El primer juicio oral por Cromañón se inició hace pocas semanas, el primero porque le seguirán otros dos con más imputados. (Ariel Bignami * para Red Eco) Ciudad de Buenos Aires – Antes de empezar el juicio, hubo una breve escaramuza en torno a la distribución del espacio que se destinaba a los distintos participantes. En un primer momento se establecía dividir la sala de audiencias (la misma en que fueron juzgados los milicos del Proceso) de modo tal que la defensa (de los imputados) quedaba en contacto directo con los jueces, y el público (en su mayor parte deudos y allegados de las víctimas) y sus abogados quedaban del otro lado de un tabique de blindex, como fieras en exhibición.
La acusación (y el movimiento Cromañón) protestaron, anunciaron que se retirarían del juicio si esta medida era mantenida, y fue corregida. Parcialmente, en verdad, ya que solamente los abogados de la acusación fueron admitidos junto al estrado de los jueces ante el cual desfilan ahora los testigos y especialistas.
Desde entonces el juicio viene desarrollándose tres días por semana,  con declaraciones frecuentemente muy ilustrativas, pero donde no faltan, sino que abundan, las chicanas de la defensa y de los imputados.
Chabán declaró tras anunciar que no permitiría preguntas, se describió como culpable “metafísicamente” y provocó claramente a los padres, madres, hermanos y demás allegados, con la evidente esperanza de un escándalo que pusiera fin al juicio. Al no lograrlo, intentó recusar al juzgado, lo cual fue prontamente rechazado. En el juicio continuaron las chicanerías de la defensa, observadas repetidamente por la fiscalía y por el juez.
Hay por todos lados, y desde todas las partes, aunque con distintas motivaciones, la percepción de que en el juicio, y entre los acusados, hay ausencias notorias y flagrantes, la principal, la de quien era jefe de gobierno la noche de Cromañón. Aníbal Ibarra hoy goza de impunidad institucionalizada por ser legislador y , además, fue sobreseído por la jueza Crotto sin que se lo citara siquiera a declarar y sin que nadie hubiera solicitado esa medida, lo cual casi no tiene antecedentes en la vida judicial argentina. La ausencia de Ibarra , sin embargo, es solamente, material: nadie se olvida de su responsabilidad y aún falta el recurso a los tribunales internacionales, menos propensos a dejarse influir por los vaivenes políticos locales.
Mientras tanto, los elementos que componen el cuadro de la culpabilidad de funcionarios, empresarios , músicos (Callejeros) , policías coimeros y otros, se van acumulando cada día con las nuevas declaraciones, inclusive, a veces, las de los propios testigos de la defensa .
La justicia que puedan recibir aquí los querellantes, cuyas pérdidas no son sanables con ninguna medida judicial, será, en el mejor de los casos, parcial. Es lo que ocurre con la justicia burguesa y por ahora no hay otra. Aun así, obtener esa justicia parcial será un salto cualitativo, habida cuenta de lo sucedido con la voladura impune de la Amia, con el caso Kheyvis (cuyo propietario ha sido autorizado a abrir otro local, quedando en posibilidad de matar más gente), el caso Lapa, más recientemente la muerte de tres jóvenes obreros el estallar una caldera de Acíndar Villa Constitución en aras de las ganancias patronales y los topes de producción.
Estos y otros hechos, que documentan la funesta trayectoria de la impunidad en nuestro país, son evocados cada mes, los días 30, en la Plaza de Mayo al culminar la marcha mensual por Cromañón.
Mientras tanto, el juicio se ha iniciado y esto ya es un triunfo popular. Los testimonios sacuden a una sociedad parcialmente adormilada y las sesiones, de una tensión insoportable para los allegados y los “solidarios”, han abierto el telón, bajo la luz fulgurante de los hechos, sobre las responsabilidades de quienes armaron, permitieron, toleraron o encubrieron la masacre; en muchos casos, como se va viendo, a través de la corrupción empresarial o gubernamental. También se ha revelado el heroísmo popular de los que arriesgaron, y a veces perdieron, su propia vida tratando de auxiliar y salvar algunos de los que cayeron en la trampa mortal del boliche de Once, en aquella noche infernal de diciembre.

*Integrante de la Articulación por Verdad y Justicia para los Pibes de Cromañón. Periodista