los 19 años llegó a Brasil, allá trabajó recogiendo basura durante ocho años. Hace dos años que no ve a su familia y esa es una de las razones por las que decidió migrar, para encontrar un trabajo que le permita ganar lo suficiente para tener una vida digna y poder visitar a su familia cuando lo deseé.
“Tú, yo, todos queremos eso, una vida digna. Donde la consiga, ahí me quedaré”, dice.
Urgen albergues
Gabriela Chalte, coordinadora del albergue de Tochan para migrantes, hace llamados urgentes al gobierno federal y al de Ciudad de México: urge abrir un espacio para recibir y albergar a los migrantes que están llegando a la capital; urge acelerar los procesos de trámite de refugio para que las personas migrantes puedan trabajar e independizarse; no deben realizar redadas aquí como lo hicieron en el sur del país.
En Ciudad de México son tres albergues que trabajan con población migrante: Cafemin, Mambré y Tochan. Hermanos en el Camino cerró por falta de recursos. Tochan tiene capacidad para 30 personas, 30 camas que ya estaban ocupadas con migrantes centroamericanos de Honduras, Salvador y Guatemala, pero se han visto obligada a recibir a 15 personas, mujeres y una niña.
“No podemos recibir más porque no hay capacidad para atender”, dijo Gabriela.
“El gobierno tiene que ponerse ágil para los trámites de solicitud de refugio porque eso significa que ellos tendrán que trabajar y hacerse independientes”, insiste.
A su juicio, “si están llegando aquí tienen que tener una ayuda humanitaria porque vienen cansados, golpeados, con hambre, en ese sentido es importante que se apoye a los albergues que los están atendiendo, que el gobierno envíe raciones de comida, apoyos para poder atender a la población migrante”.
Esta emergencia hizo que Ana Enamorado, madre de Óscar Antonio López, joven hondureño desaparecido en territorio mexicano, convocara a reaccionar de manera urgente a sus compañeros y compañeras del colectivo Huellas en la Memoria.
Durante la noche del martes se movilizaron para habilitar el taller de grabado del café La Resistencia como albergue, lograron dar refugio aproximadamente a 20 personas. Entre ellas aproximadamente catorce familias con niños y bebés.
Nota completa: https://ipsnoticias.net/2021/09/tu-no-tienes-una-casa-migrantes-haitianos-llegan-a-ciudad-de-mexico/




