Este jueves 30 de julio, desde las 15.30, se realizará una actividad en la CTA Autónoma Nacional, ubicada en Bartolome Mitre 748 de la Ciudad de Buenos Aires, donde se presentará el libro “Cambio tecnológico, inteligencia artificial y movimiento obrero”, de Oscar Martínez. Se trata de un libro que nos acerca a la cara oculta de la IA: sus mitos ocultos, los puestos de trabajo intervinientes, las cadenas de valor, el impacto ambiental, la salud laboral de las y los trabajadores, y sus experiencias de resistencia, entre otros temas. Fue escrito por Oscar Martínez, sociólogo, asesor sindical y codirector del Taller de Estudios del Trabajo (TEL). Por Indymedia Argentina.

El libro también se presentará el 5 de agosto, a las 18, en el CEIL-Conicet, que se encuentra en el cuarto piso de Saavedra 15, Ciudad de Buenos Aires.

Desde Indymedia conversamos con Oscar para que nos acerque al contenido del libro. A continuación, compartimos la trascripción de nuestra conversación.

Indymedia: – En tu libro desmontás mitos sobre la IA. ¿Cuáles son los más dañinos para la clase trabajadora? Y esos mitos, ¿renuevan la discusión sobre el fin del trabajo o de la clase obrera?

Oscar Martínez: – Bueno, como en cada momento de cambio tecnológico, el Capital lanza una cantidad de afirmaciones y de mitos que se repiten sistemáticamente, ¿no? Esta idea de que ahora arrancaría un nuevo mundo, una nueva realidad totalmente distinta a lo anterior; que es un tema técnico, científico, y que uno no puede discutirlo porque son cuestiones que trascienden a las personas y que no tienen, en realidad, mayores intereses, sino que es la lógica del avance científico. Otra es que la IA es nueva, cuando en realidad sus desarrollos empiezan en la década del 50 del siglo pasado, así que tan nueva no es. Ahora sí, efectivamente, lo que se ha hecho es extenderla radicalmente.

Después hay mitos contradictorios. Uno que te repiten hasta el hartazgo es que ahora se acabó el sufrimiento humano y el esfuerzo en el trabajo, que ahora todo lo van a hacer robots manejados por IA y autosuficientes. En relación concreta a la inteligencia artificial, también está el mito de que es inmaterial.

Y, bueno, sí, se renueva el discurso del fin del trabajo como amenaza. En realidad, ese discurso lo hemos escuchado hasta el cansancio en los 90, en los 80, y uno puede reconstruir ese mismo discurso desde la máquina de vapor: la idea de que con el desarrollo tecnológico va a ser innecesario el trabajo humano. La realidad histórica demuestra que no, que genera cambios en el trabajo, que hay empleos que desaparecen, otros que se transforman y surgen nuevos empleos. Pero, concretamente, con el discurso del fin del trabajo lo que se busca es que se acepte la desocupación, la subocupación y la hiperexplotación como si fuera lo único que hay. Es una cuestión de sembrar el miedo y de frenar cualquier tipo de lucha o reivindicación.

Indymedia: En tu libro hablás de la materialidad oculta de la IA. ¿Qué cadena de explotación deberíamos saber que hay detrás de la “nube”?

Oscar Martínez: – Volviendo al tema de la inmaterialidad, realmente hay pocas cosas tan materiales como la inteligencia artificial en todos los sentidos. Me refiero a la cadena de valor de la IA. Cuando uno habla de cadena de valor, por ejemplo la del pan: siembra, cosecha del trigo, elaboración de la harina, luego se hace el pan y va a los comercios. En el caso de las tecnologías de información y comunicación (TICs) y de la IA, esta cadena es mucho más prolongada, tiene escala mundial y es mucho más cruenta. Porque vamos desde las minas, la extracción de minerales, la producción, y el conjunto de tareas que tienen que ver con alimentar a la IA: el etiquetado y la moderación. Lo que nos cuentan, lo que nos venden de la inteligencia artificial, es solo la última etapa: la de los ingenieros, los programadores y las grandes empresas que instalan los agentes de IA. Pero en realidad es una cadena de valor que atraviesa todas las etapas de la producción, desde el sector primario hasta los servicios.

Indymedia: – Más allá de ingenieros/as y programadores/as, ¿qué otros empleos concretos existen y qué peso tienen en la cadena de valor?

Oscar Martínez: – Cuando uno piensa en la cadena de valor, ve que hay puestos de trabajo que están sistemáticamente ocultados. Si vamos al inicio, a lo más cruento, tiene que ver con la extracción de minerales y metales: coltán, cobalto, cobre, las llamadas tierras raras que están nivel mundial. A modo de ejemplo, uno de los países donde más se extrae coltán y cobalto es la República Democrática del Congo, donde una proporción muy importante es trabajo infantil. Niñas y niños extrayendo en pozos. No son minas a cielo abierto ni minas de socavón tradicionales, sino agujeros, cuevas, donde los chicos entran con picos y palas a sacar el material, organizados por empresas que muchas veces están vinculadas a grupos militares o paramilitares.

Después podemos hablar de los cientos de miles o millones de puestos en la producción y ensamblado de componentes: chips, celulares, computadoras, tablets… todo lo que tiene que ver con la computación y las TICs. Son fábricas enormes que están mayormente en el sudeste asiático. Un ejemplo claro es el régimen de trabajo que llaman 9-9-6: de 9 de la mañana a 9 de la noche, 6 días por semana, con ritmos terribles, explotadores y niveles de sufrimiento brutales.

No voy a detallar todos los puestos de la cadena de valor porque sería muy largo, pero otro sector totalmente vinculado a la IA, que podemos decir que alimentan a la inteligencia artificial, son los etiquetadores y moderadores de contenido. La IA no tiene mucho de inteligencia: necesita ser alimentada con datos por personas o chupar datos de bases de datos. Un chico muy chiquito sabe distinguir perfectamente entre un perro y un gato, más allá de como lo llame después. La IA, para poder hacerlo, necesita que se le carguen etiquetados miles o decenas de miles de fotos de distintos tipos de perros, distintos tipos de gatos, de distintas perspectivas, edades, etc. Ese trabajo de etiquetado, en muchísimos casos, es teletrabajo, por lo tanto es mano de obra que no se conoce entre sí, distribuida por el sudeste asiático pero también a nivel mundial: en Venezuela, Colombia, Argentina tenemos bastante de esto.

Y dentro de los etiquetadores y moderadores, uno de los sectores más terribles, los puestos de trabajo más dañinos, tiene que ver con la moderación. Para que no circule cualquier información en la IA, hay gente que se encarga de decir qué se puede y qué no. Y lo que no se puede, al menos en lo que circula comercialmente, es mostrar crímenes, torturas, violaciones, maltrato. Esa moderación significa gente que está trabajando 10, 12, 14 horas por día viendo escenas de crímenes, torturas, maltrato infantil, violación de niños/as. En el corto plazo, eso va generando niveles de angustia y traumas que hacen que la gente se queme muy rápido y que la rotación sea altísima. Esas personas ya sufren de estrés postraumático y difícilmente puedan llevar su vida cotidiana igual que antes: ya no pueden ver un chico, no pueden ver a sus hijos de forma natural, no pueden ver un animal, no pueden ver una película. Estos dos puestos son realmente miles y miles, están totalmente ocultados, son opacos, pero son los que alimentan la IA y significan un estrés enorme.

Después están los programadores, los ingenieros, etcétera, que son quienes mejor ganan, quienes tienen una ventaja sobre el resto, más allá de que trabajan en condiciones de competitividad extrema. Pero son los únicos que aparecen en la película. Todo lo demás está ocultado.

Indymedia: – De los ejemplos de resistencia colectiva que documentaste, ¿cuál pensás que sienta precedente para otros colectivos que no saben por dónde empezar se animen a organizarse?

Oscar Martínez: – Sobre el tema de la organización y la resistencia, el movimiento obrero está bastante en pañales. Pero los lugares que han avanzado más no solo discuten cómo organizar fábricas que están en distintos países, con trabajadores/as en distintos lugares, sino también el contenido: discutir qué contiene esa caja negra que es la IA. La inteligencia artificial se maneja a través de algoritmos, que son programas y que no son neutrales. Hay dos grandes tipos de algoritmos: los de sesgo intencional, aquellos en los que efectivamente se programa que, por ejemplo, en Uber o PedidosYa se le den más pedidos a quien está disponible cualquier hora del día, cualquier día de la semana, y se castigue a quien no está disponible 24/7. Como en los call centers, que castigan a quien no se maneja con las métricas que impone el sistema. Estos son sesgos claramente intencionales y con lógica patronal.

Después, como la IA se maneja con información histórica, y la información histórica proviene de lo que pasa en el capitalismo, todos los sesgos de clase, de patriarcado, de discriminación se plasman también en la IA. Muchas de esas luchas han sido contra esos sesgos. Un caso que se menciona habitualmente es el de Amazon, que había aprendido de los datos históricos que contrataba centralmente varones, y entonces asumía que era mejor ser varón que mujer para trabajar ahí. En realidad era una cuestión histórica y de un sesgo patriarcal. Y se pudo dar una batalla para eliminar ese sesgo específico.

Mucho más difícil es la organización del teletrabajo, de tareas que se hacen para alimentar la IA en distintos países. Hay algunas experiencias, algunas en Kenia y demás, pero son sectores más difíciles de organizar. Y después están las grandes fábricas del sudeste asiático. Acá hay algo que tenía que haber mencionado de entrada: no se puede diferenciar ni discriminar los efectos de la ofensiva capitalista, de la IA, de la ofensiva precarizadora y de hiperexplotación. En realidad, la ofensiva capitalista es una sola, que combina desde las cuestiones más crueles y de trabajo, si se quiere, más del siglo XVIII y XIX – como en las minas de coltán- hasta las cuestiones más sofisticadas de control. Y una de las caras que sí se ve y se extiende a nivel masivo es la hipervigilancia.

Un tema que está en debate es que hay inversiones brutales, masivas, en IA, que no se están plasmando en aumentos de productividad o en que el capital pueda retomar sus tasas de ganancia previas a la crisis de 2008. Hay quienes sostienen que la IA es una burbuja y que va a explotar. Es probable, porque no hay relación entre los niveles de inversión y los niveles de ganancia. Alguien que mencionó en el año 87 que veía la revolución de las computadoras en todos lados: en las propagandas, en las oficinas, etcétera, pero no la veía en la productividad. Lo decía como broma porque efectivamente no se lograba traducir ese avance tecnológico en ganancias para el capitalismo. Y estamos en situaciones semejantes. Uno ve que las cuestiones de mayores ritmos, de mayor explotación, de aumentar la tasa de ganancia, tienen que ver con un combo en el cual la IA juega un rol, no sé si marginal, pero por lo menos secundario, en relación al rol que juegan las relaciones de fuerzas desfavorables para el movimiento obrero.

Indymedia: ¿Cuál es el capítulo de tu libro que las grandes tecnológicas no querrían que se lea y por qué?

Oscar Martínez: – Bueno, a mí me encantaría que les caiga mal todo el libro, creo que ninguno le gustaría. Pero si hay uno que muestra la verdadera cara de todo esto, es el capítulo 4, que se titula “La división internacional del trabajo digital”, porque muestra todo lo que es la cadena de valor, muestra la combinatoria, el desarrollo desigual y combinado, desde el trabajo más arcaico en las minas hasta el más sofisticado en ciertos equipamientos de producción de componentes o en cómo funciona en última instancia la IA en su aplicación concreta. Me parece que poder mostrar que la inteligencia artificial no es separable de la explotación capitalista, que no es un tema técnico, y que su cara pasa por todo eso…

Un tema que me olvidaba de mencionar es que otra cara que muestra, no sé si los límites, pero por lo menos lo perjudicial de la IA, tiene que ver con eso que llaman la nube, y que de nube no tiene nada. Se trata de centros de datos, miles distribuidos a nivel mundial. En Argentina hay pocos y son chicos, pero en otros países son inmensos: grandes depósitos o grandes fábricas con miles de servidores. Para que eso funcione es necesario un consumo eléctrico enorme y un consumo de agua para refrigeración también enorme, que está entrando en un cuello de botella porque los equipos, para ser más rápidos y manejar mayor cantidad de datos, requieren más centros de datos, con mayor consumo eléctrico y mayor consumo de agua. Por eso están discutiendo ahora si instalar algunos en pleno océano para aprovechar las olas, o hace muy poco se charló de instalarlos en satélites girando alrededor de la Tierra para alimentarse de energía solar. Ambos con el discurso de que tendrían un menor impacto ambiental, cosa que al menos los ambientalistas dicen que es falso.