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De cómo los Quilmes vencieron a los españoles

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PABLO MARRERO NO, susurraron las mujeres con la sonrisa cómplice en los labios. NO, mientras molían el maíz en los morteros, y esa era una negación positiva, triunfal: un “no” como afirmación. Una decisión inapelable que bullía dentro del cuerpo con un cosquilleo que ya se habían olvidado de sentir. Un “no” que las volvía…



