HOMENAJE AL POETA PALESTINO MAHMUD DARWISH
(Galilea, 1942-2008)
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POETA PALESTINO MAHMUD DARWISH (Galilea, 1942-2008)
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Añoro el pan de mi madre, El café de mi madre, Las caricias de mi madre… Día a día, La infancia crece en mí Y deseo vivir porque Si muero, sentiré Vergüenza de las lágrimas de mi madre.
Si algún día regreso, tórname en Adorno de tus pestañas, Cubre mis huesos con hierba Purificada con el agua bendita de tus tobillos Y átame con un mechón de tu cabello O con un hilo del borde de tu vestido… Tal vez me convierta en un dios, Sí, en un dios, Si logro tocar el fondo de tu corazón.
Si regreso. Tórname en Leña de tu fuego encendido O en cuerda de tender en la azotea de tu casa Porque no puedo sostenerme Sin tu oración cotidiana. He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia Para que pueda emprender Con los pájaros pequeños El camino de regreso Al nido donde tú aguardas. Del poemario: Enamorado de Palestina (1966) PARA NUESTRA PATRIA Para nuestra patria, Próxima a la palabra divina, Un techo de nubes. Para nuestra patria, Lejana de las cualidades del nombre, Un mapa de ausencia. Para nuestra patria, Pequeña cual grano de sésamo, Un horizonte celeste… y un abismo oculto. Para nuestra patria, Pobre cual ala de perdiz, Libros sagrados… y una herida en la identidad. Para nuestra patria, Con colinas cercadas y desgarradas, Las emboscadas del nuevo pasado. Para nuestra patria cautiva, La libertad de morir consumida de amor. Piedra preciosa en su noche sangrienta, Nuestra patria resplandece a lo lejos E ilumina su entorno… Pero nosotros en ella Nos ahogamos sin cesar.
TENGO LA SABIDURÍA DEL CONDENADO A MUERTE
Tengo la sabiduría del condenado a muerte: No tengo cosas que me posean. He escrito mi testamento con mi sangre: “¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!”. He dormido ensangrentado y coronado con mi mañana… He soñado que el corazón de la tierra era mayor que Su mapa Y más claro que sus espejos y mi cadalso. He creído que una nube blanca me Ascendía, Como si yo fuera una abubilla con el viento por alas. Y al alba, la llamada del sereno Me despierta de mi sueño y de mi lenguaje: Vivirás en otro cadáver. Modifica tu último testamento. Se ha retrasado la fecha de la segunda ejecución. ¿Hasta cuándo?, pregunto. Esperaré a que mueras más. No tengo cosas que me posean, respondo, He escrito mi testamento con mi sangre: “¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!” Y yo, aunque fuera el último, Encontraría las palabras suficientes… Cada poema es un cuadro. Pintaré ahora para las golondrinas El mapa de la primavera, para los que pasan por la acera, el azufaifo y para las mujeres el lapislázuli… El camino me llevará Y yo le llevaré a hombros Hasta que las cosas recobren su imagen Verdadera, Luego oiré lo genuino: Cada poema es una madre Que busca a su hijo en las nubes, Cerca del pozo de agua. “Hijo, te daré el relevo. Estoy encinta”. Cada poema es un sueño. He soñado que soñaba. Me llevará y le llevaré Hasta que escriba la última línea En el mármol de la tumba: “Me he dormido para volar”. Y llevaré al Mesías zapatos de invierno Para que camine como los demás Desde lo alto de la montaña hasta el lago. NOSOTROS AMAMOS LA VIDA Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella, bailamos entre dos mártires y erigimos entre ellos un alminar de violetas o una palmera.
Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.
Robamos un hilo al gusano de seda para construir nuestro cielo y concluir este éxodo. Abrimos la puerta del jardín para que el jazmín salga a las calles cual hermosa mañana.
Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.
Allá donde estemos, cultivamos plantas que crecen deprisa y recogemos mártires. Soplamos en la flauta el color de la lejanía, dibujamos un relincho en el polvo del camino y escribimos nuestros nombres piedra tras piedra. ¡Oh, relámpago! Ilumina para nosotros la noche, ilumínala un poco.
Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella. Traducción del árabe:María Luisa Prieto. Él ESTÁ TRANQUILO, YO TAMBIÉN Él está tranquilo, yo también sorbe un té con limón, bebo un café, es lo único que nos distingue. Él lleva, como yo, una camisa holgada a rayas, yo hojeo, como él, los periódicos de la tarde. Él no me ve cuando miro de reojo, yo no le veo cuando mira de reojo, él está tranquilo, yo también. Pregunta algo al camarero, pregunto algo al camarero… Una gata negra pasa entre nosotros, acaricio su noche acaricia su noche… Yo no le digo: Hace bueno, está despejado. Él no me dice: Hace bueno. Él es el observado y el observador yo soy el observado y el observador. Muevo la pierna izquierda mueve la pierna derecha. Tarareo una canción, tararea una canción parecida. Pienso: ¿Es el espejo en que me veo?
Entonces le miro a los ojos, pero no le veo… Abandono el café aprisa. Pienso: Quizá sea un asesino, o quizá uno que habrá pensado que yo soy un asesino.
Él tiene miedo, ¡y yo también! Traducción de Luz Gómez García
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