Un grupo armado no identificado acribilló la noche del domingo a 16 personas dentro de dos locales usados como bares en el alejado Centro Poblado de San Miguel del Ene, en el corazón del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) en Perú.
(Ojo Público) Perú – Pocas horas después de hacerse público el hecho, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas atribuyó el violento crimen a Sendero Luminoso (SL), el grupo terrorista que causó miles de muertos en el país, cuando en realidad el último cabecilla de esa facción, ‘Artemio’, fue capturado el 2013 en el Huallaga.
La versión del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, sin embargo, no considera que, desde por lo menos el 2010, unidades especializadas de la Policía Nacional y de la agencia antidrogas de los EEUU (DEA) consideran al grupo armado de Víctor Quispe Palomino ‘José’ sobre todo como una organización narcoterrorista vinculada a las mafias de las drogas nacionales y extranjeras que procesan toneladas de cocaína a lo largo y ancho de la convulsionada región ubicada entre las montañas de Ayacucho, Junín y Cusco.
El asesinato de las 16 personas ocurrió anoche en el distrito Vizcatán del Ene, creado el 2015 durante el gobierno de Ollanta Humala, y conocido por ser uno de los valles cocaleros más convulsionados de la provincia de Satipo (Junín). Durante los últimos años, la facción de ‘José’ –escindida de Sendero Luminoso desde hace una década, por lo menos– se ha dedicado, sobre todo, a realizar actos criminales para proteger o colaborar con las mafias del narcotráfico; o de venganza contra las operaciones de investigación e interdicción de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas.
Testimonio fundamental: “Eran tres hombres armados vestidos de civil”
OjoPúblico pudo conversar con una sobreviviente de la masacre, quien se encontraba en uno de los dos bares atacados junto a tres amigos. Según detalló, se percataron del hecho cuando comenzaron a disparar en el bar de enfrente. “Pensábamos que era una pelea de borrachos, pero disparaban más y más; y la dueña, sus hermanas y yo nos escondimos en un cuarto, que al final lo quemaron”, indicó la testigo quien prefirió el anonimato por seguridad. La mujer dice que se escondió debajo de una cama. La puerta estaba abierta y observó cómo asesinaban a la gente.
La testigo dijo que los atacantes fueron tres personas vestidas de civil, que no pronunciaron advertencia alguna o discurso, solo dispararon a quemarropa. “No hubo ningún cruce de palabras, por lo menos para decir que nos perdonen la vida. Nada, nada. A los niños, a todos les disparaban. Los que estaban afuera, a todos, a las chicas. Había una chica que se hizo la muerta y se salvó. Con ella al final me encontré en el monte, ambas estábamos heridas”, narró.
La sobreviviente relató que en un momento, cuando estaba a punto de escaparse del lugar hacia el monte, uno de los asesinos la vio y corrió detrás ella. “Aunque sea hiéreme, pero no me mates, no me mates, por favor”, le rogó. El hombre la miró y le dijo: “¿Sabes qué?, por esta vez te voy a salvar la vida”. La mujer solo dijo recordar a tres hombres armados, con fusiles en el pecho, vestidos de civil, sin botas. “Eran como gente normal”, asegura.
Después de acribillar a los asistentes, la mujer dice que observó cómo los asesinos revisaron sus bolsillos y robaron sus pertenencias, dinero, celulares y hasta se llevaron el dinero de las dos máquinas rocolas que funcionaban en ambos bares. “Eran civiles. No eran policías, no tenían polos negros de Sendero [Luminoso]. Era gente normal, vestidos con ropa a colores. No usaban botas. Dicen que los terroristas dejan su lema, que los terroristas son así y asá, pero no decían nada señor, solo mataban”.
El presidente de la Central Asháninka del Río Ene (CARE), Ángel Pedro Valerio, le dijo a OjoPúblico que desde hace varios años los líderes indígenas que viven cerca del centro poblado San Miguel del Ene le han alertado sobre la creciente actividad del narcotráfico y el aumento de los cultivos de coca. “Este es el centro del Vraem, del narcotráfico, las comunidades indígenas denuncian que los cultivos de coca se vienen extendiendo en sus territorios”, dijo.
Para Valerio ya no se trata de una guerra ideológica de los remanentes de la facción de Víctor Quispe Palomino en el Vraem, sino del negocio del narcotráfico. “Los remanentes terroristas acompañan y protegen a los cocaleros, y una vez que estos se instalan los primeros se retiran. Los dejan allí instalados. Nos invaden, nos quitan nuestro territorio y allí siembran hoja de coca. El avance es bárbaro”, dijo el líder asháninka.
De acuerdo con el informe de Devida del 2019, la zona con mayor producción de hoja de coca en la región Junín es el distrito del Vizcatán del Ene, ubicado en la provincia de Satipo. Ocupa el cuarto lugar, con 2.596 hectáreas cultivadas, en la lista de los quince distritos con mayor superficie cultivada de hoja de coca en 2019.
Nota completa: https://www.nodal.am/2021/05/peru-el-congreso-cita-a-tres-ministros-por-la-masacre-de-16-personas-en-la-region-del-vraem/




