Los incendios arrasaron más de 2 mil hectáreas de bosque en el Lago Epuyén en medio del verano más seco en una década. El gobierno de Chubut volvió a buscar responsables “intencionales”, mientras la comunidad se organiza en brigadas, denuncia el desfinanciamiento del manejo del fuego y la Ley de Bosques, y las promesas incumplidas tras los incendios del año pasado. Entre el humo también asoman las intenciones inmobiliarias, mineras y por el manejo del agua. Por Ada Augello – desde la Comarca Andina (Chubut y Río Negro) – Publicado en Agencia Tierra Viva.
El fuego sobre las costas del Lago Epuyén ya arrasó más de 2 mil hectáreas, destruyó 10 viviendas y obligó a evacuar a cientos de pobladores y turistas. El foco inicial, en el ingreso a Puerto Patriada, fue confirmado como “intencional” por la fiscalía local y rápidamente utilizado por el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, para no hablar de las problemáticas de fondo —desfinanciamiento del Servicio de Manejo del Fuego, erradicación del monocultivo de pinos, restauración del bosque nativo; entre otras que ambientalistas, científicos, académicos y vecinos organizados repiten hace años—. El incendio ocurre en un contexto de sequía extrema y en el verano más seco de la última década. Tan seco que arde. Hace solo un año, Epuyén sufrió otro incendio que consumió entre 2.300 y 3.000 hectáreas, con más de 200 familias evacuadas y decenas de casas afectadas.

A pesar de los discursos de negacionismo de la crisis climáticas a nivel nacional, en 2025, se registraron déficits de lluvia históricos en el norte y oeste patagónico, considerados entre los más secos desde 1961. El 26 de diciembre, diez días antes del inicio del incendio, el gobierno nacional tuvo que reconocer la situación y declaró la emergencia agropecuaria por sequía en Neuquén. En los primeros días de 2026, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) confirmaron que la crisis climática y la falta de precipitaciones son factores agravantes que elevan el riesgo de incendios forestales y de interfase en gran parte de la Argentina, incluyendo la región patagónica. Estos organismos declararon un “riesgo extremo” en 16 provincias, advirtiendo que las condiciones deberían considerarse “potencialmente explosivas o extremadamente críticas”.

El 5 de enero, Puerto Patriada arde. El deslumbrante paisaje turístico a orillas del Lago Epuyén perdió más de 2.000 hectáreas de bosque y matorrales, el fuego alcanzó una zona de interfase —límite entre el bosque y las zonas urbanizadas— en las deshidratadas calles del paraje Rincón de Lobos, allí arrasó con diez viviendas y decenas de animales.

El foco del incendio se registró, según las hipótesis oficiales, en la reserva forestal ubicada en el ingreso a Puerto Patriada, en el extremo norte del Lago Epuyén, y se dispersó por la ladera norte del Cerro Pirque, que divide las localidades de El Hoyo y Epuyén. El lunes por la tarde, cuando inició el incendio, los parajes de El Hoyo fueron los más amenazados y donde, hasta ahora, se registraron pérdidas materiales del incendio. El fuego continuó rodeando el lago y avanzó en dos direcciones: hacia el oeste rumbo al paraje El Desemboque, en Lago Puelo, y hacia el sur en los parajes rurales de Epuyén.

Desde el primer día se volvieron a vivir las imágenes que toda La Comarca —región que reúne los pueblos cordilleranos del sur de Río Negro y norte de Chubut— tenía muy presentes del año pasado, cuando los incendios en Chubut arrasaron Epuyén; y en Río Negro, El Bolsón. Hace un año, la superficie de bosques andino-patagónicos afectada por incendios forestales fue de 31.722 hectáreas, cuatro veces más que en el verano de 2023-2024, según un informe de Greenpeace.

Puerto Patriada o “el recuerdo de cuando era verde”
La repetición del fuego se asemeja a un eco, como una herida que no cierra. Mariana Cides es vecina de Puerto Patriada y cuenta que armó una brigada comunitaria a la que nombró “La Moro”, en referencia a un caballo rescatado a orillas del lago Epuyén y a la camioneta en la que transporta el equipo de primer ataque contra el fuego. La vecina recuerda aquella primera noche en la que el cerro brillaba como un fósforo en la oscuridad. Ni bien hubo permiso oficial para que las brigadas comunitarias pudieran circular, emprendieron el camino de montaña.

“Llegamos a las 20 con agua, un granito de arena. Nos quedamos colaborando hasta las 5.30, cuando ya comenzaba a amanecer. En el camino de regreso desde el lago estaba clareando y vimos todo quemado”, dice e insiste con la palabra “todo”. Las cifras oficiales hablan de hectáreas arrasadas, pero Cides corporiza esa estadística: “Lo que se siente no se puede describir en palabras: animales lastimados, casas quemadas, bosque quemado, las playas ya no están. Todo queda ahora en el recuerdo de cuando era verde. La verdad, es que se siente una impotencia terrible, terrible para el alma”.

La comunidad, esta vez y como años anteriores, vuelve a ser protagonista. “La gente, los vecinos, tienen una humanidad impagable”, resume Cides. Con motobombas improvisadas, machetes, botellas de agua, y un mate que circulaba a las tres de la mañana, enfrentaron las llamas. “Estuvimos hasta cualquier hora, todos empapados, embarrados, tiznados”, recuerda con cierta euforia aún en la voz y con los párpados pesados de sueño.

Y agrega: “Va más allá de la tristeza del daño que se hace, porque nunca más volvés a ver el bosque, y no hablo de los pinos que arden como si nada”. Cides habla de la vida de los árboles nativos: lengas, cipreses, coihues y ñires, que acumulaban hojarasca hace más de 60 años. “Entonces, te fundís en un abrazo con alguien que no sabés quién es, y no te importa. No recuerdo el nombre de nadie pero si los veo o los escucho puedo reconocerlos”, cuenta con certeza.

Entre esas imágenes del combate al fuego, Cides habla de un niño, de unos diez años, que se les acercó a pedir que vayan a ayudar a su papá, mientras la brigada comunitaria recargaba un tótem de agua. “Era un gurisito, que estaba en la orilla, pegado al lago. Estaba con caballos de cabalgata. Y nos dijo, con toda inocencia: sacamos a éstos y allá se quemó todo el campo nuestro y también se deben haber quemado animales porque no quedaron más que esta yegua, este caballo, este otro”, enumeró.

“Nos contó el nombre de cada uno y nos pidió que fuéramos a ver a su papá, que estaba en el campo, pero no llegamos, era un infierno”, retrata Cides y grafica: fuego a cada lado del camino, las indicaciones para senderismo consumidas sobre los árboles. Volvieron a buscar agua en la orilla ante tanto calor. Las hojas de los árboles se retorcían, achicharradas por el fuego, que siguieron combatiendo con otro grupo de pobladores y prestadores turísticos.

La organización comunitaria frente al desfinanciamiento nacional
Mientras los vecinos organizados comunitariamente acompañaban o suplen las tareas de los brigadistas del desfinanciado Servicio del Manejo del Fuego provincial y nacional, el gobernador Ignacio Torres ofrecía una conferencia de prensa para anunciar que “los miserables que prendieron fuego van a terminar presos”. El contraste se hace evidente: mientras la comunidad se organiza con lo que tiene a mano, el Estado aparece con discursos punitivos sin garantizar recursos permanentes ni respetar el modo de habitar y vivir en los territorios por parte de la población local.

Durante el combate del fuego, según relatos de brigadistas comunitarios, el cuerpo olvida el hambre, también el cansancio e incluso el calor que se refleja e impregna por completo en la piel. En aquella adrenalina no existe registro, el cansancio parece nacer después, al descansar. Cides dice no haber visto brigadistas o bomberos, muchos menos autoridades, durante las primeras horas transcurridas. El gobierno provincial habló luego de la acción de 6 aviones hidrantes, 1 helicóptero, camiones cisterna de Vialidad Nacional y, luego del tercer día, un Boeing 737 Fireliner enviado desde Nación.

A pesar de los anuncios del gobernador con el ministro del Interior, Diego Santilli, el presidente Javier Milei desfinancia el Servicio del Manejo del Fuego desde el inicio de su gestión. En el Presupuesto 2026, según un informe de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), la partida presupuestaria del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), que depende del presupuesto nacional, contará con 20.131 millones, lo que implica una caída real del 69 por ciento con respecto a 2023 y del 53,6 por ciento con respecto a 2025.

El fuego sobre Rincón de Lobos, los pinos y la Ley de Bosques
“Lo de anoche fue dantesco”, cuenta Juan Pablo “Pocho” Acosta, ingeniero agrónomo, integrante de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y vecino del paraje Rincón de Lobos. Desde su casa se veía el Cerro Pirque encendido durante la noche. En aquel paraje muchos vecinos se autoevacuaron y los que quedaron, se mantienen atentos al movimiento del fuego llevado por el viento. Lo hacen durmiendo por turnos y con los tanques de agua comunitarios y las autobombas preparadas.

También se escuchan pasar los aviones hidrantes y autobombas de los servicios provincial y nacional de Manejo del Fuego, pero con el cerro prendido “solo se puede controlar cuestiones muy puntuales”, advierte Acosta y agrega: “Los ataques al fuego son para resguardar vidas humanas y evitar que se dañe infraestructura, pero el monte se sigue quemando hasta que haya una lluvia”.

Entonces, marca uno de los problemas de fondo, de lo que no se hizo hasta que el fuego se inició. “El gobierno dio de baja el fondo fiduciario de la Ley de Bosques, que aporta los recursos para el trabajo preventivo y el ordenamiento forestal. Ahora estás trabajando sobre la emergencia y sobre la emergencia no alcanza nada”. El manejo del monocultivo de pinos es un problema central La Comarca, año tras año vecinos, asambleas, técnicos y académicos denuncian el descontrol de los planes forestales que, entre la década de 1970 y 1990, impulsaron la implantación de variedades de pino del hemisferio norte, un tipo de árbol con gran capacidad de combustión.

“Los planes de restauración de monte nativo están muy atados al financiamiento nacional de la Ley de Bosques, que hoy está desfinanciada”, insiste el integrante de UTT y habla de lo que se repite en cada incendio: “La presencia de especies exóticas como el pino, te cambia la dinámica del fuego, es mucho más virulenta en un bosque de pino que en un bosque nativo. El fuego promueve la colonización de estas especies y los ciclos ígneos se repiten con más fuerza”.

Agotado de esperar que el fuego no llega a su casa y a la de sus vecinos, Acosta se toma un tiempo, piensa y propone un plan de 5 ejes de política pública para prevenir los incendios en Chubut:

  • Erradicación de exóticas (pino, principalmente)
  • Restauración de bosque nativo
  • Fortalecimiento del combate del fuego (personal y equipamiento)
  • Educación ambiental
  • Fortalecimiento y ordenamiento de la producción de pequeños productores familiares que viven las reservas provinciales y nacionales y en sus entornos.

Los incendios en Chubut, una tragedia repetida ¿por “intencionalidad” de quién?
Claudia Sastre, comunicadora e integrante de la Asamblea de Vecinos de Epuyén, es testigo de cómo el fuego avanzó por la ladera sur del Cerro Pirque hacia los parajes rurales de Epuyén, que un año atrás vio arder hectáreas y viviendas bajo el fuego. El avance del foco de este verano obligó a la evacuación de las personas en el desembocadura del río homónimo, pero aún no alcanzó a las zonas de viviendas. Sastre vió caer las cenizas del incendio sobre su casa: “Está todo blanco, como si hubiera nevado”, dice y agrega: “Es una catástrofe, se perdió toda la biósfera”.

Azul Gatti Yapur, quien perdió su casa en las llamas de enero de 2025 y pertenece a la Asamblea de Vecinxs Damnificadxs de Epuyén, dice casi envuelta en una risa nerviosa: “Ahora mojo el techo de la estructura de mi casa para que esta vez no se queme, es muy desesperante” y denuncia: “No terminaron de llegar las ayudas del incendio anterior y ya estamos atravesando uno nuevo”. Su comentario, es parte de un pliego de reclamos de la asamblea de vecinos y vecinas que va desde la solicitud de extensión del subsidio para alquiler hasta la entrega de fondos para reconstruir lo perdido para quienes aún no lo han recibido.

Gatti Yapur participa de un espacio que se organiza ante cada emergencia para cocinar viandas y alcanzarlas a las brigadas comunitarias. Durante la conversación se distrae con gritos, anuncios de ingredientes y cantidades entregadas. Sostiene que “este momento es de cocinar, mojar las casas y conversando cómo seguir”. “La comarca es muy buena organizándose ante emergencias pero no lo es para mantener la organización durante el resto del tiempo, por ejemplo, sosteniendo reclamos sobre anuncios que aún no se cumplieron”.

Sastre suma en esa misma línea y denuncia: “Tras los incendios llegaron 7 mil millones de pesos en Aportes del Tesoro Nacional. En Epuyén no cambió nada para el combate del fuego y a los damnificados les quedó muy poco. Los incendios son un gran negocio para los funcionarios”. Repasa entonces las hipótesis del fuego y da lugar a la presencia de focos intencionales, como el gobernador Ignacio Torres denunció, pero abre el paraguas respecto de las investigaciones posteriores y de la estigmatización del Pueblo Mapuche.

Durante la conferencia de prensa brindada por Torres junto a Santilli, el gobernador mantuvo la misma narrativa de la búsqueda de un enemigo interno que el año pasado, aunque evitó hablar explícitamente del Pueblo Mapuche, mediáticamente acusados y judicialmente perseguidos por los incendios en Chubut de 2025. Santilli reforzó la idea hablando de una recompensa de 50 millones de pesos para quien aportara información. “Son los mismos violentos. Hay una conexión también en cuanto a la modalidad de estos delitos y obviamente el fuego no distingue jurisdicción, ni nacional, ni provincial, ni interprovincial”, dijo Torres.

Ante los dichos, Gatti Yapur no se sorprende, al contrario, asegura que “es lo que vienen haciendo, culpando en lugar de responsabilizarse por la falta de prevención y cuidado, de manejo de implantaciones de pinos, entre otras”. Pocas días atrás, el gobernador del Chubut lanzó otra hipótesis al hablar del hallazgo de, al menos, seis granadas de guerra en el Lago Epuyén, dentro del Parque Municipal Puerto Bonito, cercano a las llamas de estos días.

Torres confirmó que los explosivos pertenecían al Ejército y que, por los números de serie, se pudo establecer que eran propiedad del Ministerio de Defensa. La investigación se encuentra a cargo del fiscal Carlos Díaz Meyer, el mismo que interviene en la búsqueda de responsables de los focos ígneos, sin resolver aún la causa sobre el siniestro del 15 de enero de 2025 en la misma localidad.

En ese contexto, Torres afirmó nuevamente que “todos los años se quiere sembrar miedo y terror en la zona” y que “cualquiera que quiera asustar a la comunidad va a terminar preso”. Otra vez el fuego, otra vez el discurso punitivista que desliga la responsabilidad del Estado para colocarla sobre los autores materiales, ignorando la problemática territorial de fondo. “Luego del incendio de enero del año pasado se realizó hasta una pericia de la Policía Federal en la que se probaba que hubo líquidos acelerantes del fuego, pero la investigación no avanzó. Si no hay resultado de las investigaciones y solo se criminaliza por criminalizar, da mucho que pensar”, reflexiona Sastre sobre los discursos oficiales.

La periodista de la Radio Asamblea insiste en otras hipótesis del fuego, las que denuncian desde hace años: “El desfinanciamiento del Servicio Provincial del Manejo del Fuego, por ejemplo. Hace menos de un mes despidieron a cinco técnicos que estaban haciendo trabajos de reforestación, le rescindieron el contrato. El servicio está desfinanciado, no cumplen los acuerdos paritarios, las brigadas están siempre igual, mal equipadas y mal pagas. No ha cambiado nada”.

Si la palabra que da vueltas es “intencionalidad” —avalada por esa políticamente difusa cifra oficial que indica que el 95 por ciento de los incendios son provocados por acción humana—, Sastre sospecha de la que está detrás del negocio de que, cada verano, los bosques nativos se incendien sin tareas de prevención ni previas ni posteriores: “Si hay intencionalidad es de los que quieren quedarse con el territorio y no de los los que vivimos en él. Intereses inmobiliarios, mineras, capitales extranjeros, la explotación del agua. El agua es un nuevo commodity y los incendios son el rifle sanitario”, sentencia.

Como ejemplo, Sastre habla del paraje Arroyo Mina, donde vive al pie del Cerro Coihue: “Ya está señalado como que, en algún momento, se va a prender fuego. Hay mucho bosque nativo, pero también hay manifestaciones para realizar emprendimientos mineros. Hay más de 20 manifestaciones mineras en todo el ejido de Epuyén”.

La repetición del fuego no es solo una estadística: es un trauma colectivo que se renueva cada verano, una herida que se abre en el mismo territorio, en los mismos cuerpos.

Edición: Nahuel Lag

Nota publicada en Agencia Tierra Viva AQUI

Compartimos además una declaración de Vecinos de Esquel y Trevelin Autoconvocados por los Incendios Forestales, también publicada en la Agencia Tierra Viva AQUI

Incendio en Los Alerces: “Se está quemando nuestra historia, nuestro hogar, nuestro bosque”

El Parque Nacional Los Alerces registra otro foco de incendio en Chubut, a 120 kilómetros de las llamas que avanzan sobre el bosque nativo en El Hoyo y Epuyén. El fuego se inició, hace un mes, por la caída de un rayo en un sector aislado del Lago Menéndez y se reactivó esta semana. Vecinos autoconvocados denuncian la demora en la acción estatal.

Hace un mes, después de una tormenta eléctrica, se detectó un pequeño foco de incendio en una zona intangible sobre una margen del Lago Menéndez en el Parque Nacional Los Alerces (Chubut). Desde entonces, el Parque Nacional enviaba, diariamente, un grupo de brigadistas navegando por el lago para vivir la frustración de no poder acceder al lugar en forma terrestre. Todos sabíamos que la única posibilidad de atacar el fuego era mediante medios aéreos, pero también se observaba que con un sólo helicóptero con balde no se podría resolver la situación. Hoy, el Parque Los Alerces arde. No fue sólo la sequía, existe también un Estado irresponsable.

El Parque Nacional Los Alerces es una de las áreas protegidas más bonitas del país. Es un lugar que ha sido cuidado y protegido desde 1937. Un parque que por su belleza paisajística y cuidado tan extremo fue declarado Patrimonio Mundial en junio de 2017. Este parque, el nuestro, es el único Parque Nacional que cuida y protege la especie arbórea más longeva del mundo, el Fitzroya cupressoides o Alerce Patagónico. Esta especie arbórea habita el bosque andino patagónico desde hace 5486 años aproximadamente.

El bosque de alerce crece en la zona núcleo del parque nacional, dentro del bosque valdiviano. Para conocerlo es necesario embarcarse y navegar hasta llegar al lugar donde habita “el abuelo”, como los conocemos desde siempre: un alerce de 2600 años. Ahí, en esa zona intangible, es donde comenzó el incendio. En esa zona conviven, Alerces, Coihues, Ñires, Lengas, Cañas Colihues, Huan Huan, entre muchas especies más. Cada árbol, cada arbusto del bosque es un refugio y hogar de diferentes aves, insecto y animales como del Pudú, (el ciervo más pequeño del mundo), el Huemul, (Patrimonio Natural), Monito del Monte, Gato Huiña, Gato Montes, Pumas, Chucaos, Pájaros Carpinteros, entre muchísimas especies más.

Lo más bello de este parque en particular, es su gran y variada biodiversidad, ese gran ecosistema prístino, bien equilibrado que hoy está ardiendo. Se está quemando todo nuestro parque y nos toca el alma a todos, no sólo a los que habitan y trabajan de manera directa en esta área protegida, sino a todos. “Se está quemando nuestra historia, nuestro hogar, el lugar con mayor carga de vida que tenemos. Se quema nuestro bosque, el lugar que visitamos, disfrutamos, cuidamos y consideramos nuestro hogar. Por eso, no entendemos qué pasó.

¿No había ningún avión hidrante o helicóptero que pudiera llegar a ayudar a los pocos brigadistas y guardaparques que están poniendo el cuerpo desde diciembre? Ahora está en llamas la zona núcleo, el corazón de nuestro parque nacional, la zona de recreación, Lago Verde, Lago Rivadavia, el sector de río Arrayanes ayer comenzó a arder en ambos lados. Las familias que habitan en el lago están intentando salvar lo que pueden de las llamas. A nosotros los locales nos afecta de manera directa e indirecta.

Nos destruye no solo la temporada, nos destruye el territorio que cuidamos, protegemos y difundimos como un lugar digno de disfrutar y trabajar de manera sustentable. Nuestra calidad de vida se nos está yendo con las llamas. La posibilidad de una vida social, económica y ambiental sustentable se nos está yendo con cada perdida arbustiva y arbórea en este incendio.

El Parque Nacional Los Alerces, como Patrimonio de la Humanidad, debería haber tenido a disposición, desde el primer día, aviones hidrantes. Sí, desde el primer día, por su importancia ambiental, por su gran biodiversidad, por el cuidado de los glaciares que lo habitan. El Patrimonio Mundial, Parque Nacional los Alerces arde y es necesario que nos expliquen por qué.

El rayo, lo entendemos… Ahora, la pasividad de los días siguientes, luego de la denuncia, de las imágenes del incendio, ¿cómo lo explican? ¿Cómo se explica la decisión de sólo observar “como viene el incendio”, “como avanza…”? ¿Cómo no se contó antes con los aviones hidrantes para lugares intangibles sin posibilidad de acceso terrestre? ¿Por qué no se actuó a tiempo?

Imagen: Matías Garay – Greenpeace