La localidad de Ytororó, en el distrito de Itakyry, está rodeada completamente por unas 1.000 hectáreas de tierras alquiladas a un colono brasileño de nombre Wilmar Dos Santos, quien es productor de soja transgénica y vive en un poblado aledaño.

“Este señor Wilmar Dos Santos utiliza agrotóxicos violando todas las leyes ambientales e incumple las exigencias mínimas para este tipo de cultivo”, al decir de Mirta Romero. El pasado 15 de octubre, la señora Ramona Sánchez de Romero fue a inspeccionar las plantaciones de yerba mate nativa y silvestre que cultivan y protegen los pobladores de esa zona desde hace cuatro décadas y se encontró con que todas las parcelas estaban arruinadas, con las hojas quemadas.
Las 10 familias afectadas por estos perjuicios radicaron la denuncia en la filial del Senave (Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas) y en la de la Seam (Secretaría del Ambiente), en el departamento de Alto Paraná.
Sin barreras de protección, sin curvas de nivel, sin respetar las condiciones climáticas desfavorables, las fumigaciones se realizan impunemente y registrando graves consecuencias para los bienes naturales y los asentamientos humanos que bordean los cultivos transgénicos.
La Escuela N° 3506 “Gral. Patricio Escobar” es el cuadro más terrible de todo este escenario, ya que se encuentra atrapada por los cultivos transgénicos y no hay forma de escapar a la contaminación. “Los niños juegan en el patio durante el recreo mientras al lado se está echando veneno”, reclamó Belén.
Hace dos meses, aproximadamente, falleció en la zona una niña de 12 años, perteneciente a la familia Verón Centurión, quien era estudiante de esa institución; un día se enfermó de fuertes dolores, diarrea y vómito de sangre y al día siguiente ocurrió su deceso. El diagnóstico médico fue H1N1, pero en el certificado de defunción figura que fue víctima de neumonía.
Fuente: CLOC – Vía Campesina