El contenido de los estudios de Hollywood refleja ampliamente los grandes intereses corporativos y, a veces, las sociedades matrices tras los estudios toman un interés consciente y deliberado en ciertas películas.
(Matthew Alford y Robbie Graham – Global Research) Mundo – Tom Cruise – “la celebridad más poderosa del mundo” según Forbes Magazine – fue despedido sin más ni menos en 2006. Su despido fue particularmente chocante porque no fue realizado por su empleador directo, los Estudios Paramount, sino por el holding de Paramount, Viacom. El director gerente Summer Redstone – tristemente célebre por su irascibilidad – quien posee una larga lista de compañías mediáticas incluyendo a CBS, Nickelodeon, MTV, y VH1 – dijo que Cruise había cometido “suicidio creativo” después de una avalancha de maniática actividad pública. Fue un despido digno de un episodio de “The Apprentice” (El Aprendiz)
El caso Cruise apunta a la noción pasada por alto de que los mecanismos internos de Hollywood no son determinados en su totalidad por los deseos del público, como se podría esperar, sino que están orientados a responder exclusivamente a las decisiones de los creadores de los estudios, o incluso a las de los propios jefes de los estudios.
Cada uno de los estudios dominantes de Hollywood (“los grandes”) es ahora una subsidiaria de una corporación mucho mayor y por ello no es tanto un negocio separado o independiente, sino más bien sólo una de numerosas fuentes de ingresos en el imperio financiero más amplio de su casa matriz.
Los grandes y sus sociedades controladoras son: Twentieth Century Fox (News Corp), Paramount Pictures (Viacom), Universal (General Electric/Vivendi), Disney (The Walt Disney Company), Columbia TriStar (Sony), y Warner Brothers (Time Warner).
Esas empresas matrices se encuentran entre las mayores y más poderosas del mundo, dirigidas habitualmente por abogados y banqueros de inversión. Sus intereses económicos también están a veces estrechamente vinculados a áreas politizadas como la industria de los armamentos, y están frecuentemente inclinadas a hacer que el gobierno del momento se sienta cómodo porque decide sobre la regulación financiera.
Como lo describe el periodista ganador del premio Pulitzer, profesor Ben Bagdikian, mientras otrora los hombres y mujeres dueños de los medios cabían en una “modesta sala de fiestas de un hotel,” los mismos propietarios (todos varones) podrían caber ahora en una “amplia cabina telefónica.” Podría haber agregado que, aunque puede que una cabina telefónica no sea exactamente el sitio ideal para gente como Rupert Murdoch y Sumner Redstone, esos individuos ciertamente se reúnen en lugares como Sun Valley en Idaho para identificar y forjar sus intereses colectivos.
Por cierto, el contenido de los filmes de un estudio no es siempre determinado enteramente por los intereses políticos y económicos del holding. Los directores gerentes de los estudios tienen habitualmente considerable libertad de acción para hacer las cintas que desean hacer sin interferencia directa de los que mandan en última instancia. Al menos, sin embargo, el contenido de los estudios de Hollywood refleja ampliamente los grandes intereses corporativos y, a veces, las sociedades matrices tras los estudios toman un interés consciente y deliberado en ciertas películas. Hay una batalla entre fuerzas “de arriba abajo” y “de abajo arriba”, pero los medios y los círculos académicos dominantes se han concentrado tradicionalmente en las segundas, en lugar de las primeras.
Menos obvio, sin embargo – y mucho menos investigado – es cómo los intereses de las propias sociedades matrices de los estudios tienen impacto en el cine – tanto en los ámbitos sistémicos como individuales. Esperamos ver que la atención crítica pase a los productores en última instancia de esas cintas para ayudar a explicar su contenido desradicalizado, y para finalmente ayudar a las audiencias a tomar decisiones informadas sobre lo que consumen.
Mientras levantamos la vista de nuestras palomitas de maíz, vale la pena recordar que tras la magia de las películas están los magos de las relaciones públicas corporativas.
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