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Boletín cultural de Red ECO Alternativo
19 de Julio de 2009 – Año IX – Número 90
Bodegueros a cargo: Carlos Carbone y Pablo Marrero
Diseño e imágenes: Carolina Butron Avalos
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| Participan en este número: Gioconda Belli, Aldo Luis Novelli, Emilio Fernández Cordón, Luis Lhoner, Pedro Du Bois, Raimundo Rosales, Marcelo Saraceni, José Pablo Arenas Díaz, Amalia Elvira Zacoutegui, Karina Sacerdote. |
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HOY LA BODEGA TIENE EL AGRADO DE PRESENTARLES VARIOS AUTORES
Les regalamos un número, donde lo más espectacular (como debe ser) son sus obras. |
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Mujer irredenta
Hay quienes piensan que he celebrado en exceso los misterios del cuerpo la piel y su aroma de fruta.
¡Calla, mujer! – me ordenan – No nos aburras más con tu lujuria Vete a la habitación Desnúdate Haz lo que quieras Pero calla No lo pregones a los cuatro vientos.
Una mujer es frágil, leve, maternal; en sus ojos los velos del pudor la erigen en eterna vestal de todas las virtudes. Una mujer que goza es un mar agitado donde sólo es posible el naufragio.
Cállate. No hables más de vientres y humedades. Era quizás aceptable que lo hicieras en la juventud. Después de todo, en esa época, siempre hay lugar para el desenfreno. Pero ahora, cállate.
Ya pronto tendrás nietos. Ya no te sientan las pasiones. No bien pierde la carne su solidez debes doblar el alma ir a la Iglesia tejer escarpines y apagar la mirada con el forzado decoro de la menopausia.
Me instalo hoy a escribir para los Sumos Sacerdotes de la decencia para los que, agotados los sucesivos argumentos, nos recetan a las mujeres la vejez prematura la solitaria tristeza el espanto precoz a las arrugas.
¡Ah! Señores; no saben ustedes cuánta delicia esconden los cuerpos otoñales cuánta humedad, cuánto humus cuánto fulgor de oro oculta el follaje del bosque donde la tierra fértil se ha nutrido de tiempo.
Gioconda Belli – Managua
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El loco (balada chalada)
al loco que duerme en el zaguán de la esquina
El tipo está loco. El tipo está más loco que un caballo loco que las vacas locas de la pampa más loco que una cabra que el pájaro loco que el mono loco del circo.
El tipo está más loco que el loco que viajó a la luna y al vernos desde allí se tiró al espacio sin paracaídas ni bolsa de agua caliente.
Más loco que Beethoven, Einstein y el Quijote juntos.
Está loco de atar de amor, de guerra, de dolor, de mierda loco de la cabeza a los pies de la calle, de las ciudades de hielo loco de la motosierra loco de vivir como loco.
Loca ella, loco yo, locos todos!.
Loco como pájaro encarcelado. como náufrago del mundo como hombre volador loco como el poeta en medio de la palabra.
El tipo está loco. loco loco loco loco como un búfalo enamorado.
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La felicidad de volar
estoy viajando en un viejo colectivo por la gran avenida y me siento extrañamente feliz lleva 250 kilos de trotyl debajo del piso y va a volar en mil pedazos por el aire mientras el corazón me golpea enloquecido en el pecho.
todos viajamos en un gran colectivo por la vieja avenida y vamos a volar libres por el aire en inalcanzable y eterna felicidad.
Aldo Luis Novelli- Patagonia
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Las vías del arte
Cuando Jonathan —Yoni— abrazó a sus padres, y se fue de casa, no sabía que Maia existía. Cuando Maia abrazó a su madre, y se fue de casa, no sabía que Yoni existía. Cuando Yoni —Jonathan—, luego de una hora en tren, llegó al departamento recién alquilado de su destino, solamente quería seguir la esperanza. Y hallar trabajo. La independencia tenía su precio. Pero vivir solo, no rendir cuentas a nadie y dedicar al teatro las horas vacías, eran maravillas por las que pagaría gustoso. Tres ratos más tarde, mientras leía a Moliere, el ringtone de su móvil lo inquietó de ritmo jamaiquino. Atendió. La voz informó que el señor Gerente lo recibiría la mañana siguiente. Temprano. Cuando Maia, luego de dos horas en tren, llegó al departamento recién alquilado de su destino, solamente quería seguir la esperanza. Y hallar trabajo. La independencia tenía su precio. Pero vivir sola, no rendir cuentas a nadie y dedicar al cine las horas vacías, eran maravillas por las que pagaría gustosa. Dos ratos más tarde, mientras miraba un video de David Lynch, el repicar del teléfono la sobresaltó. Atendió. Mariano, su profesor de Artes Visuales, quería verla el día siguiente. Temprano. Yoni salió contento de la entrevista. Tenía empleo y buena paga. Su tarea no sería sencilla. Pero el sueldo le permitiría subsistir. Y luchar por su vocación. Maia salió feliz de la reunión. Mariano le anunció que había elevado su proyecto de cortometraje al Área de Extensión y Producción Cultural de la facultad. Habían prometido estudiarlo. Yoni, por las noches, agradecía a aquel profesor de Literatura de la secundaria. Le había metido el teatro en la cabeza. Y en la sangre. Lástima no tener con quién compartir ideales. Maia no durmió esa noche. De alegría. Y de soledad. Eran frías sus sábanas. ¿Habría en la gran ciudad quién las entibiase? ¿Anhelos afines? Los jóvenes que había tratado, sólo sexo. Metas de riqueza. Ambiciones de frívolos consumos. Nada que compartir. Yoni llevaba meses desempeñándose en el ferrocarril. No a bordo de los trenes. Sino fuera de ellos. Fregándolos. Secándolos. Integraba un equipo de catorce muchachos. No únicamente higienizaban máquinas y coches. Aseaban las vías. Lavaban trochas y durmientes. Barrían y recogían la basura. La inimaginable basura. Papeles. Cartones. Envases de plástico y de vidrio. Algodones. Diarios. Dedos. Dados. Naipes. Revistas. Galletitas. Pendrives. Colillas. Carteras. Jeringas. Calculadoras. Tampones. Caramelos, hamburguesas y sándwiches a medio comer. Móviles. Valijas. Pañales. Radios. Manos. Ropas. Auriculares. Anteojos. Billeteras. Brazos. Pelucas. Mp3s y mp4s. Bolsos. Cortadoras de césped. En fin, esas cosas —de un largo etcétera— que arroja la gente por las ventanillas. O abandona. Pierde. Olvida. Llevaba meses desempeñándose en el ferrocarril y no conocía a Maia. Maia mantenía su vidita cuidando niños. De otros. A domicilio. No ganaba mucho. Escasamente para pagar sus clases de Artes Visuales. Y ensaladas. Y sopas. De verdura. Pero era suficiente. Los sueños estaban colgados del cielo. Debía ponerse en puntas de pie. Alcanzarlos. Una mañana, la vecina, enterada de su oficio más evidente, propuso. Y Maia aceptó. Fue un regalo impensado. Atender los críos del lugar. Treinta. Ajenos. Compró ropas. Más verduras. Películas favoritas. Apenas le faltaba calentar los suspiros. Y su cama. Apenas y tanto. Llevaba meses desempeñándose como niñera oficial de los chicos del edificio y no conocía a Yoni. Yoni tenía veinte años. Cabellos amarillos. Piel casi cobriza. Buena figura. Mejor aspecto. Había intentado televisión. No era lo mismo. Necesitaba el público. El escenario. Los aplausos. Había sido Romeo en ocasiones. Otelo en otras. Hamlet un par de veces. Andaba entusiasmado en Macbeth. Adaptaciones, claro. Para gentes de provincia, claro. Con los sueños intactos, caminaba el buen sendero. De seis a doce —salvo los domingos— limpieza de trenes. Y adyacencias. De catorce hasta la almohada, lectura de Shakespeare. Y aproximaciones. Maia tenía dieciocho. Pelo castaño. Era muy linda. Muy blanca. Cuerpo de sirena adolescente. Ansiaba dirigir sus propios filmes. Sin pausa, escribía guiones. Visualizaba tomas. Por la mañana, madre de treinta hijos. Maestra de treinta alumnos. Por la tarde, clases teóricas y prácticas. Diseño de Imágenes. Animación. Fotografía. Filmación. Digitalización. Y un largo etcétera. Semanas atrás, a mediodía, un miembro de la cuadrilla de Yoni tuvo una inesperada cita con la suerte. Entre los rieles, semienterrada, descubrió una diminuta —no más de un puño— y negra bolsa de paño. Al atisbarle el adentro, gritó como si hubiera encontrado una bolsita con diamantes. El grupo acudió a examinar el origen del escándalo. Vio una bolsita plena de diamantes. Era ley compartir los objetos de valor. No sería la excepción. Yoni mencionó a un primo, tasador, de confianza. Quedó a cargo del trámite. Y de la bolsita. La emboscada fue en el baño. Lo molieron a golpes. Lanzaron su cuerpo huesos desmayados a las vías. Pensaron que, cuando advirtieran el cadáver, estarían lejos. Con el amanecer, la noticia en los diarios: “La policía allanó tres viviendas. Tres hombres fueron detenidos. Una bolsita con diamantes de fantasía de excelente confección fue secuestrada. Ante la sospecha de que otras perfectas imitaciones estén en el mercado, se investiga su procedencia”. Ayer, Maia no jugó con los niños. Tenía cita con su profesor de Artes Visuales. Salió etérea. Su proyecto había sido aprobado. Filmarían en invierno. Flotaba. Se deslizaba. Volaba. Alas de dicha despuntaban su espalda. Tenía que contarlo. Tenía que contárselo a alguien. Dejó los ojos. Vagando. En el más allá de la ventanilla. Ayer, Yoni fue dado de alta. Como pudo —repleto de moretones, vendas y yesos— subió al tren. Se sentó junto a Maia.
Emilio Fernández CordÓn – Mendoza
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Manchas
El experimento loco de un científico loco que juega con tus partes y las mías
zapatillas y un corte de cabello tus piernas y las situaciones y el cordón desatado que nos ata
aguas mezcladas en la misma dirección
nos vamos llevando como a manchas en un viaje.
Asombro
La única vez que vi el arroyo de Morón -el pequeño tramo q está desentubado a cielo abierto- tenía 11 años y había llegado hasta allí en bicicleta. Un hilo de agua estancada e inútil. Nunca más llegue al asombro pedaleando.
Pileta
En esta pileta se hundió un barco
por eso el agua oscura petrolífera
por eso las flores las monedas las cartas y dibujos.
Tal vez sea
y esta pileta fue imaginada para ahogarte.
Luis Lhoner- MorÓn |
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Contrarios
Decorrido, lembra. O que está feito, desfaz. Se a água verte, seca. Ao amor desmedido, mede. Quanto ao futuro, antevê.
Até a esquina o menino utiliza sua curiosidade.
Depois se perde.
Pedro Du Bois- Brasil
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Soy ese volvedor
Soy un amor urgente, soy un árbol, una mentira a medias en invierno, un alma voladora y tristecita, un ciego que orejea en el silencio.
Soy un mapa clavado entre las piernas y alguna muerte cínica, indeseada, soy un temblor de hojitas y una tregua como una sincanción, corazonada.
Soy otra voz, la misma voz de siempre, un borgeano aletear entre la niebla, soy la luna que sos, llena de luna, luna de vos, amada, luna nueva.
Soy un enigma con andar de gato, un semidiós errático y vencido; un carnaval que invoca en su arrebato al que seré, buscando lo que he sido.
Soy como el tiempo, a veces, que bromea, el ojo que no sabe la mirada, soy el adiós no dicho, el desencuentro, y la novela en el cajón, la nada.
Soy el soplo al final en la ceniza, la huella con miguitas al costado soy el salto al azar de una caricia, soy ese volvedor enamorado.
Soy un desecho de Eternauta en vuelo un cielar de perfil ensolecido, un amague al rincón de cada miedo, un infinal siestero, un desolvido.
Soy un enigma con andar de gato, un semidiós errático y vencido; un carnaval que invoca en su arrebato al que seré, buscando lo que he sido.
Letra: Raimundo Rosales Música: Marcelo Saraceni
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Por qué el poeta
De qué sirve el poeta en la madrugada si no camina con las alas en llamas. Para qué tiñe de vino y lágrimas la noche si después termina en la cama aferrado a las piernas de una milonga bien puta.
Por qué revuelve entre los tachos de unos labios buscando inútilmente un amor podrido, un beso viejo, una rosa olvidada de tristeza. Por qué se arrastra con la espada y la botella si tira los ojos de una mina enamorada al suelo y se va encendiendo la luz roja de su pucho y su alma. Para qué el poeta silba un tango de ayer si esta
furiosamente parado en el hoy. El hoy de hierro, de bombas, de petróleos, el hoy de un porrito a escondidas, de un Origami, de un aborto, el hoy de un piquete, el hoy de un viernes.
Por qué el poeta fuma su espera en la esquina de un día gris de viejas y palomas, si sabe que nadie lo mira, nadie recibe sus poemas como balas, sus palabras como espinas, sus lágrimas como dolores nuevos.
Para qué trata el poeta una y otra vez de abrazarse a la luna si ya existen las canciones de bolsillo, si la radio escupe idiotas de aceite, si se queman las manos agarradas a un revólver. Por qué el poeta quiere embellecer el mundo, si el mundo le da la espalda.
José Pablo Arenas Díaz – Montevideo
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Me veo morir. Bermeja, titilante, en un soplo de brumas, abrasada. Queda detrás, en el viento estelar, el aullido del desamparo tuyo y mío. Siento mi cuerpo extenderse hasta el punto en que el árido hueso es mil estrellas. Una insólita flor se asoma, temblorosa y eterna. Sé de mí. Y sé de la que era. Soy con el cosmos infinito el murmullo del primer rugido de dolor luz, y el brote tierno de cada primavera. Me veo morir. Me hundo en el azul y desde el miedo enlazo hebras de paz a esta espera. Yo sé que roja y fulgurante voy a volver a nacer… apenas muera
El abrazo
Todo el mundo es escarcha en las afueras. Adentro se deshiela la tristeza. Nosotros somos un abrazo de hoguera, un río que corre tumultuoso en tibiezas. Abrazo de tribu que convoca al conjuro, resuenan los latidos del tambor de la noche. Somos dos bestias que rasgan sus ropajes, absortas en el grito animal de la sangre. Nos presentimos, nos olemos. Los aromas nos vuelven cuerpos imanes que nada pueden contra el espacio que se contrae visceral y se retrae. Somos uno en la fiebre del abrazo, con los huesos que en el rito se estremecen. Todo lo vivo electriza el instante y somos dos fragmentos de pura incandescencia que arden en el aire.
Amalia Elvira Zacoutegui – Buenos Aires
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Karina Sacerdote
Karina Sacerdote se sintió atraída siempre por el arte. En 2001 publicó sus primeros textos.Integró dos antologías internacionales en 2002 editadas en España. En 2003 creó y dirigió el foro literario Azul yPalabras; coeditó también el boletín literario y la página WEB de dicho proyecto. Fundó y codirigió Revista Axolotl, Literatura y arte en lo profundo durante 2005 y 2006. Participó como jurado en varios concursos de cuento y poesía como el Primer concurso anual internacional de relatos “Crepúsculo”, entre otros. Ha sido publicada en numerosas revistas y páginas literarias y culturales de la red en Argentina, España, Chile, México, Brasil, EE.UU. Sus poemas fueron traducidos al catalán, al inglés y al portugués. Publicada en 2007 en Entre Eros y Tanatos, Venezuela, Círculo de Escritores de Mérida. En “Diario de Poesía” de Buenos Aires. Forma parte de La Abadía de Carfax, círculo de escritores de horror y fantasía. “Cuentos de la Abadía de Carfax I” editado por Paso Borgo. Su poemario “Terapia intensiva” que se presentará en 2009. Segundo premio en el Encuentro de poetas, Padua es una rosa en 2009. Coordina “Vientos Contrarios” (junto a A. Pinto, A. Bet y C. Roldán). Coordina “Bendita Erato, Recitales de poesía” (junto a L. Zapavigna y A. Pinto).
Pandemia
saber que no que no tengo ni la cintura ni el color de ojos que te gustan que te molestan mis sensibles predicciones que mi destiempo no entra en tu reloj
saber mis lluvias que soy solo carne en la carne de tu boca que no te importa si en mí se mueren las flores que no te inspiro para despertar mañanas que soy tan solo un lindo par de piernas unos labios tentadores y unos ojos que te buscan
saber que no soy ella esa que dormirá todas tus noches que te dará la risa que no te encuentra esa que apenas ahora es espejismo que aparecerá de pronto y me matará
saber mi espejo sólo una escusa para pasar el rato nada más que una mujer que se desgrana que espera su extinción en esta pandemia de saberte no
Ahora que ya no
ahora que ya no discuto con la muerte que no reclamo a la vida ahora que sé quien es quien o intento o intuyo o padezco ahora no borro con el codo lloro nada más lloro eso que no era
Karina Sacerdote Buenos Aires
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"ECO EDICIONES"
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TITULOS PUBLICADOS
*Ellos – de Magalí Garcea. *Canto Poema en Flor – de Héctor Celano. *Bodegueros del Diablo – de Carlos Carbone y Pablo Marrero. *Los suenos no se inflaman – de Suyai Malen García Gualda. * Réquiem in pax – de Mauricio H. Andujar. * Marrón y Plata – de Lina Avellaneda. * La nieta del presidente – de Corina Avellaneda. * + de 100 tangos nuevo – de Letrango. * El Títere – de Juan A. Núnez. * En la ciudad de Las Artes – de Marcelo Rodriguez. * Cuentos para matar…el tiempo – de Emilio Fernández Cordón. * Caminos – de Jorge Asterión. *Pasajeros del penúltimo – Tren Poemas y cuentos sobre rieles – de Carlos Carbone Gabriela Delgado Emilio Fernandez Cordón Pablo Marrero * Leyes del terror. Investigación periodística Red Eco Alternativo. * … Y dáselo al fuego- de Sonnia de Monte. * Doce ciudadanos+ uno- de Carlos Carbone. * Cuentos para matar…te – de Emilio Fernández Cordón. * Medanales: crónicas y desmemorias – de Gabriel Impaglione
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