Ocurrió este lunes mientras se movilizaban frente a la seccional de Lomas del Mirador para denunciar la responsabilidad policial en la muerte del hombre de 41 años que salió el domingo a comprar facturas en esa localidad del partido bonaerense de La Matanza y fue detenido ya que agentes lo habrían confundido con el autor de un robo. Horas más tarde fue hallado muerto en un calabozo de la Comisaría Distrital Noreste N° 2. Desde la comisaría afirmaron que se ahorcó, pero su familia asegura que lo mató la policía.

El hecho sucedió en la misma localidad donde en 2009 la policía detuvo, asesinó y desapareció a Luciano Arruga.

Al conocer la muerte de Castillo, desde Familiares y Amigues de Luciano emitieron el siguiente comunicado:

Otra vez. Detienen a un tipo. Lo torturan toda una tarde. Y lo matan.
Domingo 16 de abril, Mauricio Castillo terminó de laburar toda la noche y la Bonaerense de La Matanza lo cruzó, se lo llevó y lo asesinó.
Las similitudes entre el crimen estatal de Mauricio y lo que le sucedió a Luciano, tanto en 2008, cuando lo torturaron; y en 2009, cuando lo mataron y desaparecieron, son muchas. Ayer, a Castillo lo tuvieron engomado diez horas, lo detuvieron policías del destacamento de Lomas del Mirador, en el que encerraron ilegalmente a Luciano. ¿Pero no lo habían cerrado? Fue lo que prometió el Estado, Espinoza, Scioli. Pero no. Lo trasladaron cerquita nomás, en la Santos Vega, para que a los pobres no se les olvide para qué está la yuta. Y a 40 años del regreso de la democracia, no descartemos las ironías estatales de siempre: el destacamento de Lomas del Mirador depende de la Comisaría Octava, donde encerraron y mataron a Mauricio, donde funcionó el Centro Clandestino de Detención Sheraton. ¿Funcionó? ¿Es correcto hablar en pasado cuando a represión estatal, a desapariciones, secuestros, torturas y asesinatos nos referimos? Hay otros puntos de encuentro entre ambos asesinatos policiales. Por ejemplo, esa increíble tendencia de los morochos villeros de coquetear con el suicidio apenas se cruzan con un rati. Luciano, cruzando por la vía rápida de la General Paz, Mauricio, transformando una mañana tranquila donde iba a comprar facturas contento de volver a ver a su familia en el preludio de decidir quitarse la vida. Y algo más: siempre, todo el tiempo, cuando la sociedad pide seguridad y aparecen ciertos personajes pululando por los medios, las balas van para el mismo lado. Y van de un modo efectivo y aleccionador: también las recibieron los vecinos, vecinas y familiares de Mauricio, cuando reclamaron ayer y hoy.
Cansa decir siempre lo mismo, y agota, también, tener razón. En términos de analizar la represión estatal somos campeones del mundo, no le pifiamos nunca. Aunque, es cierto, nos la hacen fácil: el Estado resuelve todo pegándole a los morochos, pobres y jóvenes.
Nos encantaría no tener que escribir más este tipo de comunicados. Pero no va a pasar, porque la yuta va a seguir matando. Pero lo que también va a seguir existiendo es la organización colectiva que ya, a minutos de conocerse el crimen de Mauricio, estaba acompañando a su familia. Por más que nos caguen a tiros, vamos a seguir estando. Pidiendo justicia. En la calle. Como siempre. Ardiendo.
Justicia por Mauricio.
Fuera la policía de nuestros barrios.
Espinoza, Berni y Kicillof, responsables.
Todos los gobiernos torturan, matan y desaparecen. En dictadura. Y en democracia.