Frente a una multitud que protestaba pacíficamente contra la ley de propiedad privada, las fuerzas de seguridad desplegaron una represión tan salvaje que cuenta con pocos precedentes. La represión se extendió este jueves durante varias horas y cuadras desde el Congreso hasta las cercanías de Plaza de Mayo. Unas 1.500 personas resultaron heridas, una de ellas trasladada con graves heridas al Hospital Argerich. Además, al menos 28 personas fueron detenidas. Por Agencia Andar.
Desde muy temprano y a pesar de la persistente lluvia, miles de manifestantes marcharon este jueves hasta el Congreso que se encontraba completamente vallado mientras en la Cámara de Senadores se trataban las reformas legislativas impulsadas por el Gobierno nacional sobre propiedad privada, manejo del fuego y desalojos.
La represión comenzó alrededor de las 16:30 sin razón que lo amerite y cuando la manifestación transcurría de manera pacífica. Los cuerpos de Policía Federal, Prefectura y Gendarmería, que estaban detrás del vallado del Congreso, comenzaron a lanzar de manera indiscriminada gases químicos, bombas de gas lacrimógeno y agua a presión con los camiones hidrantes. Luego, desde las calles laterales al Congreso, sobrepasaron el vallado y comenzaron a avanzar sobre las personas utilizando todo el armamento.
El avance de las fuerzas de seguridad, sobrepasando los vallados que habían sido colocados por las mismas fuerzas en el marco del operativo de seguridad, fue un acto de intimidación que respondía a un solo objetivo: dispersar a los manifestantes para acabar con una pacífica jornada de protesta.
Una vez que las fuerzas federales avanzaron, efectivos de la Policía de la Ciudad se sumaron a la represión. El ataque se extendió hasta pasada las 20 horas y por varias cuadras. El saldo es de cientos de personas heridas, la mayoría alcanzadas por los gases químicos o gas lacrimógeno, otras fueron atendidas con impactos de bala de goma o por golpes con tonfas de provocados por los cuerpos de infantería que avanzaban con los escudos y palos para hacer replegar a los manifestantes. Ocho integrantes del equipo de monitoreo de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) y 18 del Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA) que asistían a las víctimas también fueron alcanzados por los gases y los disparos con postas de goma.
Ya entrada la noche, cuando el grueso de manifestantes había desconcentrado, fueron detenidas, al menos, nueve personas; 21 detenciones por parte de la Policía Federal y 7 por Policía de la Ciudad. Fue también en ese momento cuando una fotorreportera resultó gravemente herida, los médicos que la atendieron señalaron que tenía tres impactos con postas de goma o pistolas Byrna en la parte posterior de la cabeza; la víctima fue trasladada al Hospital Argerich. Esa misma noche, la CPM presentó la denuncia penal para que se investigue esta agresión policial.
Durante toda la jornada, las postas de salud de los partidos de izquierda y el CEPA atendieron a las cientos de víctimas; muchas de ellas, atendidas en el Instituto Patria donde ingresaron para guarecerse del ataque de las fuerzas de seguridad.
En su calidad de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura, y como lo hace desde la implementación del protocolo antipiquetes, la CPM monitoreo el despliegue de las fuerzas de seguridad durante la manifestación junto al Comité Nacional para la Prevención de la Tortura y el Mecanismo local de CABA.
**
Compartimos además el detalle, elaborado por el Centro de Estudios Legales y Sociales, de la forma en que cuatro fuerzas de seguridad reprimieron la manifestación en los alrededores del Congreso:
Hidrantes: herramienta de dispersión
Los carros hidrantes no se usaron para proteger un sector o para responder a un incidente puntual, sino como una herramienta de dispersión sostenida. Fueron protagonistas durante toda la represión en una jornada particular: toda la tarde llovió y la temperatura osciló entre los 14 y los 10 °C. Es decir que las personas permanecieron durante horas empapadas mientras continuaban los disparos de gases y postas de goma. La combinación hizo que la violencia de la policía se multiplicara exponencialmente.
El primer carro avanzó desde Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos. Lanzó agua y acompañó la lluvia de gases lacrimógenos contra quienes estaban en la plaza. Pero los hidrantes fueron cambiando de posición y avanzaron por Callao, Rivadavia, Lima y Avenida de Mayo. El agua fue usada para abrir paso a las columnas de la policía, pero también contra colectivos que trataban de llegar a destino y autos que circulaban por la zona. Alrededor de las 19 se sumaron los carros hidrantes de la Policía de la Ciudad. Ingresaron por Santiago del Estero y montaron un cerco junto a efectivos que disparaban postas de goma desde Rivadavia y San José. Más tarde su función fue acompañar la persecución de quienes se desconcentraban.
Balas de goma y gases
Las fuerzas de seguridad usaron durante toda la tarde postas de goma y gases. Registramos disparos a corta y media distancia, en distintos puntos del operativo, y lesiones en zonas sensibles del cuerpo, especialmente en la cabeza y el rostro. Esta represión trajo una novedad: los policías levantaban casquillos a su paso para borrar evidencias.
Ya desde el primer momento los gases empezaron a lanzarse hacia manifestantes que estaban en la plaza y también hacia sectores donde había puestos de comida. La Policía Federal disparó gases lacrimógenos con escopetas en la zona de la Plaza de los Dos Congresos junto con Prefectura sobre Yrigoyen, mientras Gendarmería avanzaba sobre la plaza. El operativo y las imágenes que comienzan a circular remiten a la represión en la que Pablo Grillo terminó herido de gravedad. Desde las 18 hubo una nueva ola de represión, con las actuación de las tres fuerzas coordinadas. El objetivo era impedir la protesta.
Alrededor de las 18.41, sin que nunca se dejaran de escuchar disparos, Gendarmería y Prefectura avanzaban sobre Rivadavia con pistolas lanzagases. En ese sector fue detenido un hombre que tenía una herida de posta de goma en el pómulo. Para ese momento ya había al menos dos lesiones documentadas en el rostro. Cerca de las 19 se sumó la Policía de la Ciudad. Usaban escopetas, mientras los hidrantes cerraban y desplazaban a la gente. Para esa hora las personas heridas sumaban muchas decenas.
Ya cerca de las 20, mientras dentro del recinto del Senado se seguía con la discusión y a pesar de que se alertaba de que en las calles había una represión fuera de escala, la protesta se dispersó hacia Plaza de Mayo. A la altura de calle Piedras, efectivos de la Federal dispararon sus escopetas sin contemplar que el tránsito estaba habilitado y que por las veredas circulaban familias. Escenas similares se vieron en las calles internas cercanas al Congreso, pero protagonizadas por Gendarmería: disparos sin control no sólo contra quienes protestaban, sino también contra cualquier transeúnte.
Ataques y detenciones al voleo
Durante el operativo también hubo agresiones contra trabajadores y trabajadoras de prensa, una característica destacada de este gobierno. En el registro de la represión se ve a agentes de la prefectura lanzando gases contra los fotógrafos que están cubriendo una detención. Cerca de las 19.07, las fuerzas comenzaron a disparar postas de goma hacia el sector donde se encontraba el móvil de C5N. Más tarde, en medio de corridas, una fotógrafa quedó tendida en el suelo con un fuerte sangrado y fue trasladada al Hospital Argerich con traumatismo de cráneo y sangrado de oído. 14 personas fueron hospitalizadas. Miles recibieron atención en las postas sanitarias con impactos de municiones de goma en el cuerpo, ojos irritados y problemas respiratorios.
A las 23.45 había 29 detenciones por atentado agravado. Según la información disponible, ocho personas fueron detenidas por la policía de la ciudad y 21 detenciones por las fuerzas federales. Todas están a disposición de la justicia porteña. Funcionarios del Ministerio de Seguridad denunciaron a los detenidos por atentado al “orden constitucional y la vida democrática”, atentado a la autoridad agravado, resistencia a la autoridad y daño agravado. Pidieron que todos esos delitos sean considerados agravados bajo el argumento de que habrían sido cometidos con la finalidad de obligar a las autoridades públicas a abstenerse de cumplir sus funciones: votar una proyecto de ley. Esto mismo tiene un antecedente: la reacción posterior del gobierno ante la protesta contra la Ley Bases. 33 personas fueron detenidas de manera indiscriminada y varias de ellas, tratadas como detenidas de máxima peligrosidad. Se las trasladó a penales federales, donde sufrieron vejaciones y se las interrogó acerca de su participación política y su ideología.
El despliegue estatal de la jornada, mientras en el Congreso se hablaba de una reforma que podía alentar los fuegos intencionales y producir desalojos sin contemplar la vida de las personas, fue de intento de silenciamiento a la ciudadanía movilizada. El resultado fue una protesta dispersada mediante el ejercicio intensivo de la violencia policial contra manifestantes y trabajadores de prensa.




