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¡BIENVENIDOS A LA BODEGA, POETAS Y NARRADORES SANMARTINIANOS! bodega

 


Boletín cultural de la Red ECO Alternativo

22 de octubre de 2008 – Año Vlll – Número 82

Bodegueros a cargo: Carlos Carbone y Pablo Marrero

Diseño: Carolina Butron Avalos


Participan en este número:
Eliana Drajer, Oscar G. D´angelo, Cecilia Restifo, Hernán Schillagi, Fernando Toledo, Rubén Valle, Emilio Fernández Cordón, Eduardo Gregorio, Humberto Palmieri y Roque Grillo.


¡BIENVENIDOS A LA BODEGA, POETAS Y NARRADORES SANMARTINIANOS!

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Estimado Carlos

Imposible agradecerte la labor que me confiaras. Si ya me cuesta lidiar conmigo mismo, puedes imaginar lo que fue hacerlo con otros nueve sujetos de igual calaña. Pero finalmente, contra viento y marea (algo que a los montañeses nos cuesta siquiera imaginar) están los diez autores sanmartinianos. Si bien no he respetado, como no lo hago con tantas otras cosas, el tamaño sugerido, deberás aceptar que lo hice, simplemente, para que pudieras disfrutar de su lectura y después, con tu reconocida capacidad de editor, dejar lo que se acerque al espíritu que anima a tu revista. Por otra parte te comento que vas a notar la diferencia de edades: Emilio, Oscar, Eduardo (acá fracasó hasta el Carbono 14 para establecer su edad) y el firmante estamos ya cómodamente ubicados en la Sub 70 mientras que el resto transita aún las salitas de cuatro (por la edad, no por la profundidad de sus textos, como verás). Y no es un detalle menor. Los chicos vienen con un ímpetu notable pero también con un bagaje sorprendente. Como dijo Borges, habría que disuadirles.

No te quito más tiempo. Espero que esto sirva para que los lectores de la Bodega sepan que en las tierras del Libertador no sólo hacemos buenos vinos. También los consumimos.

Un abrazo y mi incondicional afecto.

El roque (curador ad hoc de esta muestra literaria sanmartiniana de notable calidad)


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Carlos Cabone y Roque Grillo


Roque nos envió esta carta para presentarnos los trabajos de algunos destacados exponentes de la literatura de San Martín, Mendoza. La idea nació en un encuentro de escritores realizado este año en esa localidad, al que concurrió Carlos Carbone (bajando el nivel de dicho encuentro) y, desde ese día, el pobre Roque anduvo peleándose con estos autores para que le enviaran sus textos. Pero el esfuerzo dio su resultado y hoy en la Bodega podemos disfrutar de esta muestra literaria sanmartiniana. Desde la Bodega le agradecemos en particular a Roque, por el esfuerzo, y a todos los que enviaron sus trabajos, a la vez que abrimos los brazos para abrazarlos, los oídos para escucharlos, los ojos para leerlos y la boca para… ¡Bebernos todo el vino! … Y como somos muy caballeros, empezamos con una dama…

ELIANA DRAJER Fue editora del Proyecto periodístico y social “Hecho en Mza.” Realizó taller literario con la escritora Glicina Ferca. Participó en el grupo de poetas mendocinos “Carne Fresca”. En 2006 realizó performance literarias junto al grupo de escritores denominado “Faltan 2”. Sus textos han sido publicados en revistas literarias nacionales e internacionales y en páginas web. Ha recibido premios y distinciones provinciales, nacionales e internacionales.

no desearás la mujer de tu prójimo

no me trató no como chocolate no me examinó no sobre la lluvia no me quitó no la seda no me robó no el goteo no se le cayeron no las naranjas no me dejó no una carta no fue no buen bailarín no y nunca no supo que no le miré no los ojos no justo no cuando creyó no eclipsar no.

homo nosapiens

te pintás los labios
te sacás el vestido
te metés al agua
y el tipo nada

angustia

cierra las alas
come chocolate
y mira el reloj

la mariposa está triste.

Ángel cardinal

Mujer
esconde tu muerte
crea la caída más perfecta a tus 17 delirios

Luego
une la sangre
y vuela en puntas de pie.

elidrajer@hotmail.com/ www.17libelulas.blogspot.com


OSCAR G. D´ANGELO
Ex integrante del “Ateneo de Madrid”, Institución de poesía y literatura. 1978/79. Integrante de la Revista y del Grupo “Aleph”. Revista de creación y crítica literaria. Mendoza.
Fundador y director de “Sosiego”, revista cultural del Circulo Médico del Este, San Martín. Mendoza 2000/03. Colaborador de notas de literatura y cultura del Suplemento Cultural del Diario Los Andes. Colaborador de notas en “Historia y Perspectivas” Diario Uno. Mendoza. 1996/99. Autor de “Sucedidos”, (cuentos) 1998, “Gerundios y Manantiales”, (poesía) Ediciones Culturales de Mendoza, 1995, “Andiátides” (poesía) 1996 e “Historia del Barro” (poesía),2003 y coautor de “Antologia II” Grupo Aleph 2000.

Martina

Martina cabalgaba en su alazán hacia el sur en busca de unas potrancas que había dejado pastando cerca del río en la mañana muy temprano. El atardecer estaba caluroso y unas corpulentas nubes montadas sobre la cordillera anunciaban una tormenta segura para esa noche. El abrasador calor de todo el día le hizo pensar que no podrían estar lejos del agua por eso las buscaba en la costa. Las yeguas no aparecían.
Mientras la magia del trote adormecía con su vaivén los minutos alertas de la búsqueda, recordaba el encontronazo con los malevos del Tropezón. Ella no había querido matarlos, pero no le quedó otra, eran cinco los cuatreros y recién cuando cayó el segundo los otros huyeron, dejándola con su tropilla completa.
-Si no los mataba siguro que estos mandingas me quitan la caballada- repetía de tanto en tanto, tal vez acuciada por inefables fantasmas o recónditos sentimientos de culpa.
Cada vez que por alguna razón se acercaba al Tropezón no podía evitar acordarse de la pelea en defensa de sus caballos. Esto le ocurrió en los días de sequía del año anterior, cuando Martina pretendía arriar unos potros desde una aguada bastante consumida por el secano, ubicada en el Tropezón, hasta la empalizada que había levantado en las afuera de su casa, al norte del Paso de las Piedritas. El malevaje lo formaban cinco o seis cuatreros que al parecer no era gente lugareña, venían desde vaya a saber dónde, y cuando acopiaban una buena cantidad de animales impropios, partían huyendo con el botín del esfuerzo ajeno.
De vez en cuando detenía el alazán, se paraba sobre la montura y con su mirada de águila, extendida sobre los matorrales trataba de divisar sus potrancas, luego se reacomodaba en la cabalgadura y continuaba la marcha.
Rumbo al sur, de la mano de viejas nostalgias y rememoraciones, y al compás del trotecito musical del más noble alazán que poseyera en toda su vida, tarareaba una tonadilla escuchada desde niña por las mujeres lugareñas:

…los hombres son el demonio
parientes del alacrán;
cuando ven la mujer pobre
paran la cola y se van…

Cabalgó y cabalgó con la esperanza de encontrarlas en los montes altos que se ubicaban en un recodo de la huella. Desde allí, a su izquierda, se veía en la loma el caserío del Alto de la Mula. En esa posta solía matear de tanto en tanto con una comadre joven e indomable que atendía la taberna del poblado.
Al cruzar el camino de bajada que unía la población con la empalizada que permitía badear el río para atravesar al otro lado, notó que la tarde empalidecía de repente. Los rayos que momentos antes se escapaban por entre las hendijas de los nubarrones desaparecieron y con ellos la vitalidad de los brillos sobre las hojas de los arbustos.
Y mientras buscaba y buscaba con su penetrante mirada, seguía tarareando la canción tantas veces escuchadas en los fogones de Las Lagunas, cuando su padre el cacique Chapanay capitaneaba aquella gente del norte provinciano:

…parientes del alacrán
así dicen las mujeres,
pero siempre están queriendo
que el demonio se las lleve.

La tormenta no se hizo esperar, los hermosísimos nubarrones abultados enfurecieron su imagen y un renegrido vendaval azotó sin piedad la llanura. A los pocos minutos el cielo fue mil veces castigado con azotes eléctricos, y el viento alzó la voz con un quejido continuo y ondulante que rompió la paz y el silencio del lugar.
Y las yeguas no aparecían.
Miró la posta que estaría a unos quinientos metros de ella, pero no quiso refugiarse allí. Prefirió hacerle frente a la tempestad y continuó por el senderito haciendo sonar un silbido agudísimo, tratando en vano de comunicarse con sus animales.
Al atravesar un arroyito que se estaba formando en esos momentos por la copiosa lluvia que se descargó sin piedad sobre los campos, el alazán dio un brinco y luego un relincho y una voltereta quedando estaqueado en medio del vendaval con los ojos emergidos por el espanto. Las yeguas estaban tendidas en el suelo, muy cerca una de otra, acuchilladas y degolladas con alevosía y sin misericordia alguna. Al instante Martina desmontó y junto a sus dos perros corrieron hacia los animales muertos como si la instantaneidad de la acción pudiera salvar a sus potrancas de lo insalvable.
La lluvia, el viento, los truenos, el barro y la muerte espantosa y apocalíptica de su pequeña tropilla, no paralizaron a Martina; muy por el contrario, su sangre nativa y su corazón justiciero se pusieron de pronto al tono con lo ocurrido y dijo: “La mano del diablo y los malditos cuatreros hicieron semejante bestialidä”. A los pocos segundos estaba de pie lista para salir a la búsqueda de los forajidos del Tropezón. El dolor la estimuló más aún y salió al galope sin rumbo. Cabalgó y cabalgó en búsqueda de los sanguinarios verdugos. La tormenta y su coraje se fundieron en un rayo devorador de tiempo. Ya nada ni nadie pueden detener aquella búsqueda, su bravura resguarda el lecho del río que saciará su perdurable sed de equidad y justicia. La noche le sirve de catre a los amaneceres de su arrojo.
Martina habita en la búsqueda incesante de los equinocidas y su daga señala el norte como el Orión de su raza. Y cada trueno que visita el río es un galope sempiterno de su alazán y un grito justiciero que transita vestido de eternidad la sensible curvatura de la cosmogonía de su nombre.

 

CECILIA RESTIFO Es profesora de Grado Universitario en Lengua y Literatura (UNCuyo). Ha participado intensamente en diversos proyectos literarios como la revista “Molinos de viento” y “Ulyses”. Además dirigió el suplemento poético “La Voz”. Mientras ejerce la docencia a nivel secundario y terciario, colabora con sus críticas en el Diario UNO de Mendoza. En 2004 publicó La cicatriz del silencio, su primer poemario, en la Colección de Poesía Desierta de la editorial Libros de Piedra Infinita.

Lavanda

—Canción de cuna,
abrazo arrugado de tiempo,
cadencia de infancia—.


Con el tiempo a tu favor
encontrabas la forma de encantar la tristeza,
destejiendo tu canto me soñabas un mundo
que tus manos perpetuas tallaron en mi memoria,
acunada en tus brazos escapaba al castillo
donde mi largo pelo esperaba al amor.

Abrías para mí tu caja con tesoros
llenándome los labios de conjuros secretos,
asomada a tu hamaca bordabas los recuerdos
traídos del murmullo que dejó tu juventud,
inventabas estrellas con sus hilos de plata
que mis ojos seguían para calmar la pena,
presentías siempre mis pasos de insomne
arrullando mi miedo con tus huellas.

Entras como el viento que sigue a la lluvia
trayendo las respuestas
a mi casa de niña,
invades con tu aroma
el tiempo de mis juegos,
hechicera del país de Sherezade,
déjame contarte ahora
la historia
que dejaste inconclusa.

Madreselva

—Surco que no cesa,
lumbre de amparo nocturno
manos que hablan de mí—

Mi sueño fue antiguo, en él andabas
descalza con ese vestido azul
lleno de pétalos de infancia,
tenías el pelo corto como cuando eras feliz,
y yo desde lejos podía sentir tu risa,
me hablabas a los gritos de las flores amarillas
que húmedas en tu mano
ahogaban de luz a la mañana.

Pero el viento deshizo los muros
y poco a poco
me entregaste las palabras. Muerta de frío
corro por este pasillo, busco las puertas
camino probando las llaves de tu pena.
“No me importó”, dijiste
y yo me volví ceniza al escucharte
dejé mi cabeza apoyada en tu hombro
sin buscar palabras. “Entonces,
el amor no fue tu anhelo” pregunté,
y mi esperanza
brotó como agua nueva.”No recuerdo
qué es soñar” susurraste
volviendo tu cara a la tarde,
mientras en el marco natural de la ventana
un pájaro negro venía a despedirnos.

El camino angosto
despedía el olor de la tristeza,
vamos abrazadas mirando la noche
sin hablar. “No me sueltes ”suplicaste,
“Claro que no, ahora soy yo
la que debe arropar tu cama”.

Azahar

—Muñeca de tela nocturna,
tiza que arrima la esperanza,
juego que abre el juego—.

Despierta, te veo sentada
leyendo las palabras
que cubren los enigmas
de mis nueve años,
saliste de la caja de colores
sin sombrero y sin disfraz,
venías de mis sueños
para mutar mis tardes en asombro,
tu risa escarchaba el miedo
y tu voz, aleteo de hada madrina,
traía a mis ojos la vuelta al mundo
que nunca acaba.

Erre con erre guitarra,
erre con erre carril. Dejaste
andar las ruedas
para buscar las respuestas
para abrir las puertas,
dejaste que la elección tuviera alas
sin nudos, sin atender al juego,
entre las hojas de mi cuaderno azul
has copiado la tarea.

Y al pájaro
por fin
pude dibujarle
las alas.

HERNÁN SCHILLAGI En su paso por la Facultad de Filosofía y Letras (UNCuyo) fundó y dirigió las revistas literarias “Molinos de viento” y “Ulyses”. Obtuvo la primera mención en poesía en el Certamen Literario Vendimia 2000. En el año 2002, “Mundo Ventana”, su primer poemario, fue publicado por Libros de Piedra Infinita, editorial que dirige junto a Fernando G. Toledo. Actualmente ejerce la docencia en Lengua y Literatura y colabora con sus críticas en el Diario UNO de Mendoza. A comienzos de este año apareció, en la Colección de Poesía Desierta, “Pájaros de tierra” (Libros de Piedra Infinita). Fue galardonado con el Primer Premio de poesía en el Certamen Vendimia 2008, por su libro Primera persona.


presentismo

la calle sube hasta la cordillera
hoy el micro decide pasar de largo
y aplastar las sombras que somos
ciudad de alfombras
que nombra a gusto su humillación

el trabajo dignifica papeles bajo el brazo
y el otro aferrado al pasamanos
que no alcanza no
al sueldo a los intereses de las cuotas
«señor los primeros asientos
para ancianos embarazadas»
y el ciego aprovechador
que silba una zamba para no chocar

«la próxima» digo
(como si la cima
no te hubiera alcanzado)

«eh me bajo aquí
salto miren que me tiro»
pero todos ven hacia adelante
hacia los peluches sonrientes
hacia las obligaciones
de un día más que se desprende
del almanaque


alguien abre una salamandra

luego de que el otoño se quema
con la primera helada
vas a encontrarte con lo poco que persiste
en una salamandra fría
vas a hacer el gesto negro
que tizna el hierro de las palabras
papeles en mano tu cuerpo buscará el recuerdo
el espeso susurro que enciende la noche
los sueños empapados de kerosén
la música que se frota en los sarmientos
cada beso astillado cada leño mojado

y vas a beber con delirio de esa boca en llamas
como si tu lengua fuera una paloma herida
que se tomó un respiro
antes de huir con el último mensaje


el sabor de lo perdido recuperado

fría no la soporta la boca
así que se encuentra sobre la heladera

el rallador muestra sumiso
sus dientes desparejos al fruto
del pecado original
porque es la manzana la que le ofrece
su piel de sangre
y mi mano sube baja
rodea las paredes espinos
as para ver cómo los trozos caen al plato
a la infancia
de una tarde de verano en que tres primos
hacían realidad la metáfora

ellos conocían bien el juego
cuando la botella dejó sin apuntar a uno

entonces se quedó tras la puerta
para sólo mirar mientras una serpiente
le crecía torva por debajo del pantalón

 


FERNANDO TOLEDO
Licenciado en Comunicación Social, es uno de los poetas destacados del oeste argentino. Ha publicado los libros “Hotel Alejamiento” (1998, editorial Diógenes), “Diapasón” (2003, Libros de Piedra Infinita) y “Secuencia del caos” (2006, Ediciones Culturales de Mendoza, primer premio Certamen Provincial Vendimia 2006). Entre sus distinciones figuran sendas menciones especiales en los certámenes Vendimia de 1998 y 2003. Su relato “La luz mala” fue incluido en el volumen Mitos y leyendas cuyanos, publicado por Alfaguara en 1998. En su tarea de divulgador de los escritores de su tierra, publicó durante dos años la hoja de poesía “Tiburón Amarillo”, junto a Rubén Valle.

Barricadas

Acaso diga y escriba y repita
Y gaste con la tinta y la voz nombres
Que no harán otro gesto que extraviar
Las llaves de algún reino sordomudo
Esto es un simulacro Nada puede
Más que parir largas filas de hormigas
Letras Señales de humo contra el mundo
Esquivo que no puede ser tocado
Pero acaso escriba mientras la noche
Estrecha el vínculo con esta casa
Que alimenta ecos como nodriza
De leches oscuras Acaso escriba
Describa una fruta en la mesa un grifo
Denuncie la distancia entre las cosas
/Nada pierde su cerrada unidad/
Acaso insista en poner por escrito
Formas figuras círculos viciosos
Y un sistema que sigue funcionando
Aire & vacío: El paisaje & el cuarto
Sostenes de una ficción pulmonar
Por la que el lenguaje respira pruebas
De estar asido aún a lo posible
Por eso acaso vuelva a repetir
El acto de calzarme una corona
Engarzada con palabras opacas
/Hegel: «El hecho primero mediante
El que Adán conquistó los animales
Fue imponerles un nombre Mejor dicho
Los aniquiló en su propia existencia»/
Pero este verso no sabe matar
Y menos sabe nacer el poema
Acaso entonces sólo gaste tinta
Y dibuje un mapa para extraviarme
En laberintos negros sobre blancos
Use como un manco una mano sola
Cómplice en el motín del alfabeto
Acaso diga y repita y escriba
Y en la saliva del habla se seque
El agua de este vaso que pronuncio
/La boca tiene sed y tiene lengua
Para beberse de un trago el silencio/
Acaso escriba largas despedidas
Reciba el último adiós de lo dicho
Porque decir es como abandonar
Porque escribir es elegir la sombra
Que acecha donde no llegan los ojos
Porque la red que arrojo de vocablos
Y acaso lo que hablo cuando sueño
Deba decirse escribirse caerse
Acaso porque sí o porque no
Porque las células siguen muriendo
Y es un hilo de sangre la escritura
Que ignora la ley recia de lo útil
Acaso porque arrecia el aire frío
De este diálogo entre adentro y afuera
Acaso escriba de nuevo y de nuevo
Diga y repita la primera letra:
Es lo que tengo Lo demás se ha ido.

Los emisarios

He atravesado la medialuz violeta
Por la que huyen las noches de febrero
He dejado sobre una mesa la carta desconocida
Que entró por la ventana abierta
Montada al mismo viento que endurece
Las estatuas recién nacidas
He leído el papel
Las palabras letra a letra
Me he preguntado quién
/En esta espera errónea/
Escribirá para otros
Las cosas que yo necesito.


Hotel alejamiento

Es la mañana
Y una cuerda
Puede estar ahora
Quebrándose

«Estamos hechos para ser mudos» decís
Y mientras termina de tenderse el adiós
Llora cada uno en su silencio
Como si quisiéramos entender la luna
Como si fuéramos a acompañar esta lluvia

O como si dejáramos volcarse
En la arena de un desierto
El vaso de nuestra sed.


http://www.diariouno.net.ar / http://fernandogtoledo.wordpress.com

 

RUBÉN VALLE Periodista y escritor. Ha publicado los libros de poemas “Museo Flúo” (1996), “Los peligros del agua bendita” (1998), “Jirafas sostienen el cielo” (2003) y “Placebos” (2004). Como narrador participó del libro Mitos y leyendas cuyanos, editado por Alfaguara, y de las antologías “Ellos, los otros y nosotros” y “Martes literarios”, entre otras. Recibió en dos oportunidades el Primer Premio Certamen Literario Vendimia en la categoría poesía (1997/2004). En setiembre de 2007 obtuvo el premio “Ciudad de Mendoza” con su obra “Bla!” y el 2º premio (poesía) de la primera edición del Concurso Adolfo Bioy Casares. Dirige la colección de poesía “La mesita de Luz”, de la Editorial Diógenes.


Monólogo exterior

Creo en las verdades piadosas
en el tic tac de la hoja en blanco
en que uno más uno es uno
y que poco importa si venimos del big bang
de los monos o de los barcos
Creo que dios es una luciérnaga en pleno día
y que los padres son magos antes que reyes
Creo que la fe es una ventana
y hay quien se tira y quien no
quien habla el idioma de los sordos
y quien calla en la lengua del silencio
Creo en desatar los nudos
en caminar por el filo de una palabra
en tropezar dos veces con el mismo poema
y en blasfemar contra las putas musas
Creo en la duda y su recompensa
Creo que creo
Creo que todo está dicho
tanto que vale decirlo una vez más.

Oro negro

La poesía es un mueble viejo
-sensiblemente aggiornado
para la ocasión o el fin del mundo-
Te sentarás en él
para nunca caerte
habrá estrépito sin embargo
causa & efecto
comerás en su mesa
con hambre de nunca acabar
Sucia la boca limpias las manos
volverás una y otra vez
al lugar de los hechos
como el asesino previsible
a su cadáver exquisito
para instalar allí cama o tumba
donde nunca enmudecer tu eco
La poesía es un mueble viejo
en él será astilla tu palabra
poema su velado oro negro.

Vox populi

Paren las rotativas: contra todo pronóstico
fuentes confiables o letra muerta Dios no tiene guión
De ahí esta esquizofrénica improvisación que va del amor al odio
sin escalas, este pánico escénico de no saber cómo termina
la obra que nadie escribió o en qué momento aplaudir, reír o bostezar.
No tiene guión: ¡Dios improvisa! y le tiemblan las manos y vuelca el vaso (vacío) y lee un libro en blanco que dice: Dios no nos quiere contentos*.
Y se enoja, golpea la mesa, tergiversa los espejos, pero no deja de improvisar, por eso el telón cae antes de que el canillita iconoclasta vocifere
Acta est fabula / El espectáculo ha terminado* e irrumpa la muerte
a medio vestir y nos mande a todos al mismísimo diablo
o, ni él lo permita, a un insoportable cielo sin mujeres.

*Griselda Gambaro
* Ultimas palabras de Augusto

EMILIO FERNÁNDEZ CORDÓN

Nota de la Bodega : A este no le ponemos prontuario porque cada vez que viene a visitarnos nos toma todo el vino…

Reloj

Guardo de mi abuela materna muchos no-olvidos. Momentos preciosos, dulzuras extremas y una gran culpa. Es decir, entre otras pocas, fue también ella una de las causas de mi escribir. Recuerdo, como uno de los más hermosos juguetes de mi infancia, oírle, sentado a la diestra de su mate y de mi leche con cacao, las más intrincadas historias, las más épicas aventuras, las más tiernas e íntimas fábulas. Recuerdo, además, su ancestral temor a los temblores. A la primera oscilación de lámparas y ventanas, volaba sobre sus pies cansados y aguardaba, tiritando en mitad del patio, que la tierra se aquietara. En fin, que hace ya más de treinta y cinco años que sólo la veo en mis sueños. Allí permanece tan indeleble como su amor arde fuego constante en la memoria de mi alma.
Hace una semana, en la plena negritud de la noche y mientras dormía, un estridente sonido, como un eco del infierno, me despertó de alarma. Rápido, busqué el despertador en la mesa de luz y lo maté de un manotazo. Pero el chirriante timbre continuó repicando en toda la casa. Adormilado, asustado, me levanté en pos del teléfono. Tampoco. El teléfono descansaba en silencio y, a su lado, hacía lo mismo el celular. Aturdido por el ya espeluznante incesante espasmódico tintineo, recorrí desesperado, e intrigado, la vivienda. ¿Qué era ese sonido? ¿De dónde provenía? Finalmente, lo hallé en mi estudio, bajo una parva de libros desvencijados. El reloj. El despertador. El antiguo reloj despertador de mi abuela. Hacía más de dos décadas que lo había traído de la vieja casona de mi niñez. Hacía más de treinta y cinco años que no funcionaba. Pero de él manaba el timbre. De sus metálicas entrañas. Como si recién lo hubiera comprado.
Como si recién le hubiese dado cuerda. Lo acallé y la calma regresó. Suspiré aliviado. Pensé en volver a las sábanas, pero el desconcertante asunto me había despedazado el sueño por completo. Aún faltaban un par de horas para el amanecer, por lo que decidí vestirme pausadamente e ir a desayunar al centro de la ciudad. Llevé conmigo el despertador de mi abuela, pesaba como medio kilo, lo haría revisar por un relojero amigo, necesitaba su experta opinión sobre el descabellado repentino funcionamiento.
Cuando ocurrió, ahogaba una medialuna en la taza de café. Fue primero el sordo fenomenal ruido, como de una bomba estallando en el espacio. Luego llegó el cimbrón y el piso, la calle, el mundo entero, comenzaron a sacudirse como si fuesen un gran caballo queriendo quitarnos de encima. Tres minutos después, acabados el susto y el terrible sismo, en tanto las sirenas aturdían la circunstancia, regresé deprisa a mi hogar. Desde afuera, se veía todo bien. La fachada estaba intacta. Entré. Y vi el techo del dormitorio durmiendo, desmayado, sobre mi cama destruida.


EDUARDO GREGORIO
Su comienzo literario fue con la poesía, publicando los libros “Angeles y Caídas” y “Las Otras Cosas”, para luego alternar los poemas y los cuentos en “Trabajos”. Posteriormente hizo lo propio con la novela, publicando en Buenos Aires con Editorial Argenta “Historia de Pueblo”. La investigación periodística fue su temática en “El Caso Greco – Crónica de un Disparate Argentino”. Su última producción literaria publicada es “Juntos pero Separados”, cuentos en conjunto con Humberto Palmieri. Algunas distinciones: Ganador del Certamen de Humor Hiperbreve de Barbastro (España); 2º Premio del Certamen de Poesía de Bornos, Cádiz (España).

La pérdida de la razón

Fue inspirado en "Naturaleza y Hechos de Dionisos",
por ser el único lugar en el tratamiento
de los dioses olímpicos donde se menciona
sistematicamente a la locura.

Los hombres que fueron llegando en barcos actuaron por cuenta propia, aprovechándose de la enorme distancia que los separaba de los reyes y los dioses. Así fue como despedazaron todo hasta dejarlo hecho trizas. La Madre Tierra luchaba por preservar su inmenso imperio, pero era tal el poder de los invasores que la destrucción y la transformación que le impusieron superó su capacidad de equilibrio y acabó enloqueciendo.
Los naturales fueron convertidos en esclavos, o de lo contrario perseguidos con tal efectividad que llegaba a producirse la pérdida de su razón. Comenzaron a vagar por la inmensidad de un territorio que por primera vez aparecía hostil para ellos, en muchos casos armados con simples varas de caña y en otros con piedras.
Pero también hubo quienes quisieron combatir a los que habían llegado del mar. La lucha fue infinita, murieron de ambos bandos en cantidades increíbles y los siglos se sucedieron a lo largo del combate. Los naturales, a quienes se llamó Indios, también tuvieron jefes que fueron grandes guerreros; y la interminable pelea en un mismo aunque inmenso territorio terminó por deformar los sectores, producir el mestizaje y confundir las partes. Cuando, finalmente, los invasores (también llamados españoles) fueron expulsados quedó una raza diferente que ya no se supo cuánto tenía de cada una. Era como si las cosas hubieran perdido su razón conocida.
Se intentó borrar en la paz la demencia de la guerra. Ello resultó muy difícil, porque esta nueva raza también desconoció a los Indios y produjo una larga y casi total matanza, (también llamada “conquista del desierto”) provocando que la nación se volviera híbrida ante el horror y la desmesura del crimen. Los naturales huían a los espacios lejanos, mezclados con los toros y vacas que llevaban para su subsistencia. Allí fue donde la nueva raza adquirió la costumbre de perseguir a esos animales, hasta que finalmente los concentró en grandes manadas, para comérselos y para venderlos.
Entretanto, los mestizos de clase baja, también llamados “gauchos”, se negaban a intervenir en todo ello. Entonces fueron combatidos y también engañados hasta perder la razón y la justicia; y terminaron escondiéndose frenéticamente en el monte, donde lo había.
La nueva raza dominante creyó encontrar su propio destino de gloria con la ayuda de extranjeros que también vinieron del mar. Pero estos resultaron ser piratas y, sin importarles la condición de aquéllos, los vendieron como esclavos sin que se dieran cuenta, y aún siguen haciéndolo.
Todo esto provocó la pérdida de su razón (de ser).


HUMBERTO PALMIERI
Es profesor en Enseñanza de la Ciencia Política y se desempeña como docente en el área de Ciencias Sociales en colegios de la zona. En 1997 publicó “La Política, en Breve” (ensayo); en 2002 “Crónicas bajo la lluvia” (cuentos breves) y en 2006 “Separados pero juntos, Juntos pero separados”, trabajo realizado con el escritor juninense Eduardo Gregorio. Dichos trabajos son material de consulta bibliográfica en establecimientos de nivel medio y superior.

El nombre del padre

Casi no recordaba la última vez que se sentó a tomar un café así, sólo, junto a la enorme ventana del bar más antiguo de la ciudad.
Mientras caía la lluvia, el humo del cigarrillo y el calor que irradiaba la pantalla en lo alto de la pared agrietada empañaron el vidrio.
La humedad acumulada lo tentó y su dedo índice izquierdo comenzó a fantasear trazos, algunos asimétricos y otros concéntricos s, hasta formar agujeros por donde podía observar lo que pasaba afuera.
Pensó en el hijo que nunca tuvo y volvió a clavar sus ojos en aquellos duendes empapados, huérfanos hasta de hadas, que saltaban charcos y dibujaban espejos sobre los mosaicos gastados del parquecito de enfrente. Entonces fue su propio Gran Hermano.
Es que desde aquel lugar, como un cíclope invisible, pudo verlos a todos. Los vio en las calles, en cualquiera de ellas; en avenidas, cruces de semáforos o simplemente en las plazas. En grupos o solos. La condición de su presencia se monta sobre la espera de quien aminore la marcha, frene o estacione el auto. Son ejércitos de púberes donde los sueños no conocen la genial estrategia de algún general de plástico que barrió al enemigo sobre un escenario de cartón.
Y si el frío cala los huesos, el chocolate sólo se asoma en las estanterías, pero del lado de adentro. Entonces sus narices se pegan de verde, y, a veces, también de mocos. Tienen entre cinco y doce años y "padrinos" adultos que los esperan al final de cada día. Son quienes en la visión miope de funcionarios y políticos criminalizan la pobreza.
Y son también patrimonio exclusivo de la pobreza política de intelectuales y curas progres que sin ellos sus discursos se esfumarían.
Son los mismos que entran a las confiterías y bares y antes de ser expulsados nos redimen con cada moneda que desnuda nuestra caridad hasta la piel de la hipocresía. Son los que escarban en la basura para rescatar algún bocado, seguramente ya mordido, y sonríen aliviados cuando sus manos no encuentran latas o vidrios molidos. Son causa y/o efecto en el análisis disciplinar de científicos sociales y economistas. Son indicadores, variables y categorías según la muestra del universo. Estigmas obligados de muchas religiones y hasta fenómenos de una nueva violencia.
Están por todos lados molestando con frases que ya hemos internalizado: ¿Tiene una monedita señora? ¿Le cuido el auto, señor … ?
Brotan de la tierra como vómito del infierno y ante cualquier rechazo nos murmuran su insulto glorioso; porque somos la náusea.
Chicos de toda la geografía conectados por la red que tiende la miseria. Son chicos como los nuestros, pero de otros.
Muchos le dicen chicos de la calle, otros, chicos en la calle, para diferenciarlos y luego agruparlos en el mismo abismo.
Son hijos de la globalización. De globalizadores y globalizados, aunque con licencia de bastardos.
Son hijos de la vida que se despidieron del futuro o hijos de la noche más larga, lo que para ellos es igual. Son…
-¿Otro café mi amigo?- dijo el mozo desde el final de la barra-mostrador y lo sacó de su último pensamiento.
-Sí, gracias… respondió al rato, y prosiguió ensimismado con su denuncia silenciosa, mientras encendía otro cigarrillo y esperaba las últimas gotas de aquella tormenta pasajera.
Sin embargo todos tenemos un padre, confesó frente al bellísimo espejo de contornos biselados que ampliaba aún más el enorme salón.
-y ellos también tienen el suyo, balbuceó para sí.
Asombrado e impotente fijó su vista en el mayor de todos aquellos muchachos que amenazante empuñaba orgulloso las boletas del candidato, convencido, otra vez, que no lo iba a defraudar…

 


ROQUE GRILLO

Nota de la Bodega: Este dice ser amigote del Emilio Fernández Cordón… Dudamos que ese nefasto personaje no lo haya contagiado, pero como en el prontuario nos alaga diciendo que somos no sé que cosa cultural, igual se lo mandamos.

Periodista y escritor, Es desde hace 20 años subdirector de Prensa de la Municipalidad de General San Martín y, actualmente, también responsable del área Letras de esa comuna. Sus cuentos, bastante oscuros, han sido publicados en Los Andes, la revista cultural Serendipia, la más cultural todavía Bodega del Diablo o en portales de universidades españolas (y… son gallegos). Pero él sostiene que sus mejores obras son Cecilia (31), María José (26) y Antonella (22) + un fascículo conocido como Tomás García Grillo (5), autodidacta.


Con V de Vendetta

…toda la sabiduría humana estará
resumida en dos palabras: ¡Confiar y esperar¡
Alejandro Dumas (p) (El Conde de Montecristo – 1844)

Con la dedicación y el cuidado que siempre ponía al hacerlo, Giovanni limpió y aceitó cuidadosamente la lupara que heredó de su padre cuando apenas tenía trece años. Después acarició ligeramente la lustrosa culata y se reclinó en la mecedora. Cerró los ojos y dejó que los recuerdos le invadieran. Ya no dolían tanto como entonces.
Había corrido el tiempo pero las imágenes venían a su alma como si sólo hubieran pasado algunas horas. El retorno a la fresca y umbría casa, después de una jornada de trabajar duramente para regar olivares y viñedos que se agarraban con desesperación al pedregoso terreno. La sorpresa de encontrar la gruesa puerta abierta. El horror de ver a su mujer y su hija caídas en la cocina, con sus negros ropajes desgarrados y los miembros rotos. El dolor por encima de todo. Sin otra herramienta que sus manos cavó las tumbas mientras los sollozos se iban espaciando. Sus dedos sangrantes regaron los dos montículos. La angustia de su soledad lo retrajo aún más en su natural hosquedad. Y más dolor.
En los meses que siguieron, fue juntando retazos de información, comentarios, alguna frase suelta, que sirvieron para darle los primeros indicios. Un mozuelo de la aldea cercana que se pavoneaba por haber agregado un par de muertes a su historia. El padre de éste, orgulloso del macho que había engendrado y de la forma en que tomaba a las mujeres. El miedo que rondaba entre sus vecinos. La sospecha convertida en certeza.
Desde entonces, Giovanni no salía de su finca que ahora lucía descuidada. Cada día que pasaba crecía su satisfacción por lo que haría. Y a pesar de tener la oportunidad de vengarse prontamente, postergaba sus ansias para disfrutar lo que en sueños había hecho infinidad de veces. Quizá mañana, bajo el sol de la tarde, todo terminaría.
Sin apuros, acunando la escopeta en su brazo derecho, comenzó el descenso hasta el poblado. Conocía la casa del hombre que rompiera sus ilusiones para toda la eternidad. Varias mujeres charlaban y gesticulaban en la galería del frente. La llegada de Giovanni coincidió con un brusco interrumpir de parloteos. Entonces, lo vio.
Vestido de blanco, el muchacho levantó a su hija recién nacida para que todos la contemplaran. La dejó luego en manos de la comadrona y se dedicó, con benevolencia, a aceptar besos y plácemes. Giovanni se vio a sí mismo quince años atrás, cuando naciera su Laura. Algo se quebró en su interior. Con lágrimas en los ojos, el también se acercó al flamante padre y lo abrazó fuertemente. Después, se retiró algunos pasos. Y le voló la cabeza con un certero escopetazo.

Y después de tan buena literatura… Nos merecemos un brindis!

¡Salud, poetas y narradores! ¡Viva San Martín! ¡Viva Mendoza!

 


"ECO EDICIONES"

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TITULOS PUBLICADOS

*Ellos – de Magalí Garcea.
*Canto Poema en Flor – de Héctor Celano.
*Bodegueros del Diablo – de Carlos Carbone y Pablo Marrero.
*Los suenos no se inflaman – de Suyai Malen García Gualda.
* Réquiem in pax – de Mauricio H. Andujar.
* Marrón y Plata – de Lina Avellaneda.
* La nieta del presidente – de Corina Avellaneda.
* + de 100 tangos nuevo – de Letrango.
* El Títere – de Juan A. Núnez.
* En la ciudad de Las Artes – de Marcelo Rodriguez.
* Cuentos para matar…el tiempo – de Emilio Fernández Cordón.
* Caminos – de Jorge Asterión.
*Pasajeros del penúltimo – Tren Poemas y cuentos sobre rieles – de Carlos Carbone Gabriela Delgado Emilio Fernandez Cordón Pablo Marrero
*Leyes del Terror – Investigación periodística Red Eco Alterntivo
*…y dáselo al fuego -de Sonnia De Monte.
* Doce Ciudadanos +1 – de Carlos Carbone


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