En su nueva etapa al frente del Gobierno italiano, Berlusconi vuelve a mostrar su particular modo de entender el poder. Para ello, de nuevo, ha modificado la legislación para garantizar su impunidad.
(Giovanni Vegezzi – Diagonal) Italia – El mejor análisis sobre los primeros seis meses del cuarto Gobierno de Silvio Berlusconi lo ha hecho recientemente Licio Gelli, gran maestre de la logia masónica Propaganda Due (P2, una organización secreta a la que el mismo Berlusconi pertenecía), que intentó infiltrarse en los aparatos democráticos del Estado y tuvo un papel relevante en la Estrategia de la Tensión de los años ‘70. Gelli es un viejo militante fascista que en su juventud combatió también en la Guerra Civil española. En una reciente entrevista dijo: “Berlusconi es el único que puede cumplir con mi plan de renacimiento democrático, no porque fuera afiliado a mi logia, sino porque es un gran hombre”.
“El plan de renacimiento democrático” era el programa de la P2 para la absorción de los aparatos democráticos de la sociedad dentro de un proyecto autoritario, cuyo pilar era un sólido control de la información.

La ley no es igual para todos

El primer paso de Berlusconi para cumplir su programa ha sido garantizar su permanencia en el poder. Para ello ha eliminado todos los obstáculos en su camino. En primer lugar, por supuesto, los judiciales. Así la mayoría parlamentaria de derechas ha aprobado una ley, llamada Lodo Alfano (por el nombre del ministro de Justicia) que garantiza la inmunidad de los primeros cuatro cargos del Estado. La norma será analizada por la Corte Constitucional, que ya rechazó en el pasado una medida similar promovida por el anterior Gobierno de Berlusconi.

Caza al extranjero
En el estado de histeria colectiva, creado por los medios de comunicación, los migrantes y los gitanos han sido señalados como chivos expiatorios de todos los problemas del país. Incluso, el Ejecutivo ha promulgado un decreto (criticado por asociaciones de derechos humanos y por la Comisión Europea) que prevé la expulsión de quien no tenga permiso de residencia ni los medios de subsistencia necesarios para quedarse en el país. Aparte de esta medida, pensada para expulsar a ciudadanos rumanos, el Gobierno, siempre en nombre de la “emergencia de seguridad”, ha enviado tropas militares a patrullar las calles.
Todo esto ha contribuido a crear un clima de intolerancia y racismo, que ha desembocado en graves episodios de violencia.

¿Y los peces gordos?
Centrado en los delitos cometidos por gitanos y migrantes, el Gobierno parece impedido para enfrentarse a las mafias que controlan muchas regiones del país. Tras el intento de solucionar la emergencia de la basura en Nápoles a través de la militarización de vertederos e incineradoras, Berlusconi no ha dedicado mucho tiempo a los problemas del sur de Italia. Para el Gobierno la respuesta a la mafia es una sola: más policía patrullando las calles. Sin embargo, el Ejecutivo no ha respondido a las acusaciones surgidas contra el subsecretario de Economía, Nicola Cosentino, acusado por diferentes ‘arrepentidos’ de la Camorra de ser el referente político de la organización criminal. De momento, Cosentino se quedará en su sitio hasta que llegue una sentencia definitiva. Y no hace falta recordar que los tiempos de los juicios en Italia son larguísimos.

Orden y disciplina
Con el objetivo de llevar a cabo su plan de reforma del país, Berlusconi quiere dar sobre todo imagen de orden y disciplina. Para alimentar su modelo de gestión empresarial, el Gobierno intenta prescindir del Parlamento. Su alternativa es la aprobación masiva de decretos, una medida que vacía el papel de las cámaras. Con estos métodos el Gobierno ha propuesto una reforma escolar que ha encontrado una larga oposición en el país. Su objetivo, retornar al concepto de autoridad en las aulas a través de medidas como el uso del delantal, de la nota de conducta y del maestro único en primaria. Un retorno a normas que ya existieron, pero que habían sido abolidas con el paso del tiempo. A todo esto hay que añadir el proyecto de utilizar en las escuelas una nueva pizarra electrónica, con un sospechoso parecido a las televisiones.