La educación se ha convertido en otro escollo para el Gobierno italiano. Las protestas estudiantiles han logrado que la Ley Gelmini quede de momento en suspenso.
(Guido Lutrario – Diagonal) Italia – Las plazas de Italia se llenaron de estudiantes, profesores y padres que protestaban contra la reestructuración anunciada por la ministra de Educación, Mariastella Gelmini, creando una ola de protestas que han puesto al borde de la crisis a la mayoría parlamentaria de centroderecha. El 29 de octubre, el decreto Gelmini se convirtió en ley mientras se producía una protesta de más de 10.000 estudiantes a las puertas del Senado. Al día siguiente, la mayor manifestación por la educación de la historia de Italia desfiló a través de Roma. La huelga general convocada por los tres sindicatos confederales, CGIL, CISL y UIL, provocó el cierre de la mayoría de los colegios e institutos. Con respecto a la educación primaria, el decreto Gelmini estableció el recorte de cerca de 200.000 plazas entre profesores y personal auxiliar, y ha supuesto el despido de todos los interinos y el bloqueo del turn-over (es decir, la sustitución de los que se van a jubilar). Gelmini pretende cerrar más de 4.000 colegios y volver al ‘maestro único’.
Cancela así el sistema de enseñanza en equipo, reconocido como el más válido, y elimina la jornada completa, que permite que los niños se queden en el colegio hasta las 16:30. Además, vuelve el uniforme (en Italia se había eliminado en los colegios), la nota numérica (el sistema de valoración actual utiliza juicios) y se abren clases diferenciadas para alumnos extranjeros. La protesta comenzó en el colegio Iqbal Masih, en un barrio de la periferia de Roma. A la vuelta de vacaciones, el colegio se encontraba ocupado por padres, maestros y niños que “no quieren a Gelmini”. En el plazo de unas pocas semanas la ola de protestas se extendió a la totalidad de la península, con ocupaciones, encierros nocturnos, sentadas, manifestaciones, asambleas permanentes y clases en las plazas. Enseguida, los colegios han contagiado a los institutos y universidades, que se han convertido en el motor de la protesta.
Privatización
El proyecto de Gelmini anuncia la transformación de las universidades en fundaciones, llegando así a su privatización y a la drástica reducción del número de cátedras (van a desaparecer cuatro de cada cinco). De este modo, las universidades quedarán definitivamente bajo el control de empresas privadas. Ante la extensión de la protesta, Berlusconi ha decidido reducir la marcha, retrasando la aprobación de las medidas sobre la universidad, y asegurar una discusión más amplia, con la esperanza de que las aguas se calmen.
Mientras, en los colegios, la consigna es boicotear la ley por medio de la resistencia pasiva y reivindicar un referéndum abrogativo. También continúa la movilización para la renovación de contratos de los profesores. La contraseña de los estudiantes es: “No pagaremos vuestra crisis”. Después del éxito de las huelgas del 17 y el 30 de octubre, el objetivo de la ola de protestas ahora es la convocatoria de una huelga general. Mientras tanto, para el 12 de diciembre está prevista una huelga en la industria. Ya se advierte la preocupación por el hecho de que la protesta de la educación se una a los conflictos que la crisis empieza a producir. Por esta razón, Gelmini ha declarado que va a tomarse “un tiempo de reflexión”.



